domingo, 14 de julio de 2013

Stay - Capítulo 6 (Fanfic Emblem3 - Wesley Stromberg)

Me desperté cuando Amber y Oliver llamaron a la puerta donde dormía todos los días. Ni siquiera respondí, porque sabía que ellos tenían la suficiente confianza para pasar tal cual.
-Te llaman, Martha -vociferó Oliver-. Y es mejor que vayas en nada, si no quieres cargártela.
Ya la tenía más que cargada... Siempre de alguna forma o otra la cagaba. ¿Por qué coño no podía haber pensado mejor las cosas? Dios mío, tan gilipollas no era o al menos eso pensaba. El problema ya había pasado y ya no tenía nada que hacer...
-¡Martha, escúchanos! -Exclamó Amber-. Tienes que bajar a la mesa. Todos esperan una disculpa por lo de ayer. Deena ya está esperando abajo, ella también lo hará.
Abrí un poco los ojos y los miré.
-¡Qué sí, que ahora bajo! -Exclamé medio gritando-. Pero largaros, si no queréis que os eche a patadas. ¿O preferís que me vista delante de vosotros?
-Por mí no hay problema -sonrió Oliver.
Amber negó con la cabeza y se llevó a Oliver a rastras. Yo, en cambio, me di la vuelta y miré hacia el armario. No tenía pensado bajar y pedir disculpas. Tenía más que suficiente con tener que verle la cara al hijo de puta, como para también tenerle que pedir disculpas a él y a su prometida. Estaría de broma, vamos. Volví a cerrar los ojos y dejé vagar la mente por escondites que ni siquiera ella sabía que existían.
Volvieron a llamar la puerta y la voz de Hilary retumbó a través de ella.
-Vamos, Martha, te esperan -dijo tras ella.
-Que ya voy, que me estoy vistiendo... -dije, mientras escuchaba sus pasos alejarse por el pasillo.
¿Podía mentir más de lo que lo estaba haciendo ahora? Ni siquiera estaba levantada, joder, ni siquiera tenía los ojos abiertos. Seguía medio dormida y pensando en el futuro que siempre quise tener, en el futuro que me merecía. Porque yo me merecía más que toda esta mierda que me rodeaba. Lo sabía.
Comencé a quedarme dormida cuando escuché como la puerta se abría, y ni siquiera me giré a ver quien era para saber que era una persona con mucha rabia contenida. Abrí los ojos, y rodeé los ojos.
-Que sí, Amber, que bajaré pero esto va en contra de mi voluntad -le salté-.Sobretodo para verles las caras de soplapollas que tienen todos.
Oí una risa masculina. Una risa masculina que conocía bien y abrí bien los ojos.
-Anda, mira tú que bien -respondió Wesley mientras agarraba las sábanas y las echaba hacia atrás. Me volví hacia él, cabreada y confusa y me senté de inmediato-. Vístete y baja. Inmediatamente.
Cogí un cojín y se lo lancé a la cara.
-¡Tú no me mandas! -Le chillé.
-Sí que lo hago, soy tu jefe, por lo tanto debes hacerme caso en todo lo que se refiere a trabajo -dijo él, sonriendo ampliamente, como si le estuviera contando algún chiste.
Cogí el otro cojín y se lo tiré. Aunque esta vez fallé.
-¿De qué te ríes, imbécil? -Pregunté, más mosqueada todavía. Estaba de pie sobre la cama y estaba dejando expuestas mis piernas, pues solo llevaba un pequeño camisón. Pero ya me daba igual, la noche anterior me había desnudado con sus propias manos... Así que esto debería de parecerle lo más inútil del mundo.
-Escúchame -dijo, señalándome con un dedo índice-. Aunque hayamos intimado, tú no puedes tutearme, ¿entendido?
-Dijiste que te llamara Wesley... -susurré aún con sus ojos clavados en los míos.
Él se encogió de hombros.
-Quiero que te vistas -dijo, antes de volverse de espaldas hacia mí y caminar hacia la puerta.
Sentir el fuego arder bajo mi piel.
-Perdí mi virginidad contigo, ¿lo sabía... señor? -Escupí las palabras como si fueran ácido en mi boca.
Él se volteó hacia atrás, me lanzó algún tipo de mirada que no lograba descifrar y sonrió... de una manera que mi vello se erizara. No sabía que quería decir aquello, pero sabía que dijese lo que dijese iba a hacerme daño.
-Y supongo que me odiarás por eso -dijo-. Bienvenida al grupo donde todas mis amantes residen.
Abrí la boca antes de que una bombilla se encendiese en mi cabeza.
-Espera -dije, haciendo que él parase en seco y se mostrase curioso. Me bajé de la cama y fui hacia él. Cogí sus manos y las puse sobre mi trasero, apretándolo contra él. Acerqué su boca a la mía y justo cuando lo tenía a mi alcance, lancé un puñetazo contra su mandíbula.
Él estaba jodido y yo estaba realmente feliz de aquello.
-Y esto es todo, señor -ironicé-. Ya se puede ir usted, oh, y le pido disculpas a usted y a su... prometida por lo de ayer. Espero que coja mucha sida y vaya repartiéndola por ahí. Oh, a su mujer no, por favor... Imagínese usted si llega a tener un niño... Oh, no, eso sería peligroso.
Ladeé la cabeza mientras veía como la furia llameaba en sus ojos. Puse una mano en su pecho y comencé a echarlo de la habitación.
-Que pase un buen día, señor -dije-. Cualquier cosa que pase con su adorable hermana, Susie, ya sabe donde encontrarme.
Y cerré la puerta en sus narices.
Me escapé por la puerta principal para recibir a los que serían los invitados de esa noche, Daniel estaba que ardía porque no quería tenerme por allí... Decía que molestaba mucho, que era como... ¿un grano en el culo? Pero al fin cayó en mis redes y me dejó. Sabía que yo era adorable para él en todos los sentidos.
-¿Quién es? -Preguntó Hilary, cotilleando como solía hacer.
-Dios mío niñas, apartaros, que ellos necesitarán la puerta principal para pasar... -decía Amber corriéndonos a un lado-. Tienen mucho dinero, al parecer... Es un gran negocio, desde luego.
-¿Por qué no dejan de hacer aquí las cenas? -Pregunté, alzando la ceja-. La última cena en la que me permitieron estar la chafé. ¿Por qué tantas ganas de hacer otra?
Daniel nos ignoró y caminó hacia delante, para presentarse frente a los ricachones. Me di cuenta de que me observaban y miré a uno de ellos... Parecía tener mi edad, y era bastante guapo. Tenía el cabello rubio (demasiado platino para mi gusto) y sus ojos parecían ser de un color miel. Me sonrió y automáticamente yo también lo hice.
-¡Martha! -Exclamó Sam abriendo los ojos-. No puedes estar ligando con ellos... -yo volví a rodar los ojos.
-Sam, por favor, tienes veinte años y eres un tío. Encima guapo -dije poniendo un brazo sobre su hombro-. ¿A qué viene eso de estar a la antigua? Aun así no estoy ligando con nadie. Ha sido él quien me ha sonreído... No es mi culpa.
Me miró entrecerrando los ojos.
-Vas a volver a cagarla, ¿verdad?
Me encogí de hombros.
-Lo más seguro.

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