domingo, 14 de julio de 2013

Stay - Capítulo 5 (Fanfic Emblem3 - Wesley Stromberg)

-Señor... -comencé a decir, cuando él me interrumpió.
-Wesley -rectificó.
-Wesley... ¿Me estás tomando el pelo? -Pregunté, todavía con el corazón en la garganta-. ¿Crees que soy la típica sirvienta de la que te vas a aprovechar? Porque te puedo asegurar que no lo harás.
Él negó varias veces con la cabeza.
-Te juro que no, Martha -respondió-. No sé como coño ha pasado, pero ha sucedido... Ahora necesito que tú me des una respuesta.
Me temí lo peor.
-¿A qué? -Pregunté, nerviosa. Él estaba bastante impresionado hasta con su propia pregunta, y no quise saber que es lo que tenía entre mente y también temí que se echase para atrás.
-A que te escapes conmigo... Lejos de todo esto -contestó, aún mirándome con los ojos abiertos-. No creo que tú quieras estar en mitad de esto...
-¿Qué no quiera o que no pueda? -Pregunté, con una pizca de cabreo en mi voz.
-¿Ambos?
Me levanté ofuscada y me permití llorar. Él quería que me marchase con él, todo era perfecto. Pero él quería que me marchase con él, porque estaba seguro que no podría aguantar toda aquella vida de lujo. Porque no nací para ser una ricachona y eso era más que suficiente para mantenerme oculta. ¿Es qué tanta mala imagen daba? ¿Por qué no podría ser como él, y cargarme el corazón de la gente de una patada? Estaba segura de que irme con él sería lo último que haría... porque si realmente me quisiera, él se lo diría a quien pasase por su lado, y no me protegería.
-No -dije, sintiendo como mis lágrimas bajaban hasta descarrilarse.
Él se levantó y fue hacia mí, agarrándome de los brazos, me dio la vuelta para que él pudiera verme mejor. Parecía preocupado, pero no iba a caer tan fácilmente. Claro que no.
-Martha, no quiero que llores... -dijo con voz ronca-. Creí que sería lo mejor para ti.
Me separé de él de un tirón y oculté mi rostro con las manos.
-¡No es ese el problema! -Grité mientras agarraba con ambas manos mi cabeza, agobiada-. ¡El problema es que no quieres enseñarme ante la sociedad! ¡No quieres que me conozcan porqué soy una paleta de pueblo! ¿Sabes qué? Déjalo. Ni tú entenderías que nací en una ciudad y que mis padres me pagaron religiosamente mis estudios. Que terminé el instituto y que estoy aquí para poder seguir por mis propios méritos.
Wesley alcanzó mi brazo derecho y me estrelló contra su cuerpo duro. No me dio tiempo a replicar, no me dio tiempo a hacer ningún movimiento antes de que él comenzara a devorar mi boca con la suya.
Sus labios eran lentos, pero decididos. Noté la ansiedad entre ellos y comencé a sentir como mi furia desvanecía hasta transformarlo en total placer. Agarré su nuca y me aferré a él para que no me dejara escapar, y eso fue algo que él captó. Me agarraba fuerte de la cintura y de vez en cuando dejaba salir mi nombre entre beso y beso. Lo que no sabía es que el beso estaba convirtiéndose en una batalla en las que yo tenía todas la de perder. Agarró el dobladillo del uniforme y comenzó a subirlo... yo me dejé, estaba completamente a su merced y a lo que él quisiera hacerme. Lo tiró al suelo con decisión y luego se quitó la corbata, para mas tarde tirar la chaqueta y la camisa.
Miré con total estupefacción su torso desnudo mientras iba paseando mis manos por su cálido y duro cuerpo. Él sonrió entre dientes antes de atrapar mi labio inferior con sus dientes, sacando un gemido de mi garganta. Volvió a besarme pero esta vez con intensidad, haciendo que las mariposas de mi estómago (aunque parecían más bien dinosaurios enormes, con grandes zarpas que se clavaban en mi pecho) se volvieran totalmente locas. Terminó de desvestirse y entonces fue cuando me cogió y me dejó sobre el banco de la fuente, para luego ponerse sobre mí.
No dijo ni una palabra antes de que sintiese todos mis sentimientos a flor de piel. Tan solo fueron sus dedos recorriéndome cada centímetro de mi sexo desnudo. Luego algo más duro y carnal... Algo que hizo que un grito se deshiciera en mi garganta. Algo que tras unos minutos que parecían ser eternos, lo convirtieron en los más felices de mi vida.
Me agarré a su espalda mientras me sacudía espasmódicamente, más tarde noté su boca sobre mi cuello... y entonces el gemido se hizo más inestable más furioso, más... placentero.
Llegué al éxtasis y nadie me oía...
Llegué al éxtasis con el hombre equivocado. En un lugar a solas. A oscuras.
Abrí poco a poco los ojos, sintiendo que la puesta de sol iba a salir en breve. Me levanté de golpe, dejando caer mis pies sobre la fuente, dentro del agua y di un respingo. El corazón me dio otro vuelco cuando encontré a Wesley sobre el césped, y nuestras ropas al lado de su cuerpo desnudo. Noté como mi cara volvía a ser de un rojo intenso y desvié la mirada hacia mis pies.
-Ah... que calor... el sol... -oí a Wesley hablando en sueños y sonreí ampliamente, antes de girarme a ver su dulce cara dormida-. Quema... el sol...
¿Estaba soñando con el sol? Me reí sin tan siquiera darme cuenta de que faltaba, de nuevo, poco para el alba. Así que comencé a remover a Wesley que estaba en el quinto cielo, soñando con las nubes.
Este dijo algunas incoherencias más y despertó de golpe. Me miró extrañado y luego cerró un ojo a causa de la luz de la fuente, también miró a lo lejos.... A las montañas que impedían ver la luz del sol.
-¿Qué hora es? -Preguntó, con voz dormida. Me encogí de hombros y con mi dedo índice le señalé el reloj que llevaba en la muñeca derecha.
Él miró y abrió los ojos de golpe, levantándose de golpe. Sin ni siquiera mirar hacia mí, comenzó a vestirse con rapidez. Hice lo mismo que él, pues no había nada más que hablar justo en aquel momento extraño. Nos terminamos de vestir y comencé a dar vueltas sobre mí misma.
-Mierda, mierda, mierda -comencé a susurrar entre dientes, mientras que con el móvil de Wesley alumbraba el césped.
Él alzó una ceja y me miró extrañado, más que antes.
-¿Qué buscas? -Preguntó-. Devuélveme el móvil.
-Hasta que yo obtenga de nuevo mi gorro -le contesté, de mala gana-. Lo necesito. Ya sabes... para trabajar y esas cosas.
Él rodó los ojos y me quitó el móvil de entre mis manos.
-Déjalo, puedo darte otro más -me respondió-. Hay miles en la habitación del servicio. Vámonos... -y justo cuando comencé a andar con él, nos paró de inmediato-. Déjame a mí ir primero. Luego vas tú.
Enarqué las cejas inmediatamente.
-¿Por qué? -Pregunté. Temiéndome que la respuesta me hiciera añicos el corazón.
-No deben vernos, ni deben saber lo sucedido... -murmuró, antes de mover la cabeza y salir corriendo hacia la puerta trasera de la mansión.
Y yo, en cambio, me quedé ahí. Observando como me había enamorado del mayor capullo del mundo.
Y por si no se había notado... La respuesta que temí había sido la acertada.

Mi corazón estaba jodidamente destrozado. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario