domingo, 30 de junio de 2013

Die in your arms - Capítulo 7 (Fanfic Emblem3 - Drew Chadwick)

-¿Me lo contarás algún día? -Le pregunté, enarcando las cejas, preguntándome que podría ser.
Él sonrió ampliamente e hizo una mueca.
-Quizás.
-¿Puedes dejar de decir quizás? -Pregunté arrugando la frente-. Porque me estás poniendo realmente nerviosa.
Ahora su sonrisa era bastante pervertida.
-Eso no lo sabía yo... -susurró él juntando sus labios con los míos y agarrando mi labio inferior con sus dientes para luego succionarlo a su antojo y hacer que mis ojos se cerraran poco a poco.
Noté sus manos sobre mis muslos, recorriéndolos de abajo arriba. Mis brazos se enlazaron alrededor de su cuello mientras inspiraba su olor, me embriagué de él y comencé a perder la cabeza. Nuestros besos eran más feroces a cada caricia, nuestras manos estaban totalmente inquietas, mientras conocíamos más el cuerpo del otro. Metí mis manos bajo la camiseta de él, y en varios segundos esa camiseta había sido lanzada al suelo. Sus besos salpicaban mi cuello, haciéndome estremecer. Puso sus manos sobre mi tripa y agarrando mi camiseta, tiró hacia arriba y me la arranco de cuajo. Ésta estaba destrozada en el suelo del piso.
Estábamos sudando a pesar del frío que hacía en ese sitio. Estaba nerviosa, notaba mis pulsaciones a mil por hora... ¿O eran las suyas? Mis manos sudorosas se ataron a la espalda de él, y él en las mías. Fue bajando hasta mis pantalones y desabrochó el botón de éste. Impulsada por su repentina acción desabroché también los suyos.
Nuestros alientos se mezclaban a la misma vez que nos despojábamos de nuestros vaqueros. Nuestras lenguas se unían para complementar la perfección. Agarró mi cintura y nos dimos la vuelta, para que yo quedase a horcajadas de él.
Miré sus ojos azules mientras él se disponía deshacerse de mi sujetador. Me embriagó la forma en que me dedicaba sus grandes sonrisas, y quise seguir con ello.
O era ahora o no lo sería nunca.
Terminamos de quitarnos la ropa interior y volvió a ponerse sobre mí, mientras que seguía besándome el torso, mis pechos, y mi aliento seguía mezclándose con pequeños gemidos.
Noté sus dedos dentro de mí, haciendo pequeños movimientos en círculo. Noté mi boca seca y antes de poder decir alguna cosa antes de que fuésemos al grano, él ya había empezado. Noté mis piernas totalmente flojas, como si no tuviera fuerza para hacerlas mover, pero él las tenía agarradas mientras sus embestidas me llenaron.
Agarré firme su espalda y dejé escapar mis gritos, mis gemidos de satisfacción y su nombre como si la letra de una canción fuese.

Llevábamos abrazados un buen rato, aunque sospeché que él estaba dormido pero oí removerse y supe que no lo estaba. Levanté la mirada y lo vi mirándome con una pequeña sonrisa.
-Creo que hemos interrumpido las preguntas -dijo él.
-Totalmente cierto -dije mientras pensaba-. ¿No vas a contarme que es la peor acción que has hecho?
Él me miró dudando y resopló.
-Te lo contaré cuando menos te lo esperes -respondió mi pregunta-. Pero ahora no.
Nos volvimos a quedar en silencio, guiando nuestras mentes a nuestros escondites más oscuros. Yo sabía que él estaría pensando en esa mala acción que había hecho, y yo seguía dándole vueltas a que cosa tan mala había hecho. No dudé ni un momento en su carácter y su forma de ser, pero no quería contármelo... Y eso era lo más extraño de todo.
-¿Quieres seguir? -Preguntó, interrumpiendo mis pensamientos.
-¿Insistir? -Pregunté.
Él negó con la cabeza.
-Con las preguntas.
Volví al presente.
-Oh, sí claro -dije encogiéndome de hombros-. ¿Por qué no?
-Te toca a ti, dado que no contesté a la otra -dijo él mientras me agarraba más fuerte.
Pensé en las preguntas que podía hacerle, en las preguntas que me serviría para saber algo más acerca de él, lo que no se había mostrado a la luz... Pero pocas me salían en este momento... Todas eran algo personales, y él se rehusaba a responderlas.
-¿Qué es lo que más deseas en este mundo? -Pregunté.
Silencio.
Más silencio.
Mucho más silencio.
-Morir en tus brazos -murmuró.
Se me heló la sangre.
-¿Y tú? -Preguntó de vuelta.
Mi cuerpo tembló. El corazón se me heló tras lo que dije:

-Que mueras en mis brazos. 

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