-¿Me
lo contarás algún día? -Le pregunté, enarcando las cejas,
preguntándome que podría ser.
Él
sonrió ampliamente e hizo una mueca.
-Quizás.
-¿Puedes
dejar de decir quizás? -Pregunté arrugando la frente-. Porque me
estás poniendo realmente nerviosa.
Ahora
su sonrisa era bastante pervertida.
-Eso
no lo sabía yo... -susurró él juntando sus labios con los míos y
agarrando mi labio inferior con sus dientes para luego succionarlo a
su antojo y hacer que mis ojos se cerraran poco a poco.
Noté
sus manos sobre mis muslos, recorriéndolos de abajo arriba. Mis
brazos se enlazaron alrededor de su cuello mientras inspiraba su
olor, me embriagué de él y comencé a perder la cabeza. Nuestros
besos eran más feroces a cada caricia, nuestras manos estaban
totalmente inquietas, mientras conocíamos más el cuerpo del otro.
Metí mis manos bajo la camiseta de él, y en varios segundos esa
camiseta había sido lanzada al suelo. Sus besos salpicaban mi
cuello, haciéndome estremecer. Puso sus manos sobre mi tripa y
agarrando mi camiseta, tiró hacia arriba y me la arranco de cuajo.
Ésta estaba destrozada en el suelo del piso.
Estábamos
sudando a pesar del frío que hacía en ese sitio. Estaba nerviosa,
notaba mis pulsaciones a mil por hora... ¿O eran las suyas? Mis
manos sudorosas se ataron a la espalda de él, y él en las mías.
Fue bajando hasta mis pantalones y desabrochó el botón de éste.
Impulsada por su repentina acción desabroché también los suyos.
Nuestros
alientos se mezclaban a la misma vez que nos despojábamos de
nuestros vaqueros. Nuestras lenguas se unían para complementar la
perfección. Agarró mi cintura y nos dimos la vuelta, para que yo
quedase a horcajadas de él.
Miré
sus ojos azules mientras él se disponía deshacerse de mi sujetador.
Me embriagó la forma en que me dedicaba sus grandes sonrisas, y
quise seguir con ello.
O
era ahora o no lo sería nunca.
Terminamos
de quitarnos la ropa interior y volvió a ponerse sobre mí, mientras
que seguía besándome el torso, mis pechos, y mi aliento seguía
mezclándose con pequeños gemidos.
Noté
sus dedos dentro de mí, haciendo pequeños movimientos en círculo.
Noté mi boca seca y antes de poder decir alguna cosa antes de que
fuésemos al grano, él ya había empezado. Noté mis piernas
totalmente flojas, como si no tuviera fuerza para hacerlas mover,
pero él las tenía agarradas mientras sus embestidas me llenaron.
Agarré
firme su espalda y dejé escapar mis gritos, mis gemidos de
satisfacción y su nombre como si la letra de una canción fuese.
Llevábamos
abrazados un buen rato, aunque sospeché que él estaba dormido pero
oí removerse y supe que no lo estaba. Levanté la mirada y lo vi
mirándome con una pequeña sonrisa.
-Creo
que hemos interrumpido las preguntas -dijo él.
-Totalmente
cierto -dije mientras pensaba-. ¿No vas a contarme que es la peor
acción que has hecho?
Él
me miró dudando y resopló.
-Te
lo contaré cuando menos te lo esperes -respondió mi pregunta-. Pero
ahora no.
Nos
volvimos a quedar en silencio, guiando nuestras mentes a nuestros
escondites más oscuros. Yo sabía que él estaría pensando en esa
mala acción que había hecho, y yo seguía dándole vueltas a que
cosa tan mala había hecho. No dudé ni un momento en su carácter y
su forma de ser, pero no quería contármelo... Y eso era lo más
extraño de todo.
-¿Quieres
seguir? -Preguntó, interrumpiendo mis pensamientos.
-¿Insistir?
-Pregunté.
Él
negó con la cabeza.
-Con
las preguntas.
Volví
al presente.
-Oh,
sí claro -dije encogiéndome de hombros-. ¿Por qué no?
-Te
toca a ti, dado que no contesté a la otra -dijo él mientras me
agarraba más fuerte.
Pensé
en las preguntas que podía hacerle, en las preguntas que me serviría
para saber algo más acerca de él, lo que no se había mostrado a la
luz... Pero pocas me salían en este momento... Todas eran algo
personales, y él se rehusaba a responderlas.
-¿Qué
es lo que más deseas en este mundo? -Pregunté.
Silencio.
Más
silencio.
Mucho
más silencio.
-Morir
en tus brazos -murmuró.
Se
me heló la sangre.
-¿Y
tú? -Preguntó de vuelta.
Mi
cuerpo tembló. El corazón se me heló tras lo que dije:
-Que
mueras en mis brazos.
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