domingo, 14 de julio de 2013

Stay - Capítulo 7 (Fanfic Emblem3 - Wesley Stromberg)

-¡Pero Daniel déjame ir! -Grité. Me tenía prisionera en el jardín trasero; y a pesar de que los recuerdos estaban inundando mi mente, Daniel no dejaba que me fuera hacia la mansión-. ¿Pero por qué no puedo estar?
Él volvió a negar con la cabeza.
-Sabes que me gustaría dejarte ir -susurró, como si alguien nos pudiera escuchar-. Pero tengo órdenes de la señora de que te deje aquí, sola y no te deje entrar durante la cena.
-¿Y Deena? -Pregunté.
-Dentro.
Abrí la boca, creando una O redonda. De esto se iba a arrepentir la señora Miner, o Stromberg, o como demonios se llamara. Iba a pasármelas aquí sola... Al menos...
-¿Podrías traerme a Susie? -Pregunté a Daniel, dándome por vencida.
-Ya lo tenía pensado, señorita -dijo él sonriendo ampliamente-. Ella vendrá en cuanto cene en la cocina, y vendrá corriendo contigo. Esa niña te adora más que a nadie, ¿lo sabías?
Sonreí.
-Y yo adoro a esa niña más que a nadie, y ella lo sabe -le respondí-. Así que... ¿cuándo vendrá mi monstruito?
-¡Aquí! -Gritó una voz de niña. Me giré hacia la puerta y vi a Susie venir hacia mí para abrazarme. Se me tiró encima y no dejaba de achucharme, fielmente a la dulzura que contenía aquel pequeño cuerpo-. ¡Te eché de menos, Mar! ¡Aquello es una locura, no hay más que gritos y gritos! No se ponen de acuerdo.
Agucé la mirada, mientras miraba a Daniel.
-¿Gritos? -Pregunté.
Él negó con la cabeza, algo extraño.
-Al parecer ahí dentro nadie se pone de acuerdo -explicó-. Los señores quieren más de lo que el señor Stromberg puede dar... Y el cargamento que tienen, según dicen, es más costoso que todo su dinero. La cosa es que el señor Stromberg lo necesita, así que acaban de venir su hermano y su amigo, para ayudarlo.
Asentí, encogiéndome de hombros mientras abrazaba a aquella criatura; pero la puerta volvió a sonar y pasaron dos chicas. Las dos eran morenas, con el pelo largo. Nos miraron y vinieron hacia nosotros, sin embargo, a mí ya me sonaban de algo.
-Señorita Chadwick -dijo Daniel mientras le hacía la reverencia a una, y luego a la otra-. Señorita Stromberg. Que hermoso que nos hagáis... -la primera de ellas alzó la mano.
-Por favor, Daniel -rió-. No queremos ahora el típico saludo de millonarios, ya tenemos bastante en presencia de nuestros maridos. ¡Eh, Susie!
Susie sonrió ampliamente y corrió hacia ellas para abrazarles tan fuerte que yo pensé que alguna se rompería. Me pregunté si la gente también pensaba eso cuando Susie me abrazaba.
-Hey, hola -sonrió la segunda chica. Stromberg, dijo que era-. Me llamo Beatrice.
-Y yo Samantha -sonrió ampliamente.
Ellas eran las esposas de Keaton y Drew, específicamente. Samantha solía venir más a menudo aunque nunca me topé con ella, pues siempre tenía que estar pendiente de la niña y, si no, tenía que quedarme en la cocina. Beatrice venía antes más a menudo, hasta que se mudó a otra ciudad, por asuntos de su trabajo y el de su marido. Ambas no eran mantenidas, y eso me resultó bastante extraño teniendo en cuenta que Carly no trabaja... ¿O se podía llamar trabajo a eso de limarse las uñas?
-Mi nombre es Martha -saludé, devolviéndoles la sonrisa-. Trabajo como niñera para Susie.
Ellas me miraron como si no les hubiese dicho nada nuevo y se acercaron a mí.
-Bueno, ¿y qué tal si damos las chicas una vuelta? -Preguntó Beatrice-. ¡Por supuesto Susie viene, que también es una chica! ¿Verdad que sí, cielo?
-¡Sí! -Gritó efusiva, y luego miró a Daniel-. Daniel... eres un chico... ¿verdad?
Daniel miró a la nada, como si no se creyese lo que acababa de preguntar. Me reí antes de que me diera cuenta, Samantha y Beatrice comenzaron a reírse también, y Daniel acabó por hacerlo también.
-Claro que lo soy, Susie -contestó él, mientras hacía otra reverencia-. Hasta luego, señoritas -se despidió de ellas, y luego me miró a mí-. Martha, cuida los modales.
Rodé los ojos mientras lo veía marcharse y luego cada una de ellas me cogió de un codo y me llevaron por el jardín.
-Bueno, Martha -comenzó a decir Samantha-. ¿Cuántos años tienes? Pareces muy joven...
-Tengo dieciocho -contesté, y por las miradas que me lanzaron se sorprendieron bastante-. ¿Qué ocurre? ¿Para algo con mi edad? -ellas me lanzaron una mirada extraña.
-No, en realidad no pasa nada -dijo Samantha-. Pero me acordé de mí a tu edad. Tengo veintiuno... Me casé con dieciocho, así que supongo que me he acordado de mí en ti.
Ladeé la cabeza para verla mejor.
-¿Como pudiste casarte a esa edad? -Pregunté, y me olvidé de los modales-. ¿Cómo pudo casarse a esa edad?
Samantha rió, al mismo tiempo que Beatrice lo hizo.
-Tutéame, a mí sí puedes tutearme. No voy a matarte por ello -sonrió ampliamente-. Siempre había estado enamorada de Drew desde el primer día que lo vi a las orillas del mar. No tenía ni idea del dinero que poseía, pues estaba de vacaciones en Reino Unido, y allí no era famoso por su empresa. Me acerqué a él, como excusa de que se me había perdido mi tabla de surf -rió-. ¡Ni siquiera sabía hacer surf! Él me creyó y buscó conmigo por toda la playa, hasta que le dije que no pasaba nada, que ya me compraría otra cuando tuviera dinero. Le di las gracias, y justo cuando comencé a irme, desde luego más decepcionada que de costumbre, me cogió del brazo y me invitó a cenar. Tras eso me llevó a mi casa, y un día más tarde recibí una tabla de surf en la puerta de mi casa. Tras eso comenzamos a quedar más a menudo... y se propuso. Dios, estaba locamente enamorada, aún lo estoy, y le dije que sí como loca. Más tarde me desveló todo sobre él... y no pude creerlo. ¡Le quería, con dinero o sin el!
Abrí los ojos, mientras intentaba asimilar todo aquello.
Pensé en Wesley. En Wesley sin riquezas, y en Wesley con ella.
Y me daba una mierda todo.
Lo quería con o sin ella. De eso estaba segura.

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