Los
rumores no tardaron en recorrer Los Ángeles. Las noticias solían
verlas todos los Americanos, y más si se trataban sobre las
estrellas de Hollywood. Todos nos miraban y notaba como Marie se
sentía incómoda, y Brenda comenzaba a mosquearse. Algunas personas
no dejaban de susurrar insultos por lo bajo. No simplemente era yo la
diana de todos los insultos, si no también ellas dos. Criticaban su
imagen... Y la mía también.
Esto
era, básicamente, la mayor locura del mundo.
Drew
no paraba de llamarnos al móvil, y le ignorábamos.
Brenda
y Marie me mintieron cuando dijeron que los chicos estaban en una
entrevista y que estarían muy ocupados. Que nos dijeron que
saliéramos un rato, que lo necesitábamos. Al revés, dijeron
expresamente que no saliéramos de casa bajo ningún concepto.
No
quería más pelea.
Y
obviamente dios no estaba de mi parte. Pues cuando llegamos a casa
ellos estaban de pie, parados frente a la puerta.
Hacia
nosotras.
-Puedo
explicarlo... -comenzó a decir Marie, pero Wesley la paró en seco.
-No,
no puedes, porque no tienes nada que explicar -exclamó-. Os habéis
saltado nuestras órdenes como habéis querido.
-¿Qué?
-Preguntó Brenda atónica-. Ni que fueseis mi padre.
-Quédate
callada -exclamó esta vez Keaton.
Brenda
apretó los labios hasta formarlos en una fina línea, pero no dijo
nada más.
-¡Ni
siquiera vosotros os entendéis! ¡Tienen libertad pero vosotros se
las quitáis! -Grité, agarrándome-. Son vuestras novias, no
vuestras hijas y os aconsejo que ni a vuestras hijas deberíais
tratarlas así. Ellas están dejando la privacidad por vosotros, y no
hacéis más que obligarles a salir... ¿Qué son? ¿Vampiros? ¡Son
vuestras novias, por el amor de dios! Dejarlas ser libres. Si seguís
así solo conseguiréis que se alejen de vosotros. Pensé que el
único idiota aquí era Drew.
Corrí
hacia la habitación, pero antes de llegar una voz a mis espaldas me
sobresaltó.
-¿Acabas
de llamarme idiota? -Preguntó, algo lejos de mí. Me di la vuelta y
efectivamente no estaba cerca.
Cogí
un marco de foto de un bebé y se lo tiré.
-¿Qué
pasa? -Pregunté chillando-. ¿Es qué ahora no puedo insultarte, por
qué eres un puto famoso millonario? Te recuerdo que tú me has
insultado horas atrás. No digas lo que tengo que hacer.
Cogí
las flores del jarrón y se las lancé.
-¡Eh!
-Gritó Marie-. Esas flores son de mi suegra.
Drew
estaba apretando la mandíbula, totalmente enfadado y veía la vena
de su cuello hincharse. Antes, cuando cantaba, eso era lo que más me
encantaba de él. Pero esta vez me daba miedo. Corrí en dirección
contraria, hacia el baño y él me persiguió corriendo detrás de
mí.
-¡Déjame!
-Grité mientras esquivaba una zapatilla y se la lanzaba.
Le
había dado justamente en el torso. Él iba a matarme, estaba segura
de ello. Me echaría a patadas de aquí, como cual criminal. Me
estaba pasando, pero ésto debía de obtenerlo por grandísimo
idiota.
-¡Te
he dicho que pares, Sheila! -Gritó con la voz más grave que había
oído-. ¡Me estás destrozando la casa!
Llegué
a la puerta del baño e intenté abrirla pero me fijé que tenía una
cerradura de llave y maldije a todos los santos por hacerme ésto a
mí.
Cogí
la botella de agua y la puse enfrente de él, intentando alejarlo de
mí.
-Vete
si no quieres que te quede K.O -le dije levantando la cabeza,
intentando ser amenazante.
Me
imaginaría que haría todo menos reírse.
Que
era justo lo que estaba haciendo en este preciso momento.
-¿De
qué te ríes? -Pregunté, mosqueada.
-Me
estás destrozando la casa, a pesar de haberte acogido en ella. Y
ahora me estás amenazando con mi botella de agua -dijo Drew
levantando ambas manos-. Te ves linda cuando te enfadas.
Entrecerré
los ojos.
No
me imaginé que me diría tal cosa... ¿Él? Me había llamado
linda...
Bajé
la guardia cuando agarró la botella, la tiró al suelo y me dio la
vuelta antes de estrujarme contra la pared. Estaba de frente a ésta,
y de espaldas a él. Ahora mismo no sentía mi pulso latir. Mis oídos
sólo oían mi respiración agitada y mis ojos solo veían mi
flequillo caer sobre mis ojos. Las manos de Drew me prohibían darme
la vuelta y marcharme, y su entrepierna pegada a mi trasero. Me
estaba empujando realmente, dejándome sin escapatoria y sin dejarme
respirar.
-Has
hecho trampa... -dije agitada.
Noté
que sonreía.
-No
me gusta perder, pequeña -dijo con su boca pegada a mi oído-. Soy
mal perdedor.
-Pensé
que tú sabías que a las chicas no hay que mentirles -le respondí,
sin saber como contener las palabras cargadas de acento español-.
No eres lo que yo creía, Drew.
Él
se pegó más a mí, si eso podría ser posible, pero no tardó mucho
antes de agarrar mi cintura y darme la vuelta. Ahora estábamos cara
a cara, pero cogió mis manos y las pegó a la pared. Volvía a
tenerme atada. También sus piernas prohibían que moviese las
piernas, pues estaba segura que pensaba que le daría una patada en
la entrepierna. Y bien pensado.
-Esto
es acoso -le informé levantando la barbilla, para que no notase que
estaba temblando-. Puedo denunciarte.
Drew
sonrió ampliamente, enseñando su blanca dentadura.
-¿A
quién van a creer? -Preguntó-. ¿A mí, que soy famoso; o a ti que
eres mi supuesta novia loca?
Cerré
la boca al momento. Tenía toda la razón. Nadie me creería, pero
aún así no tenía previsto denunciarle... No a él.
Nuestras
respiraciones comenzaron a resultar pesadas cuando nuestros labios
comenzaron a rozarse, poco a poco. Nuestros ojos estaban fijos uno en
el otro. Estaba asustada hasta la médula, y él parecía estar en
trance... Pero no iba a permitir ésto. Cuando noté que él deseaba
besarme, cogí su labio inferior con mis dientes y lo mordí con
agresividad.
-¡Joder!
-Maldijo mientras daba un paso hacia atrás, para agarrarse el labio
y verse los dedos ensangrentados.
No
esperé ni un segundo más a correr por todo el apartamento.
Así
aprendería a respetarme.
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