Estaba
tardando en dormirme porque sonaban muchos coches afuera. Al cerrar
los ojos intenté quedarme dormida, es más, obligaba a mi mente a
que lo hiciera. Porque mañana tendría que levantarme temprano con
las chicas, y no me apetecía ir con las ojeras. Llevaba dos horas
así, boca arriba un buen rato, cuando oí pasos fuera de mi
habitación y luego vi destellos de luz penetrar en ésta. Cerré los
ojos de inmediato, pensando que a lo mejor era alguno de los chicos,
o alguna de las chicas, pare recoger alguna cosa. Aunque pensando que
era la habitación de invitados, no sabía que iban a encontrar
aquí...
Mantenía
los ojos cerrados con fuerza mientras el individuo se movía a mi
lado y cogía la colcha para luego arrastrarla hacia atrás, que
hacía que me desarropase. Me quedé con la mente vacía, porque
sabía exactamente quien era... Su olor estaba siendo destacado.
Apreté con fuerza los labios, intentando parecer dormida.
-Sé
que estás despierta, Sheila -dijo Drew riéndose a mi lado. Él
estaba sentado pero yo seguía acostada, rígida.
-¿Qué
haces aquí? -Pregunté, algo rabiosa-. ¿Es que acaso no sabes donde
está tu dormitorio? Puedo enseñarte el camino.
Él
apoyó la cabeza en la pared y sonrió ampliamente.
-Quería
hablar contigo -dijo él, sonriendo-. Sobre el mordisco, ya sabes.
Me
encogí de hombros, intentando no reírme.
-Te
lo mereciste -acusé-. Además, es solo un mordisco. No morirás por
ello... ¿Y qué pasa? ¿No podías esperar a mañana para hablar
sobre ello?
-Escúchame
-dijo, moviendo un dedo en mi dirección-. Vamos a hablar ahora, y
también te diré unas cuantas cosas. Acomódate aquí a mi lado, que
la noche es muy joven.
Alcé
las cejas, pero sin moverme.
-Drew,
vete ya a dormir. Creo que el sueño te está afectando mucho
Me
agarró del brazo e hizo que me sentara sobre la cama.
-Para
empezar... Vamos a dictar unas reglas... Ya sabes -comenzó-. La
primera: me harás caso en cualquier cosa que te diga, sea cual sea.
La segunda: no me volverás a morder nunca más, es más, me darás
los besos que yo quiera y harás lo que yo te pida. Tercero: nada de
pataletas frente a las cámaras, ni...
Le
tapé la boca con las manos mientras me enrojecía de rabia.
-Y
cuarto: me importa una mierda lo que me digas, pidas y ruegues
-gruñí-. ¿Me ves pinta de zorra? Por dios, yo pensé que tú eras
diferente... Pero veo que opiné mal.
Él
se deshizo de mis manos, y agarrándome la cintura, me dio la vuelta
para él quedar a ahorcajadas. Comencé a patalear para echarlo de
encima, pero él muy capullo tenía la fuerza necesaria para tumbar a
tres como yo.
-Quítate
de encima, Drew -recé-. O gritaré. Lo juro.
-Sé
que no quieres eso realmente -dijo él-. ¿Podrías hacerme un favor?
Deja de moverte, porque no me voy a quitar hasta que entres en razón.
Apreté
la mandíbula y le fulminé con la mirada.
-¿Quieres
un beso? ¿Dos? ¿Tres? -Pregunté rápidamente-. Pues bien, yo te
los daré. Pero luego te irás.
Asintió
con la cabeza.
-Me
parece bien -dijo Drew sonriendo mientras bajaba la cara. Noté su
nariz rozando la mía.
Agarré
sus hombros, y acerqué su boca a la mía. Miré sus labios y sentí
como el corazón comenzó a palpitar bruscamente. El rozó su lengua
contra mi labio inferior, mientras me quedaba embobada mirando sus
ojos. Luego comenzó a besarme lentamente, un beso simple, sin
lengua, mientras que mis mejillas cogían un color rojo intenso. No
podía creer que Drew me estuviera besando, y tampoco podía creer
que fuese un pequeño psicópata que busca besos de todas.
Puse
mis manos en su nuca y eso hizo que comenzara a seguir el beso más
intensamente, apretando sus labios contra los míos. Con su lengua
hizo que mis labios se separasen, para darle la bienvenida a ésta.
Yo hice intensamente lo mismo mientras pegaba su cuerpo al mío.
Pero
el beso fue interrumpido.
Por
él mismo.
-Espero
que la próxima vez no juegues conmigo -dijo Drew mientras se
levantaba, e iba a la puerta. Agarró el pomo de la puerta-. Porque
yo también jugar.
Pedazo
imbécil.
Pedazo
imbécil sin corazón, ni conciencia.
Me
había obligado a hacer estas cosas, solo para aparentar.
Estaba
en un backstage de un programa de televisión, esperando a que
“Emblem3” terminara su entrevista, junto a la presentadora que
les hacía las preguntas. Bien por ti, Sheila. Sabes de que va el
programa. Estaba junto a Marie y Brenda mientras éstas picaban algo
de comer, y se reían hablando de sus cosas.
Me
pregunté porque era la única que hacía caso a la entrevista, pero
luego se lo pregunté a ellas directamente:
-Sabemos
como son -respondió Brenda mientras bebía agua-. Son nuestros
novios, estamos acostumbradas a tratar con ellos. Así que nos da
igual las preguntas. Venimos aquí para acompañar, ser buenas novias
y para comer. Me encanta la comida.
Reí
en voz alta, mientras Marie se acercaba a mí.
-Y
porque, normalmente, los de seguridad están bastante cachas -dijo
Marie sonriendo ampliamente-. Y bueno, es mejor tener vistas buenas,
a tener vistas desde un plató. Que es asqueroso.
-¿Tan
malo es? -Pregunté riéndome.
-Ya
sabes, Marie tiene miedo escénico -dijo Brenda asintiendo con la
cabeza-. Para ella estar en un plató, es como para una monja estar
desnuda ante todos. Aunque bueno... Dios debería de verse
complacido... La hizo nacer así.
Marie
la miró horrorizada.
-¡No
es lo mismo! -Exclamó ésta-. Además de que una monja no se
desnudaría en público. Es estúpido.
-No
del todo -convino Brenda-. Pues a lo mejor le gusta las playas
nudistas, ¿verdad, Sheila?
Reí.
-Claro...
-dije encogiéndome de hombros, mientras me preguntaba si éstas dos
chicas solían tener temas de conversación como éste-. Aunque sería
un poco extraño.
Marie
levantó los dos brazos.
-¡Gracias
a Dios una de las mías!
La
hora siguió avanzando. No sé exactamente que les preguntaron,
porque me pegué a Marie y Brenda sobre temas estúpidos, con los
cuales podría reírme a mi antojo; y también porque vivía en la
casa de ellos. Podía preguntarles lo que quisiera cuando me
apeteciera. Sólo esperaba que me contestasen con sinceridad, pues
según Marie ellos no decían toda la verdad, solo lo necesario.
Luego Brenda siguió su respuesta, diciendo que hay cosas que ellos
no podían, simplemente, contar.
Ellos
terminaron la entrevista y vinieron al backstage con nosotras. Ambas
parejas se saludaron con un beso, y Drew cogió una botella de agua
para beber. Me miró a mí enarcando una ceja.
-Se
supone que debes saludarme con un beso, o al menos un poco más
efusiva -dijo éste mientras pasaba un brazo alrededor de mi cuello-.
No soy ningún monstruo del que tengas que salvarte.
Le
miré alzando las dos cejas.
-¿Y
por qué será que te veo tal y cómo tú has dicho? -Pregunté
mientras besaba su mejilla, y pegué mis labios a su oído
izquierdo-. No te pases. Ésto será lo mejor que obtengas en toda tu
vida.
Él
sonrió, y acercó sus labios a mí. Para devolvérmela.
-He
tenido mejores besos en la mejilla -me contestó-. Así que ves
practicando con la almohada, o como tú prefieras. Esto tiene que
resultar creíble.
Forcé
una sonrisa mientras las fans de ellos comenzaron a entrar al
backstage.
-¿Por
qué no coges alguna de ellas? -Pregunté, susurrando-. Lo mío fue
una equivocación, no acepté nada. Pero estoy segura de que si
cortas conmigo, y se lo pides a alguna de ellas aceptan.
Él
les sonrió a todas ellas, pero aún estaba anclado a mi lado.
-Porque
yo decido con quien quiero estar -dijo Drew dándome un leve beso en
la coronilla, y yendo hacia ellas.
Marie
y Brenda se me quedaron mirando con una amplia sonrisa en el rostro.
Adiós
a mi privacidad.
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