Íbamos
a volver a casa, luego de haber sido arrastrados por miles de fans,
al salir. Wesley se entretuvo con dos fans que no dejaban de tirarle
de los brazos, y Keaton no fue capaz de llegar al coche por la
inmensidad de fans que había. Drew, sin embargo, fue más listo y
salió por la puerta de atrás, agarrándome la mano.
-¿Se
puede saber adónde me llevas? -Le pregunté mientras intentaba
caminar al mismo ritmo.
Él
sonrió ampliamente, pero sin decir nada.
Llegamos
al aparcamiento, dónde no había ni una sola alma. En realidad no
había ni un solo coche... No sabía adónde íbamos, porque no veía
a Ranel en ninguna parte, es más, cuando me tiró del brazo él
seguía hacia delante. Cubriéndolos a todos, bueno, ahora mismo a
Wesley, Keaton, Marie y Brenda. Y nosotros estábamos expuestos al
público.
-Drew,
¿puedes contestarme? -Pregunté de nuevo-. ¿Adónde vamos? ¿Y por
qué a solas? ¿Y si nos ve alguien?
Él
se giró hacia mí y en tono serio, dijo:
-Vamos
a escaparnos -contestó-. Solo por unos minutos, unas horas...
¿Quieres?
Entrecerré
los ojos y le miré directamente:
-¿Por
qué exactamente? -Pregunté-. No soy tu novia de verdad, Drew. Soy
una de pega. Soy la puta novia de pega de Drew. Una chica que dos
semanas empieza la Universidad. Y que desaparecerá.
Drew
me tiró de nuevo del brazo y comenzó a correr, conmigo detrás. El
paisaje estaba cambiando que me quedé impresionada. Al principio fue
todo carretera, y gasolineras. Hasta que comenzó a transformarse en
campos y bosques. Algo me decía que él no tenía ni idea de adónde
íbamos, ni de que ésto existía... Pero también me decía que con
él estaba a salvo de todo.
Un
montón de taxis circulaban por nuestro alrededor, y haciéndose a un
lado de la carretera levantó el pulgar. Uno de ellos frenó y esperó
a que nos montáramos, luego él le dijo alguna dirección y el taxi
se puso en marcha
No
tenía ni idea de que era esto.
-¿Drew?
-Le pregunté.
Él
giró su cabeza hacia mí, y en vez de contestarme agarró mi mentón
y juntó sus labios con los míos. Fue un beso lento, sin tensión ni
una pasión descontrolada. Nos estábamos desnudando emocionalmente,
pero no llegué a saber que era lo que sentía Drew. En realidad, ni
siquiera sabía lo que sentía yo.
¿Y
si tan solo era admiración?
No.
No podía ser eso. La admiración no hace que quisiera besar a esa
persona.
Llegamos
a un descampado. Hacía frío. Y me pregunté que quería hacer aquí.
Y todas las ideas que rondaban por mi mente no eran realmente buenas.
¿Pretendía matarme y dejar aquí mi cuerpo?
-¿Vas
a asesinarme? -Pregunté mientras nos bajábamos del taxi.
Él
rió a carcajadas.
-No.
No voy a matarte, tranquila -me respondió mientras cogía mi mano, y
sentía una corriente eléctrica recorriendo todo mi cuerpo-. Vamos a
escaquearnos un poco de la imagen pública.
-¿Conmigo?
-Pregunté, mientras él seguía tirando de mí.
Llevábamos
unos diez minutos andando sin decirnos nada. El descampado parecía
ser enorme, con un montón de kilómetros a distancia de la
carretera. A lo lejos vi pequeños bultos blancos. Otros cinco
minutos andando y me di cuenta de que era un conjunto de cabañas...
¿Qué hacían aquí unas cabañas, en mitad de la nada? Seguimos
avanzando y me fijé que todo estaba rodeado por una inmensa hierva.
Como si la hubiesen pegado. No era lógico aquel sitio, pero sentí
el brazo de Drew rodearme la cintura y enseguida me puse en marcha.
Avancé rápidamente, pero una caseta y un tío dentro de ella, me
sobresaltó.
¿Qué
era ésto? ¿Como las playas privadas?
-Buenas
tardes -saludó el hombre, mientras Drew se acercaba a él y le
dejaba el dinero en el mostrador.
-Buenas
tardes -saludó él a la misma vez.
-Habitación
doscientos veintidós -le informó el hombre, dándole dos juegos de
llaves.
Seguí
a Drew totalmente extrañada hasta la cabaña. Él abrió la puerta y
me dejó pasar la primera. Inspeccionando el lugar sentí que la
puerta se cerraba tras él. No era realmente pequeña, era más bien
grande. Las paredes estaban hechas de madera, no sé que clase de
madera, pues no estaba puesta en eso. La cama de matrimonio (¿qué
significaba esto?) ocupaba media habitación, con las sábanas
blancas como la nieve. Un televisor sobre una coqueta, y un
escritorio. También había otra puerta, que al instante deduje que
era el baño.
Miré
a Drew con las cejas enarcadas.
-¿Realmente
por qué me has traído aquí? -Pregunté.
Él
se encogió de hombros.
-Porque
quería -contestó mientras sonreía levemente-. Pensé que te
gustarían estas cosas. Ya sabes, una cabaña, una playa a unos pocos
metros de aquí...
Le
interrumpí.
-¿Para
qué?
-¿Cómo
que para qué?
-Tiene
que haber un motivo de porqué me has traído aquí -le rugí-. Y no
me digas que no, porque tú no haces las cosas sin que haya un porqué
detrás de ellas.
Él
se encogió de hombros y me dedicó una sonrisa ladeada.
No
dejaba de sonreír, y me ponía nerviosa.
-Bien,
vamos a hacernos preguntas -dije yo sonriendo ampliamente-. Y me las
debes contestar.
Él
al principio no estaba de acuerdo, pero rugió dando por final un sí.
Estábamos ambos sentados en la cama, y llevábamos jugando al
Monopoly todo este tiempo, como dos pequeños niños. Drew ya me
había ganado unas cuentas veces, dejándome en la cárcel del
Monopoly sin nada de dinero. Y a veces yo me lo tomaba más en serio
de lo debido... Así que preferí jugar a otra cosa, en la que
pudiera al menos ganar una sola vez.
-Y
tú a mí -contestó él levantando la cabeza.
Asentí.
-Y
si no quieres contestarla, tenemos que darnos algo a cambio -siguió
diciendo.
-¿El
qué nos daríamos?
-Eso
ya lo decidiremos sobre la marcha.
-Pues
bien, pero que sepas que no tengo dinero y no puedo regalarte nada
-le informé-. Así que no pidas cosas materiales. Si quieres un
masaje, lo haré.
Él
movió la mano derecha restando importancia.
-Empiezo
yo -preguntó él-. ¿Eres virgen?
Abrí
la boca, consternada.
-¿Y
eso a qué viene? -Pregunté entrecerrando los ojos.
-Me
tienes que contestar, y no me has dicho nada... -dijo él mientras se
reía-. ¿O lo vas a hacer?
Me
resigné.
-Sí.
Lo soy.
Abrió
la boca de nuevo e impulsó la cabeza hacia atrás riéndose. Cogí
mi zapatilla y se la lancé, pero él fue más rápido y la cogió al
aire. Aunque su sonrisilla aún delataba que se estaba riendo.
-Te
toca -indicó él.
-¿La
peor acción que has hecho en tu vida? -Pregunté, mientras ladeaba
mi cabeza.
-No
contestaré -indicó él con el dedo.
Arrugué
la frente.
-¿Tan
malo es? -Pregunté asombrada.
-Quizás
-respondió sin más.
No hay comentarios:
Publicar un comentario