miércoles, 19 de junio de 2013

Die in your arms - Capítulo 4 (Fanfic Emblem3 - Drew Chadwick)

Los rumores no tardaron en recorrer Los Ángeles. Las noticias solían verlas todos los Americanos, y más si se trataban sobre las estrellas de Hollywood. Todos nos miraban y notaba como Marie se sentía incómoda, y Brenda comenzaba a mosquearse. Algunas personas no dejaban de susurrar insultos por lo bajo. No simplemente era yo la diana de todos los insultos, si no también ellas dos. Criticaban su imagen... Y la mía también.
Esto era, básicamente, la mayor locura del mundo.
Drew no paraba de llamarnos al móvil, y le ignorábamos.
Brenda y Marie me mintieron cuando dijeron que los chicos estaban en una entrevista y que estarían muy ocupados. Que nos dijeron que saliéramos un rato, que lo necesitábamos. Al revés, dijeron expresamente que no saliéramos de casa bajo ningún concepto.
No quería más pelea.
Y obviamente dios no estaba de mi parte. Pues cuando llegamos a casa ellos estaban de pie, parados frente a la puerta.
Hacia nosotras.
-Puedo explicarlo... -comenzó a decir Marie, pero Wesley la paró en seco.
-No, no puedes, porque no tienes nada que explicar -exclamó-. Os habéis saltado nuestras órdenes como habéis querido.
-¿Qué? -Preguntó Brenda atónica-. Ni que fueseis mi padre.
-Quédate callada -exclamó esta vez Keaton.
Brenda apretó los labios hasta formarlos en una fina línea, pero no dijo nada más.
-¡Ni siquiera vosotros os entendéis! ¡Tienen libertad pero vosotros se las quitáis! -Grité, agarrándome-. Son vuestras novias, no vuestras hijas y os aconsejo que ni a vuestras hijas deberíais tratarlas así. Ellas están dejando la privacidad por vosotros, y no hacéis más que obligarles a salir... ¿Qué son? ¿Vampiros? ¡Son vuestras novias, por el amor de dios! Dejarlas ser libres. Si seguís así solo conseguiréis que se alejen de vosotros. Pensé que el único idiota aquí era Drew.
Corrí hacia la habitación, pero antes de llegar una voz a mis espaldas me sobresaltó.
-¿Acabas de llamarme idiota? -Preguntó, algo lejos de mí. Me di la vuelta y efectivamente no estaba cerca.
Cogí un marco de foto de un bebé y se lo tiré.
-¿Qué pasa? -Pregunté chillando-. ¿Es qué ahora no puedo insultarte, por qué eres un puto famoso millonario? Te recuerdo que tú me has insultado horas atrás. No digas lo que tengo que hacer.
Cogí las flores del jarrón y se las lancé.
-¡Eh! -Gritó Marie-. Esas flores son de mi suegra.
Drew estaba apretando la mandíbula, totalmente enfadado y veía la vena de su cuello hincharse. Antes, cuando cantaba, eso era lo que más me encantaba de él. Pero esta vez me daba miedo. Corrí en dirección contraria, hacia el baño y él me persiguió corriendo detrás de mí.
-¡Déjame! -Grité mientras esquivaba una zapatilla y se la lanzaba.
Le había dado justamente en el torso. Él iba a matarme, estaba segura de ello. Me echaría a patadas de aquí, como cual criminal. Me estaba pasando, pero ésto debía de obtenerlo por grandísimo idiota.
-¡Te he dicho que pares, Sheila! -Gritó con la voz más grave que había oído-. ¡Me estás destrozando la casa!
Llegué a la puerta del baño e intenté abrirla pero me fijé que tenía una cerradura de llave y maldije a todos los santos por hacerme ésto a mí.
Cogí la botella de agua y la puse enfrente de él, intentando alejarlo de mí.
-Vete si no quieres que te quede K.O -le dije levantando la cabeza, intentando ser amenazante.
Me imaginaría que haría todo menos reírse.
Que era justo lo que estaba haciendo en este preciso momento.
-¿De qué te ríes? -Pregunté, mosqueada.
-Me estás destrozando la casa, a pesar de haberte acogido en ella. Y ahora me estás amenazando con mi botella de agua -dijo Drew levantando ambas manos-. Te ves linda cuando te enfadas.
Entrecerré los ojos.
No me imaginé que me diría tal cosa... ¿Él? Me había llamado linda...
Bajé la guardia cuando agarró la botella, la tiró al suelo y me dio la vuelta antes de estrujarme contra la pared. Estaba de frente a ésta, y de espaldas a él. Ahora mismo no sentía mi pulso latir. Mis oídos sólo oían mi respiración agitada y mis ojos solo veían mi flequillo caer sobre mis ojos. Las manos de Drew me prohibían darme la vuelta y marcharme, y su entrepierna pegada a mi trasero. Me estaba empujando realmente, dejándome sin escapatoria y sin dejarme respirar.
-Has hecho trampa... -dije agitada.
Noté que sonreía.
-No me gusta perder, pequeña -dijo con su boca pegada a mi oído-. Soy mal perdedor.
-Pensé que tú sabías que a las chicas no hay que mentirles -le respondí, sin saber como contener las palabras cargadas de acento español-. No eres lo que yo creía, Drew.
Él se pegó más a mí, si eso podría ser posible, pero no tardó mucho antes de agarrar mi cintura y darme la vuelta. Ahora estábamos cara a cara, pero cogió mis manos y las pegó a la pared. Volvía a tenerme atada. También sus piernas prohibían que moviese las piernas, pues estaba segura que pensaba que le daría una patada en la entrepierna. Y bien pensado.
-Esto es acoso -le informé levantando la barbilla, para que no notase que estaba temblando-. Puedo denunciarte.
Drew sonrió ampliamente, enseñando su blanca dentadura.
-¿A quién van a creer? -Preguntó-. ¿A mí, que soy famoso; o a ti que eres mi supuesta novia loca?
Cerré la boca al momento. Tenía toda la razón. Nadie me creería, pero aún así no tenía previsto denunciarle... No a él.
Nuestras respiraciones comenzaron a resultar pesadas cuando nuestros labios comenzaron a rozarse, poco a poco. Nuestros ojos estaban fijos uno en el otro. Estaba asustada hasta la médula, y él parecía estar en trance... Pero no iba a permitir ésto. Cuando noté que él deseaba besarme, cogí su labio inferior con mis dientes y lo mordí con agresividad.
-¡Joder! -Maldijo mientras daba un paso hacia atrás, para agarrarse el labio y verse los dedos ensangrentados.
No esperé ni un segundo más a correr por todo el apartamento.

Así aprendería a respetarme. 

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