domingo, 14 de julio de 2013

Stay - Capítulo 8 (Fanfic Emblem3 - Wesley Stromberg)

Seguimos caminando hasta que Susie comenzó a corretear por el jardín, a la luz de la luna y vio su balón de playa y comenzó a pasarle el balón a Beatrice. Ésta se lo devolvía, un poco dislocado, pero lo hacía. Ambas se llevaban genial y supuse que sería porque ambas eran cuñadas. Las miré a las dos y de nuevo a Beatrice. Ella era más joven que Samantha... y ya era esposa, así que, aunque no fuese mi asunto, me metí en ello. Quería saber como deshacerme de este lío y conocer más a esta familia llena de secretos.
-Señorita Stromberg... -la llamé. Ella, inmediatamente me miró y sonrió-. ¿Puedo preguntarle algo?
-Podrás preguntármelo si no vuelves a llamarme por usted, cada vez que lo hacen me envejecen veinte años más -rió amablemente-. Dispara.
-¿Cuántos años tienes? -Pregunté, sin más rodeos. Ella sostuvo el balón bajo su pie derecho y estiró el cuello.
-Tengo un año más que tú, Martha -respondió mirándome fijamente-. Sé que preguntas quieres hacerme... ¿Por qué soy tan joven si me casé hace tres años?
Comencé a sentirme culpable y negué con la cabeza.
-No es mi asunto -le respondí cuando escuché su risa, a pocos pasos de mí.
-Tranquila, no es ningún secreto que deba ocultar. Aunque sí es cierto que no me gusta hablar de la historia. Que no es tan trágica, por cierto -sonrió Beatrice, lanzándole el balón a Susie-. Me casé con dieciséis años, al igual que él. Mi padre se arruinó y, por tanto, antes de que manchase el honor me concertó un matrimonio. Oh Dios, yo probablemente había pasado toda mi vida enamorada de Keaton, pero todo en secreto. Íbamos a la misma escuela privada... pero él nunca tuvo ojos para mí. Así que me enteré que iba a hablar con el padre Stromberg para que uno de sus hijos se casara conmigo -suspiró-. Para mí era una especie de sueño, y había deseado siempre eso, pero justo cuando vi como me miraba... Sus ojos no expresaban el amor que yo había soñado... Él estaba completamente cabreado por todo aquello. Incluso conmigo. Me culpaba de todo.
Pestañeé varias veces seguidas hasta que volví a coger aire.
-¿Y...? -Preguntó Samantha sonriendo-. Siempre se hace la dramática con este tema.
-Gracias Sammi -rió Beatrice-. Nos casamos en solo dos semanas, no es como me lo imaginaba. Él no me amaba por ese entonces... Nos compraron una casa como regalo de bodas, y no sabíamos que hacer con ella. ¿Uno en cada cama? ¿Uno en cada habitación? No me conocía de nada, salvo de vista, y tampoco pensé que tuviera muy buena impresión sobre mí -se encogió de hombros-. Tuvimos que irnos a la luna de miel. Oh Dios mío, nunca me olvidaré de aquello.
A Samantha comenzó a entrarle la risa tonta y Beatrice la miró con las cejas alzadas y riéndose también. Me pensaba lo peor, desde luego.
-Era virgen, más virgen que María cuando tuvo a Jesús -dijo Beatrice-. Y teníamos la obligación de acostarnos, a pesar de tener dieciséis años. Yo le dije que aún conservaba mi virginidad, él no quería montárselo conmigo porque, según dijo él, se sentiría como una gran mierda -sonrió-. Logré sacarme el vestido en el baño y luego salí con mi ropa interior, él ni siquiera sabía con que ojos mirarme, pero al final acabamos haciéndolo. Eso es lo que quise y lo que tuve.
-¡Beatrice, deja de ser tan dramática, termina! -Exclamó Samantha aún con una sonrisa, y luego me miró a mí-. Él, pobre de él, se enamoró al final de ella. Se lo dijo a los dos meses, que quería seguir casado con ella, que no quería que se divorciase de él por ser un pequeño estúpido; y tal y cual.
Beatrice la empujó mientras reía.
-¿Y por qué no nos cuentas tú como se te declaró Drew? -Preguntó-. Seguro que eso seguiría con nuestras risas, desde luego. Porque fue... épico.
-Tampoco fue tan bochornoso -contestó Samantha riéndose-. Hizo un plan para que su familia conociese a la mía, así que cuando todos nosotros llegamos a Nueva York él planeó pedirle mi mano a mi padre. Bueno, eso en realidad tampoco fue para tanto, en vez de a mi padre se lo pidió a mi tío. Mi tío pensó que le estaba pidiendo la mano a su hija, mi prima, y se cabreó. Ella llevaba casada como dos años. Fue tras él con una cerveza en la mano.
Beatrice lanzó la cabeza hacia atrás y comenzó a reírse sin parar.
-Yo ahí ya llevaba un año de casada con Keaton -respondió ésta-. Apenas conocía a Samantha, pero desde luego que en ese instante me cayó fenomenal su familia.
La dos se callaron de repente, aún pensando en el pasado y Susie llamó nuestra atención, ya que seguía jugando a la pelota ella sola y le habíamos dejado de prestar atención.
-¿Y tú, chica extranjera? -Preguntó Samantha-. ¿De dónde vienes?
-España -respondí amablemente-. ¿Y vosotras? Tampoco sois de aquí, ¿verdad?
-Que va, soy francesa -sonrió Samantha-. Por eso lo de las vacaciones a Reino Unido y tal...
-Yo soy de sueca, aunque mi padre decidió seguir con la empresa que mi abuelo había dejado en herencia -dijo Beatrice-. Por eso, básicamente, crecí aquí.
-Tenéis nombres ingleses -respondí.
-Al igual que tú, pequeña -respondió Samantha señalando la placa que tenía en mi uniforme-. ¿Martha? Ese nombre en España es sin hache. Pero tú te lo has cambiado, al igual que nosotras.
Reí tontamente mientras la voz de Beatrice volvía a mis oídos.
-Y ahora es cuando puedes contarnos que estás liada con Wesley -soltó. Le miré con los ojos abiertos como platos y ellas sonrieron moviendo la cabeza-. Lo sabíamos. En realidad no es porque el sea un golfo... En realidad pensábamos que quería a Carly, y si no... ¿por qué aguantar a semejante pelleja? Pero vi que le mirabas con recelo, y luego vi que él te miraba de una forma tan... extraña... -sonrió-. Conozco esa mirada. Él está viviendo algo cerca al amor.
-Con él mismo -refunfuñé. Ambas se rieron.
-Yo creo que es por ti, eh -prosiguió Samantha-. Él te quiere, y creo que eso está bastante claro... Ahora la duda es... ¿Cuánto precio pagarías por estar con él?
Entrecerré los ojos sin saber adónde querían llegar.
-¿Eso... qué significa?
-Wesley es de los tíos que se mojan aún pensando que va a salir mal... Así que... ¿por qué le has rechazado? -Preguntó Samantha, mirándome.
-No le rechacé -respondí-. Él al principio quería que huyéramos juntos, luego se acostó conmigo y me dejó atrás para que nadie viese que estaba conmigo...
Ellas dos se miraron.
-Son chicos, no intentes comprenderlos, porque saldrás mal parada -dijo Beatrice-. Wesley es más fácil de entender que un reloj con agujas -sonrió-. A ver si estoy en lo cierto: tú pensaste que él quería ocultarte y te lo tomaste a mal. ¿Estoy o no lo estoy?
Asentí, a pesar de que me costaba parpadear.
-Simplemente se creyó que sólo te interesa su dinero -contestó Samantha esta vez-. Y se acostó contigo para demostrarte que nadie puede reírse de él... Él se vengó... Aunque es un precio que a todas nos gustaría pagar -rió.

Beatrice le dio con el codo para también reírse, y luego me abrazaron, como si nos conociéramos de toda la vida. Y lo más raro de todo es que me gustó ese gesto. Me reconfortó. 

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