Seguimos
caminando hasta que Susie comenzó a corretear por el jardín, a la
luz de la luna y vio su balón de playa y comenzó a pasarle el balón
a Beatrice. Ésta se lo devolvía, un poco dislocado, pero lo hacía.
Ambas se llevaban genial y supuse que sería porque ambas eran
cuñadas. Las miré a las dos y de nuevo a Beatrice. Ella era más
joven que Samantha... y ya era esposa, así que, aunque no fuese mi
asunto, me metí en ello. Quería saber como deshacerme de este lío
y conocer más a esta familia llena de secretos.
-Señorita
Stromberg... -la llamé. Ella, inmediatamente me miró y sonrió-.
¿Puedo preguntarle algo?
-Podrás
preguntármelo si no vuelves a llamarme por usted, cada vez que lo
hacen me envejecen veinte años más -rió amablemente-. Dispara.
-¿Cuántos
años tienes? -Pregunté, sin más rodeos. Ella sostuvo el balón
bajo su pie derecho y estiró el cuello.
-Tengo
un año más que tú, Martha -respondió mirándome fijamente-. Sé
que preguntas quieres hacerme... ¿Por qué soy tan joven si me casé
hace tres años?
Comencé
a sentirme culpable y negué con la cabeza.
-No
es mi asunto -le respondí cuando escuché su risa, a pocos pasos de
mí.
-Tranquila,
no es ningún secreto que deba ocultar. Aunque sí es cierto que no
me gusta hablar de la historia. Que no es tan trágica, por cierto
-sonrió Beatrice, lanzándole el balón a Susie-. Me casé con
dieciséis años, al igual que él. Mi padre se arruinó y, por
tanto, antes de que manchase el honor me concertó un matrimonio. Oh
Dios, yo probablemente había pasado toda mi vida enamorada de
Keaton, pero todo en secreto. Íbamos a la misma escuela privada...
pero él nunca tuvo ojos para mí. Así que me enteré que iba a
hablar con el padre Stromberg para que uno de sus hijos se casara
conmigo -suspiró-. Para mí era una especie de sueño, y había
deseado siempre eso, pero justo cuando vi como me miraba... Sus ojos
no expresaban el amor que yo había soñado... Él estaba
completamente cabreado por todo aquello. Incluso conmigo. Me culpaba
de todo.
Pestañeé
varias veces seguidas hasta que volví a coger aire.
-¿Y...?
-Preguntó Samantha sonriendo-. Siempre se hace la dramática con
este tema.
-Gracias
Sammi -rió Beatrice-. Nos casamos en solo dos semanas, no es como me
lo imaginaba. Él no me amaba por ese entonces... Nos compraron una
casa como regalo de bodas, y no sabíamos que hacer con ella. ¿Uno
en cada cama? ¿Uno en cada habitación? No me conocía de nada,
salvo de vista, y tampoco pensé que tuviera muy buena impresión
sobre mí -se encogió de hombros-. Tuvimos que irnos a la luna de
miel. Oh Dios mío, nunca me olvidaré de aquello.
A
Samantha comenzó a entrarle la risa tonta y Beatrice la miró con
las cejas alzadas y riéndose también. Me pensaba lo peor, desde
luego.
-Era
virgen, más virgen que María cuando tuvo a Jesús -dijo Beatrice-.
Y teníamos la obligación de acostarnos, a pesar de tener dieciséis
años. Yo le dije que aún conservaba mi virginidad, él no quería
montárselo conmigo porque, según dijo él, se sentiría como una
gran mierda -sonrió-. Logré sacarme el vestido en el baño y luego
salí con mi ropa interior, él ni siquiera sabía con que ojos
mirarme, pero al final acabamos haciéndolo. Eso es lo que quise y lo
que tuve.
-¡Beatrice,
deja de ser tan dramática, termina! -Exclamó Samantha aún con una
sonrisa, y luego me miró a mí-. Él, pobre de él, se enamoró al
final de ella. Se lo dijo a los dos meses, que quería seguir casado
con ella, que no quería que se divorciase de él por ser un pequeño
estúpido; y tal y cual.
Beatrice
la empujó mientras reía.
-¿Y
por qué no nos cuentas tú como se te declaró Drew? -Preguntó-.
Seguro que eso seguiría con nuestras risas, desde luego. Porque
fue... épico.
-Tampoco
fue tan bochornoso -contestó Samantha riéndose-. Hizo un plan para
que su familia conociese a la mía, así que cuando todos nosotros
llegamos a Nueva York él planeó pedirle mi mano a mi padre. Bueno,
eso en realidad tampoco fue para tanto, en vez de a mi padre se lo
pidió a mi tío. Mi tío pensó que le estaba pidiendo la mano a su
hija, mi prima, y se cabreó. Ella llevaba casada como dos años. Fue
tras él con una cerveza en la mano.
Beatrice
lanzó la cabeza hacia atrás y comenzó a reírse sin parar.
-Yo
ahí ya llevaba un año de casada con Keaton -respondió ésta-.
Apenas conocía a Samantha, pero desde luego que en ese instante me
cayó fenomenal su familia.
La
dos se callaron de repente, aún pensando en el pasado y Susie llamó
nuestra atención, ya que seguía jugando a la pelota ella sola y le
habíamos dejado de prestar atención.
-¿Y
tú, chica extranjera? -Preguntó Samantha-. ¿De dónde vienes?
-España
-respondí amablemente-. ¿Y vosotras? Tampoco sois de aquí,
¿verdad?
-Que
va, soy francesa -sonrió Samantha-. Por eso lo de las vacaciones a
Reino Unido y tal...
-Yo
soy de sueca, aunque mi padre decidió seguir con la empresa que mi
abuelo había dejado en herencia -dijo Beatrice-. Por eso,
básicamente, crecí aquí.
-Tenéis
nombres ingleses -respondí.
-Al
igual que tú, pequeña -respondió Samantha señalando la placa que
tenía en mi uniforme-. ¿Martha? Ese nombre en España es sin hache.
Pero tú te lo has cambiado, al igual que nosotras.
Reí
tontamente mientras la voz de Beatrice volvía a mis oídos.
-Y
ahora es cuando puedes contarnos que estás liada con Wesley -soltó.
Le miré con los ojos abiertos como platos y ellas sonrieron moviendo
la cabeza-. Lo sabíamos. En realidad no es porque el sea un golfo...
En realidad pensábamos que quería a Carly, y si no... ¿por qué
aguantar a semejante pelleja? Pero vi que le mirabas con recelo, y
luego vi que él te miraba de una forma tan... extraña... -sonrió-.
Conozco esa mirada. Él está viviendo algo cerca al amor.
-Con
él mismo -refunfuñé. Ambas se rieron.
-Yo
creo que es por ti, eh -prosiguió Samantha-. Él te quiere, y creo
que eso está bastante claro... Ahora la duda es... ¿Cuánto precio
pagarías por estar con él?
Entrecerré
los ojos sin saber adónde querían llegar.
-¿Eso...
qué significa?
-Wesley
es de los tíos que se mojan aún pensando que va a salir mal... Así
que... ¿por qué le has rechazado? -Preguntó Samantha, mirándome.
-No
le rechacé -respondí-. Él al principio quería que huyéramos
juntos, luego se acostó conmigo y me dejó atrás para que nadie
viese que estaba conmigo...
Ellas
dos se miraron.
-Son
chicos, no intentes comprenderlos, porque saldrás mal parada -dijo
Beatrice-. Wesley es más fácil de entender que un reloj con agujas
-sonrió-. A ver si estoy en lo cierto: tú pensaste que él quería
ocultarte y te lo tomaste a mal. ¿Estoy o no lo estoy?
Asentí,
a pesar de que me costaba parpadear.
-Simplemente
se creyó que sólo te interesa su dinero -contestó Samantha esta
vez-. Y se acostó contigo para demostrarte que nadie puede reírse
de él... Él se vengó... Aunque es un precio que a todas nos
gustaría pagar -rió.
Beatrice
le dio con el codo para también reírse, y luego me abrazaron, como
si nos conociéramos de toda la vida. Y lo más raro de todo es que
me gustó ese gesto. Me reconfortó.
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