-Señor...
-comencé a decir, cuando él me interrumpió.
-Wesley
-rectificó.
-Wesley...
¿Me estás tomando el pelo? -Pregunté, todavía con el corazón en
la garganta-. ¿Crees que soy la típica sirvienta de la que te vas a
aprovechar? Porque te puedo asegurar que no lo harás.
Él
negó varias veces con la cabeza.
-Te
juro que no, Martha -respondió-. No sé como coño ha pasado, pero
ha sucedido... Ahora necesito que tú me des una respuesta.
Me
temí lo peor.
-¿A
qué? -Pregunté, nerviosa. Él estaba bastante impresionado hasta
con su propia pregunta, y no quise saber que es lo que tenía entre
mente y también temí que se echase para atrás.
-A
que te escapes conmigo... Lejos de todo esto -contestó, aún
mirándome con los ojos abiertos-. No creo que tú quieras estar en
mitad de esto...
-¿Qué
no quiera o que no pueda? -Pregunté, con una pizca de cabreo en mi
voz.
-¿Ambos?
Me
levanté ofuscada y me permití llorar. Él quería que me marchase
con él, todo era perfecto. Pero él quería que me marchase con él,
porque estaba seguro que no podría aguantar toda aquella vida de
lujo. Porque no nací para ser una ricachona y eso era más que
suficiente para mantenerme oculta. ¿Es qué tanta mala imagen daba?
¿Por qué no podría ser como él, y cargarme el corazón de la
gente de una patada? Estaba segura de que irme con él sería lo
último que haría... porque si realmente me quisiera, él se lo
diría a quien pasase por su lado, y no me protegería.
-No
-dije, sintiendo como mis lágrimas bajaban hasta descarrilarse.
Él
se levantó y fue hacia mí, agarrándome de los brazos, me dio la
vuelta para que él pudiera verme mejor. Parecía preocupado, pero no
iba a caer tan fácilmente. Claro que no.
-Martha,
no quiero que llores... -dijo con voz ronca-. Creí que sería lo
mejor para ti.
Me
separé de él de un tirón y oculté mi rostro con las manos.
-¡No
es ese el problema! -Grité mientras agarraba con ambas manos mi
cabeza, agobiada-. ¡El problema es que no quieres enseñarme ante la
sociedad! ¡No quieres que me conozcan porqué soy una paleta de
pueblo! ¿Sabes qué? Déjalo. Ni tú entenderías que nací en una
ciudad y que mis padres me pagaron religiosamente mis estudios. Que
terminé el instituto y que estoy aquí para poder seguir por mis
propios méritos.
Wesley
alcanzó mi brazo derecho y me estrelló contra su cuerpo duro. No me
dio tiempo a replicar, no me dio tiempo a hacer ningún movimiento
antes de que él comenzara a devorar mi boca con la suya.
Sus
labios eran lentos, pero decididos. Noté la ansiedad entre ellos y
comencé a sentir como mi furia desvanecía hasta transformarlo en
total placer. Agarré su nuca y me aferré a él para que no me
dejara escapar, y eso fue algo que él captó. Me agarraba fuerte de
la cintura y de vez en cuando dejaba salir mi nombre entre beso y
beso. Lo que no sabía es que el beso estaba convirtiéndose en una
batalla en las que yo tenía todas la de perder. Agarró el
dobladillo del uniforme y comenzó a subirlo... yo me dejé, estaba
completamente a su merced y a lo que él quisiera hacerme. Lo tiró
al suelo con decisión y luego se quitó la corbata, para mas tarde
tirar la chaqueta y la camisa.
Miré
con total estupefacción su torso desnudo mientras iba paseando mis
manos por su cálido y duro cuerpo. Él sonrió entre dientes antes
de atrapar mi labio inferior con sus dientes, sacando un gemido de mi
garganta. Volvió a besarme pero esta vez con intensidad, haciendo
que las mariposas de mi estómago (aunque parecían más bien
dinosaurios enormes, con grandes zarpas que se clavaban en mi pecho)
se volvieran totalmente locas. Terminó de desvestirse y entonces fue
cuando me cogió y me dejó sobre el banco de la fuente, para luego
ponerse sobre mí.
No
dijo ni una palabra antes de que sintiese todos mis sentimientos a
flor de piel. Tan solo fueron sus dedos recorriéndome cada
centímetro de mi sexo desnudo. Luego algo más duro y carnal... Algo
que hizo que un grito se deshiciera en mi garganta. Algo que tras
unos minutos que parecían ser eternos, lo convirtieron en los más
felices de mi vida.
Me
agarré a su espalda mientras me sacudía espasmódicamente, más
tarde noté su boca sobre mi cuello... y entonces el gemido se hizo
más inestable más furioso, más... placentero.
Llegué
al éxtasis y nadie me oía...
Llegué
al éxtasis con el hombre equivocado. En un lugar a solas. A oscuras.
Abrí
poco a poco los ojos, sintiendo que la puesta de sol iba a salir en
breve. Me levanté de golpe, dejando caer mis pies sobre la fuente,
dentro del agua y di un respingo. El corazón me dio otro vuelco
cuando encontré a Wesley sobre el césped, y nuestras ropas al lado
de su cuerpo desnudo. Noté como mi cara volvía a ser de un rojo
intenso y desvié la mirada hacia mis pies.
-Ah...
que calor... el sol... -oí a Wesley hablando en sueños y sonreí
ampliamente, antes de girarme a ver su dulce cara dormida-. Quema...
el sol...
¿Estaba
soñando con el sol? Me reí sin tan siquiera darme cuenta de que
faltaba, de nuevo, poco para el alba. Así que comencé a remover a
Wesley que estaba en el quinto cielo, soñando con las nubes.
Este
dijo algunas incoherencias más y despertó de golpe. Me miró
extrañado y luego cerró un ojo a causa de la luz de la fuente,
también miró a lo lejos.... A las montañas que impedían ver la
luz del sol.
-¿Qué
hora es? -Preguntó, con voz dormida. Me encogí de hombros y con mi
dedo índice le señalé el reloj que llevaba en la muñeca derecha.
Él
miró y abrió los ojos de golpe, levantándose de golpe. Sin ni
siquiera mirar hacia mí, comenzó a vestirse con rapidez. Hice lo
mismo que él, pues no había nada más que hablar justo en aquel
momento extraño. Nos terminamos de vestir y comencé a dar vueltas
sobre mí misma.
-Mierda,
mierda, mierda -comencé a susurrar entre dientes, mientras que con
el móvil de Wesley alumbraba el césped.
Él
alzó una ceja y me miró extrañado, más que antes.
-¿Qué
buscas? -Preguntó-. Devuélveme el móvil.
-Hasta
que yo obtenga de nuevo mi gorro -le contesté, de mala gana-. Lo
necesito. Ya sabes... para trabajar y esas cosas.
Él
rodó los ojos y me quitó el móvil de entre mis manos.
-Déjalo,
puedo darte otro más -me respondió-. Hay miles en la habitación
del servicio. Vámonos... -y justo cuando comencé a andar con él,
nos paró de inmediato-. Déjame a mí ir primero. Luego vas tú.
Enarqué
las cejas inmediatamente.
-¿Por
qué? -Pregunté. Temiéndome que la respuesta me hiciera añicos el
corazón.
-No
deben vernos, ni deben saber lo sucedido... -murmuró, antes de mover
la cabeza y salir corriendo hacia la puerta trasera de la mansión.
Y
yo, en cambio, me quedé ahí. Observando como me había enamorado
del mayor capullo del mundo.
Y
por si no se había notado... La respuesta que temí había sido la
acertada.
Mi
corazón estaba jodidamente destrozado.
No hay comentarios:
Publicar un comentario