Sentí
un gran nudo en mi garganta mientras intentaba llenar mi mente...
llenarla sobre palabras, algo que concordase, algo que pudiera
decirle. Él... se habría enamorado de mí...
No.
No
lo había hecho. Y me estaba engañando.
Dí
un paso hacia atrás.
-Me
estás mintiendo -dije-. Eso no es malo, y aunque fuera una asesina
en libertad... eso no debería de ser lo peor que hubieras hecho. Y
que no... no puede ser, simplemente.
Él
ladeó la cabeza, como si no captase lo que yo quería decirle, lo
que yo quería expresarle... Y antes de que me girara sobre mis
talones y huyera de él; me capturó la mano.
-No
me llames mentiroso -murmuró entre dientes-. No lo hagas cuando me
estoy sincerando, y ahora mismo deberías de creerme. Voy a hacer lo
que creas...
Capturó
mi rostro con sus manos, una a cada lado de mí, y me acercó hacia
él. Juntó sus labios con los míos, y comenzó a besarme
lentamente. No me separé de él, ni siquiera hice un ademán para
hacerlo... Seguí sus besos, porque era lo único sincero que nos
quedaba entre los dos. Ésto y los recuerdos...
-Me
creerás algún día, Sheila -susurró con voz ronca-. Haré que lo
hagas.
Luego,
con rapidez, salió de mi habitación. Dejándome sola con los
pensamientos corriendo a toda velocidad por mi mente.
[Unos
días después]
Marie
y Brenda se empeñaron en llevarme ellas a la Universidad porque era
mi primer día, y no a quedarme. No me lo tenían permitido. Bajo
ninguna circunstancia me dejaban quedarme allí. Sabiendo que Drew y
yo no nos hablábamos, mejor dicho, no le hablaba. Ni le miraba ni
dejaba que él me mirase a mí... Solía escabullirme con facilidad
de las cosas. Pero aún tenía a Ranel como guardaespaldas, y eso
significaba que no estaba cambiando. Ahora mismo quien conducía era
él... A pesar de que los chicos estaban en el apartamento.
-Espero
que pronto esto se solucione -dijo Brenda haciendo gestos al aire-.
Porque tenéis unas movidas bastante raras, ¿lo sabéis? Y no es
eso, si no que me siento realmente extraña...
Marie
abrió la boca.
-¿Cómo
que te sientes extraña? -Preguntó atónica-. ¿Estás embaraza?
¿Quieres vomitar? ¿Sientes mareos? Ay, que me da -comenzó a decir
mientras se abanicaba con las manos.
-¡Eh,
espera! -Exclamó Brenda alzando una ceja-. No estoy embarazada, ni
tengo ningún síntoma. Gracias por preocuparte por mí, me refería
a Sheila.
Marie
volvió a abrir la boca.
-¿Estás
embarazada? -Preguntó de nuevo, pero mirándome a mí-. Oh, madre
mía. ¿Quieres que paremos? ¡Podemos parar! Ay, que hay que...
Alcé
las manos con los ojos abiertos como platos.
-No,
Dios mío, no estoy embarazada -dije riéndome-. En mi cuerpo solo
habito yo, gracias Marie... Pero un niño a mi edad como que no... Y
menos si el padre es Drew.
Ambas
parpadearon y Brenda tomó la palabra:
-Drew
sería buen padre, ¿sabes? -Preguntó encogiéndose de hombros-.
Sería una persona realmente... entrañable con su bebé.
Ahora
fue Marie quien la tomó:
-Sería
lo más hermoso para ti, ¿cierto? -Sonrió ampliamente-. La loca del
manicomio, el chico rubio espiritual y el niño que tendrá que
aguantarlos.
Me
reí entre dientes, y miré el edificio que ahora sería mi
Universidad.
No
tenía pensado tener niños, ni tener a Drew como novio... Porque no
quería tener a un mentiroso de pareja, no lo soportaría. Lo nuestro
sería inestable, y además, de que querer a una persona y que esa
persona no te corresponda era lo peor de todo. Así dejé la
conversación en el olvido y me adentré en el edificio con Marie y
Brenda a nuestras espaldas. Marie era la más pequeña y se dedicaba
a mirar todo con asombro, como una niña pequeña a la que le das un
caramelo. Tenía un fuerte temperamento pero a veces solía tener sus
locuras, como si no midiera bien las cosas... Mientras que Brenda se
acercaba a cada cosa, inspeccionándolas. Ella tenía un año más
que Marie... Pero quizás tuviera una personalidad más infantil.
Desde luego que cada una era tan diferente...
Ellas
no podían avanzar más y las echaron del recinto. Me despedí con la
mano mientras las veía avanzar hacia el coche.
Tras
haber terminando la iniciación de la Universidad, y de que todos se
enterasen quiénes eran los novatos me entró miedo. Miedo de que
alguien hiciese las típicas novatadas... y fuera realmente cruel.
Miré a todos lados, para mirar alguna cara que de verdad me diese
confianza hasta que noté una mano sobre mi hombro.
Me
giré y vi a un chico castaño de ojos oscuros a mi lado. Parecía
pertenecer a mi clase...
-Hola,
parece ser que tú eres Sheila -sonrió ampliamente-. Nos han
asignado a ser compañeros... No te molesta, ¿verdad?
Me
pilló un poco desprevenida, pero al fin y al cabo le sonreí
tímidamente.
-Hola
-me puse de puntillas, pues él esperaba dos besos y se los dí-. Y
tú Josh, supongo. Que va, no te conocía de todas maneras... no iba
a poder molestarme. A lo mejor luego me queje, no sé. ¿Tienes
alguna manía? ¿Puedes protegerme de las novatadas?
Escuché
una lenta risa de su parte.
-Eso
no está en mis manos, lo siento madame -susurró-.
Yo también tendré que pasarlas... Pero si te sirve de consuelo he
de decirte que las novatadas de las chicas son mucho mejores. Son
menos...
-Crueles
-terminé la frase por él.
-¡Exacto!
-Exclamó moviendo la cabeza.
Estábamos
todos reunidos con Ranel, y dos guardaespaldas más que no había
visto en estas semanas. Los tres nos había reunidos para hablar
sobre nuevos conciertos, firmas de discos, etc. No sé porque nos
llamaron a nosotras, pero ahí estábamos, como tontas asintiendo
rápidamente a todo lo que decía Ranel.
Oh,
vale. El de la derecha no era un guardaespaldas, era su manager.
Porque si estaba contando todo esto debería de ser por algo. Sino no
tendría ningún sentido que un guardaespaldas se lo estuviera
diciendo.
Justo
minutos después estábamos cenando y hablando sobre un millón de
cosas. Pero no le hacía ningún caso a nada... Desde que Drew y yo
no nos hablábamos nos quedábamos callados. No queríamos seguir con
esta pantomima de que nos soportábamos, cuando no lo hacíamos
porque yo descubrí que él no me quería. No lo hacía por mí. Lo
hacía por su entrepierna. No iba a ser su juguete.
No.
-¡Eh,
tierra llamando a Sheila! -Dijo Marie moviendo una mano delante de mi
cara-. ¿En qué país estás?
Me
reí.
-Aquí
-levanté una mano, saludándola-. Perdón, estaba... pensando. ¿Me
has dicho algo?
-¡Whoaaaaaaaaaah!
-Gritaron Marie y Brenda al unísono, pero luego fue Brenda quien
siguió-: ¿Quién es el afortunado de robarte el corazón?
Wesley
alzó una ceja.
-¿Qué
afortunado? -Preguntó totalmente perdido-. ¿De qué habláis? Oh,
¿tienes novio? -Preguntó abriendo los ojos-. ¿Y por qué no nos lo
has dicho?
Abrí
la boca para contestarle pero Keaton fue tras él.
-No
es eso, es porqué no lo ha dicho antes... -dijo él-. ¿Por qué no
lo has traído? Si aquí son bien recibidos.
Brenda
arrugó la frente, como Marie.
-Ni
que fueseis los padres de Sheila -se quejó Brenda-. Pobre, no tiene
novio, pero sé que Josh le va a tirar los tejos... ¿Verdad que sí?
-Preguntó Brenda, y cuando justo no iba a interrumpirme nadie, oímos
romperse algo.
Drew
estaba de pie, mirándome fijamente, cabreado, decepcionado,
iracundo... No sé que era lo peor de todo eso. Si que se hubiera
enfadado por el tal “novio” que no me gustaba siquiera, o que me
sintiese culpable por su dolor. ¿Qué coño le...?
-Drew...
-susurró Marie.
Él
no dijo nada más, él no recogió el estropicio que había hecho. Ni
siquiera me dirigió la mirada mientras se iba... Wesley y Keaton se
miraron entre sí y ambos compartieron secretos que solo ellos
entendían. Marie y Brenda vocalizaron:
“Él
está molesto”
Y
más tarde:
“Él
está herido”
No hay comentarios:
Publicar un comentario