martes, 2 de julio de 2013

Die in your arms - Capítulo 8 (Fanfic Emblem3 - Drew Chadwick)

Ni siquiera pasaron dos horas sin que alguien hubiera llamado a Drew, preguntándole donde demonios estaba. Si le había pasado algo, o es que se fue porque era gilipollas. Él expresó que se fue porque le apetecía, y que me había raptado. Como aquél que yo me habría ido obligada... Yo iría con él hasta el fin del mundo, si eso quisiera. Porque nada más encantador tenía en mente que eso. Que la idea de pasarme días y días con él, fuera de la vista de todos.
Al día siguiente estábamos montados en un taxi, para volver a casa. Bueno, no sé realmente si podía llamarle casa. Pues yo vivía ahí provisionalmente, hasta que empezara la Universidad y podría, simplemente, dejarlo solo... ¿O no debería?
Acababa de darle todo a él... Mi alma, mi cuerpo y mi corazón. Y aunque no me arrepintiera jamás de lo sucedido, estaba jodidamente asustada ahora. Él tras despertarnos no nombró nada sobre nosotros, sobre lo que dijimos cuando hacíamos las preguntas. Nada sobre lo que había pasado en la cabaña.
¿Pensaba hacer esto con todo?
¿Qué significaba el silencio?
¿Alguna vez significo el silencio algo?... ¿A parte de algo malo?
-No podemos seguir conduciendo por esta calle, señor -informó el taxista, cuando observó que había una larga fila de coches, pues se había producido un accidente o eso parecía-. Tendremos que desviarnos... Pero costará algo más caro.
Drew arrugó la frente y miró al conductor por el retrovisor.
-¿Eso que significa? -Preguntó Drew, molesto-. ¿Qué me va a costar más de cien?
El taxista asintió con la cabeza algo contrariado.
-En serio lo siento mucho... -comenzó a decir cuando Drew le interrumpió.
-¿Cómo que lo sientes? -Preguntó él, más molesto que antes-. ¿Es que eres idiota? ¿No se supone que tú deberías de saberlo, o al menos descontarme la parte?
Algo cabreada, levanté ambas manos.
-Haz lo que tenga que hacer -le dije al conductor mirándole por el retrovisor, también-. Aquí el... señor le pagará, y ya le daré a él el dinero... Usted sólo sáquenos de aquí.
El taxista, suspirando de alivio, asintió y siguió conduciendo pero dando toda la vuelta para poder seguir avanzando hasta la ciudad, nuevamente. Drew, a mi lado, seguía mirándome fijamente. Y capté cada una de las miradas cabreadas que me lanzaba. Me daba igual, él se había merecido ésto, aunque ahora tenía que pagar el jodido viaje. Y me costaría el doble de cien... Esto era realmente penoso. No podría pagar la comida cuando estuviera en la universidad...
El taxista nos abrió la puerta. Drew le dio el dinero a regañadientes y subimos los dos primeros escalones antes de que, él se dirigiese a mí por primera vez en todo el día.
-¿Se puede saber a que vino toda la mierda del taxista? -Preguntó, bastante molesto.
Me giré hacia atrás, mirándolo fijamente.
-¡¿Tú que crees?! -Grité-. ¿Preferías estar todo el puto día en el coche discutiendo? ¿Por qué te crees que nos hacen pagar a los pasajeros? ¡Por la maldita gasolina, que cuesta! Si te lo descontasen, ¿cómo iban a pagarla? Dios mío, eres un maldito cabezota. Eres rico y aún así eres un... -me callé de golpe, me di de nuevo la vuelta y exclamé-: ¡Arg!
Un pequeño silencio reinó en la estancia.
-¿Ibas a decir que soy un egoísta? -Murmuró.
Ladeé la cabeza, para mirarlo de reojo.
-No. No lo eres -tragué saliva-. Sólo con los taxistas, y cuando estás cabreado. Y también cuando estás terriblemente estúpido.
Seguí subiendo los escalones con él a mis espaldas. Al abrir la puerta nos esperábamos que estuvieran aquí los cuatro. Reunidos en el salón, viendo la televisión, viendo dibujos como siempre lo estaban... Pero no. Estábamos a solas, otra vez. Y eso no era lo peor. Es que tenía que hacerle frente a Drew... Y eso sí que no me apetecía en absoluto.
Drew cerró la puerta de un golpe, y miró a ambos lados como si ellos fuesen a aparecer como el humo.
Eso me cabreó aún más y me fui directa a mi habitación. O lo que fuese la habitación en la que me quedaba actualmente a dormir. Cerré con un estruendo, pero la habitación se volvió a abrir.
Drew tenía ganas de pelear, y se notaba.
-De acuerdo... -suspiró-. Vamos a disimular que somos personas normales... ¿De acuerdo? Yo te voy a preguntar que te pasa y tú debes decirme el qué.
Le miré incrédula.
Él siguió hablando, como si tal cosa.
-¿Qué te pasa, Sheila? -Preguntó, con voz calmada.
-¡No me pasa nada! -Exclamé mientras me quitaba la camiseta, y dejaba ver mi sujetador bajo ella. Drew fijó la mirada en mis pechos y alzó una ceja.
-¿Y esta confianza? -Preguntó, entre una sonrisa y la sorpresa.
Me encogí de hombros.
-Me has visto desnuda hace unas horas... ¿Por qué coño tendría que dejar la confianza de lado, justo en este momento? -Pregunté algo histérica-. Oh, espera... Que seguro te dio un ataque de adrenalina, y me follaste, y justo ahora no te acuerdas. Puedes decir cualquier excusa para no hablarme sobre eso. Te comprenderé, o lo simularé. Pero ahora me gustaría que te largases.
-Whoah, whoah, whoah -dijo Drew, totalmente impresionado-. ¿De qué demonios estás hablando?
-¡¿VES?! -Chillé-. ¡ESE ES TU MALDITO PROBLEMA! ¡QUE TE HACES EL LOCO!
Drew se acercó a mí con las manos por delante, como si fuera a arrancarle los pelos o alguna extraña cosa. Pero debería de saber que eso no era posible, dado mi escasa altura. Esperé dando pequeños toques con el pie al suelo, mientras él se acercaba.
-No, aquí la que se ha vuelto loca eres tú -dijo recalcando el “tú”-. Estás diciendo incoherencias y no sé a que vienen... Sheila por favor, dime que he hecho, aparte de acostarme contigo.
Entrecerré los ojos, y dejé ir el aire que había contenido mientras él se acercaba.
-No lo entiendes, ¿verdad? -Dije, mientras notaba que mis ojos se hacían agua-. No entiendes lo que pasa a tu alrededor hasta que alguien te lo dice... Decidiste acostarte conmigo y luego me dijiste que querías morir en mis brazos... Y luego... todo volvió a cambiar. No dejas que conozca tu verdadero yo porque eres un estúpido famoso más.
Tuve que volver a tomar aire, para seguir:
-Tienes tantas maneras de volverme loca... -comencé a decir de nuevo-. Y ninguna de ella coincide contigo.
Drew se había vuelto a acercar a mí, pero esta vez estaba bastante más cerca. Nuestros pies estaban a punto de rozarse. A punto de ser tocados, y ser electrificados. Como si él fuese el positivo, y yo el negativo. Él estaba lleno y yo en cambio... estaba vacía. No me quedaba nada más de él, que sus besos...
-¿Que es ese secreto que tanto escondes? -Pregunté-. ¿Qué es eso que tanto escondes?
Drew frunció las cejas, y se aclaró la garganta antes de hablar:
-No tengo ningún secreto -respondió.
-Sí. Sí lo tienes -procedí-. Dime que es lo peor que has hecho en tu vida. Contéstame, y juro que no volveré a hacerte ninguna pregunta más sobre ti.
Un silencio se plantó entre nosotros dos, y finalmente él respondió. Con la voz quebrada.

-Enamorarme de una extraña... -su voz seca llenó la habitación-. Enamorarme de ti. 

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