domingo, 30 de junio de 2013

Die in your arms - Capítulo 6 (Fanfic Emblem3 - Drew Chadwick)

Íbamos a volver a casa, luego de haber sido arrastrados por miles de fans, al salir. Wesley se entretuvo con dos fans que no dejaban de tirarle de los brazos, y Keaton no fue capaz de llegar al coche por la inmensidad de fans que había. Drew, sin embargo, fue más listo y salió por la puerta de atrás, agarrándome la mano.
-¿Se puede saber adónde me llevas? -Le pregunté mientras intentaba caminar al mismo ritmo.
Él sonrió ampliamente, pero sin decir nada.
Llegamos al aparcamiento, dónde no había ni una sola alma. En realidad no había ni un solo coche... No sabía adónde íbamos, porque no veía a Ranel en ninguna parte, es más, cuando me tiró del brazo él seguía hacia delante. Cubriéndolos a todos, bueno, ahora mismo a Wesley, Keaton, Marie y Brenda. Y nosotros estábamos expuestos al público.
-Drew, ¿puedes contestarme? -Pregunté de nuevo-. ¿Adónde vamos? ¿Y por qué a solas? ¿Y si nos ve alguien?
Él se giró hacia mí y en tono serio, dijo:
-Vamos a escaparnos -contestó-. Solo por unos minutos, unas horas... ¿Quieres?
Entrecerré los ojos y le miré directamente:
-¿Por qué exactamente? -Pregunté-. No soy tu novia de verdad, Drew. Soy una de pega. Soy la puta novia de pega de Drew. Una chica que dos semanas empieza la Universidad. Y que desaparecerá.
Drew me tiró de nuevo del brazo y comenzó a correr, conmigo detrás. El paisaje estaba cambiando que me quedé impresionada. Al principio fue todo carretera, y gasolineras. Hasta que comenzó a transformarse en campos y bosques. Algo me decía que él no tenía ni idea de adónde íbamos, ni de que ésto existía... Pero también me decía que con él estaba a salvo de todo.
Un montón de taxis circulaban por nuestro alrededor, y haciéndose a un lado de la carretera levantó el pulgar. Uno de ellos frenó y esperó a que nos montáramos, luego él le dijo alguna dirección y el taxi se puso en marcha
No tenía ni idea de que era esto.
-¿Drew? -Le pregunté.
Él giró su cabeza hacia mí, y en vez de contestarme agarró mi mentón y juntó sus labios con los míos. Fue un beso lento, sin tensión ni una pasión descontrolada. Nos estábamos desnudando emocionalmente, pero no llegué a saber que era lo que sentía Drew. En realidad, ni siquiera sabía lo que sentía yo.
¿Y si tan solo era admiración?
No. No podía ser eso. La admiración no hace que quisiera besar a esa persona.
Llegamos a un descampado. Hacía frío. Y me pregunté que quería hacer aquí. Y todas las ideas que rondaban por mi mente no eran realmente buenas. ¿Pretendía matarme y dejar aquí mi cuerpo?
-¿Vas a asesinarme? -Pregunté mientras nos bajábamos del taxi.
Él rió a carcajadas.
-No. No voy a matarte, tranquila -me respondió mientras cogía mi mano, y sentía una corriente eléctrica recorriendo todo mi cuerpo-. Vamos a escaquearnos un poco de la imagen pública.
-¿Conmigo? -Pregunté, mientras él seguía tirando de mí.
Llevábamos unos diez minutos andando sin decirnos nada. El descampado parecía ser enorme, con un montón de kilómetros a distancia de la carretera. A lo lejos vi pequeños bultos blancos. Otros cinco minutos andando y me di cuenta de que era un conjunto de cabañas... ¿Qué hacían aquí unas cabañas, en mitad de la nada? Seguimos avanzando y me fijé que todo estaba rodeado por una inmensa hierva. Como si la hubiesen pegado. No era lógico aquel sitio, pero sentí el brazo de Drew rodearme la cintura y enseguida me puse en marcha. Avancé rápidamente, pero una caseta y un tío dentro de ella, me sobresaltó.
¿Qué era ésto? ¿Como las playas privadas?
-Buenas tardes -saludó el hombre, mientras Drew se acercaba a él y le dejaba el dinero en el mostrador.
-Buenas tardes -saludó él a la misma vez.
-Habitación doscientos veintidós -le informó el hombre, dándole dos juegos de llaves.
Seguí a Drew totalmente extrañada hasta la cabaña. Él abrió la puerta y me dejó pasar la primera. Inspeccionando el lugar sentí que la puerta se cerraba tras él. No era realmente pequeña, era más bien grande. Las paredes estaban hechas de madera, no sé que clase de madera, pues no estaba puesta en eso. La cama de matrimonio (¿qué significaba esto?) ocupaba media habitación, con las sábanas blancas como la nieve. Un televisor sobre una coqueta, y un escritorio. También había otra puerta, que al instante deduje que era el baño.
Miré a Drew con las cejas enarcadas.
-¿Realmente por qué me has traído aquí? -Pregunté.
Él se encogió de hombros.
-Porque quería -contestó mientras sonreía levemente-. Pensé que te gustarían estas cosas. Ya sabes, una cabaña, una playa a unos pocos metros de aquí...
Le interrumpí.
-¿Para qué?
-¿Cómo que para qué?
-Tiene que haber un motivo de porqué me has traído aquí -le rugí-. Y no me digas que no, porque tú no haces las cosas sin que haya un porqué detrás de ellas.
Él se encogió de hombros y me dedicó una sonrisa ladeada.
No dejaba de sonreír, y me ponía nerviosa.

-Bien, vamos a hacernos preguntas -dije yo sonriendo ampliamente-. Y me las debes contestar.
Él al principio no estaba de acuerdo, pero rugió dando por final un sí. Estábamos ambos sentados en la cama, y llevábamos jugando al Monopoly todo este tiempo, como dos pequeños niños. Drew ya me había ganado unas cuentas veces, dejándome en la cárcel del Monopoly sin nada de dinero. Y a veces yo me lo tomaba más en serio de lo debido... Así que preferí jugar a otra cosa, en la que pudiera al menos ganar una sola vez.
-Y tú a mí -contestó él levantando la cabeza.
Asentí.
-Y si no quieres contestarla, tenemos que darnos algo a cambio -siguió diciendo.
-¿El qué nos daríamos?
-Eso ya lo decidiremos sobre la marcha.
-Pues bien, pero que sepas que no tengo dinero y no puedo regalarte nada -le informé-. Así que no pidas cosas materiales. Si quieres un masaje, lo haré.
Él movió la mano derecha restando importancia.
-Empiezo yo -preguntó él-. ¿Eres virgen?
Abrí la boca, consternada.
-¿Y eso a qué viene? -Pregunté entrecerrando los ojos.
-Me tienes que contestar, y no me has dicho nada... -dijo él mientras se reía-. ¿O lo vas a hacer?
Me resigné.
-Sí. Lo soy.
Abrió la boca de nuevo e impulsó la cabeza hacia atrás riéndose. Cogí mi zapatilla y se la lancé, pero él fue más rápido y la cogió al aire. Aunque su sonrisilla aún delataba que se estaba riendo.
-Te toca -indicó él.
-¿La peor acción que has hecho en tu vida? -Pregunté, mientras ladeaba mi cabeza.
-No contestaré -indicó él con el dedo.
Arrugué la frente.
-¿Tan malo es? -Pregunté asombrada.

-Quizás -respondió sin más. 

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