domingo, 14 de julio de 2013

Stay - Capítulo 9 (Fanfic Emblem3 - Wesley Stromberg)

Sobre las doce y media de la madrugada me dejaron entrar, y como Susie, Samantha y Beatrice no me dejaron en ningún momento, entramos las cuatro a la vez. En cuanto vimos como estaba el salón abrimos la boca.
La pequeña mesa que usaban para tomar el dichoso té estaba volcada y éstos sobre el suelo, rotos. Samantha resopló con indignación mientras Beatrice miraba a todos los lados, intentando ver algún indicio de qué había pasado. Sin embargo, fue Sam el primero que se acercó a nosotras y nos hizo una seña junto con una reverencia, (en realidad iba para ellas, no pasa mí).
-¿Qué ha pasado aquí? -Preguntó algo histérica Samantha-. ¿Se puede saber dónde están los... que estaban aquí? Y no sólo pregunto por mi marido sino por los demás, en general.
-Ha habido un pequeño altercado, pero todo podrá solucionarse... -comenzó a decir Sam, antes de que Beatrice se le acercara y lo estampase contra la pared con la mano en el pecho de él.
-Te lo vamos a volver a preguntar -volvió a decir-. ¿Dónde cojones están todos?
Miré a Sam y tragué saliva, a la misma vez que le mandaba fuerzas.
-Los señores Stromberg y el señor Chadwick están en el despacho del señor -confesó, aunque tartamudeando por la ira que irradiaba Beatrice y Samantha-. Están teniendo una charla importante y se me ha exigido que no les molesten.
Cuando vi la pequeña sonrisa de Beatrice supe que iba a saltarse el aviso por la jeta, y más después de que Samantha fuese derecha hacia las escaleras con Beatrice detrás. No sabía que hacer, hasta que Susie me empujó hacia ellas, y éstas me hicieron un gesto con la cabeza. Correteamos por el ala hasta llegar al despacho, ni siquiera tocaron (algo que me sorprendió) y se metieron las tres de saco en la habitación.
-¿Qué demonios os ha pasado? -Gritó Samantha-. ¿Pero que habéis pasado de ser empresarios a formar parte de una banda juvenil?
El marido de ella, Drew, fue el primero en acercarse hacia ella y darle un beso en los labios mientras sonreía.
-Estamos bien -respondió-. Aunque Wesley parece ser el que peor lleva el moretón en el ojo.
Pude hacerme un hueco mientras miraba la cara de Wesley, este parecía que le habían dado más de cinco puñetazos a la vez. Tenía el ojo verde-morado. Sabía que debería de sentirme satisfecha por lo que le había pasado, pero no era así. Sentía deseos de acercarme a él y abrazarlo y comprobar que todo estaba bien.
-Supongo que la cosa se nos fue un poco de las manos -añadió Keaton, viniendo hacia nosotras, mientras rodeaba a su esposa con un brazo y le plantaba un beso en la boca-. Tendremos que hacer algo para solucionar todo esto.
Wesley rugió mientras nos miraba uno a uno y empezó a hacer espasmos con las manos.
-Iros, antes de que me subáis el dolor de cabeza -se quejó mientras se tiraba en la silla.
-Dios mío, Wes, a veces no hay quien te soporte -dijo Beatrice negando con la cabeza.
Fueron yéndose uno tras otro pero yo aún seguía parada ahí, en mitad del despacho, sin ningún consentimiento. No quería irme, ni dejarlo tal y como estaba ahora... Me daba igual si él me echaba o no. Lo sorprendente fue como todos se fueron, cerrando la puerta, sin decirme ni una sola palabra. Él yacía con los ojos cerrados como si intentara aguantar el dolor que tenía.
Me acerqué a él, haciendo que mis zapatos hicieran ruido contra la madera.
Él abrió los ojos de golpe.
-¿No os había dicho a TODOS que os fueseis? -Preguntó Wesley cabreado-. Y con todos me refería también a ti, Martha. Así que si me permites... -dijo alargando un brazo-, vete.
Me senté enfrente e ignoré sus palabras.
-Aún te sangra el labio -le dije-. ¿Quieres que te lo cure? -Él me miró como si me hubiera vuelto completamente loca y negó con la cabeza.
-¿Recuerdas que pedí a una niñera que no fuera alcohólica? -Preguntó a la nada-. Pues creo que me confundí al cogerte a ti, pequeña.
Rodeé los ojos e insistí:
-¿Puedo curarlo o vas a seguir portándote como un idiota? -Pregunté, algo mosqueada por el simple hecho de que él pensase que yo era un simple niñera que buscaba su dinero-. ¿Me vas a decir que te molesta de mí? ¿El por qué me has desechado como si fuera una... mierda?
Él volvió a cerrar los ojos, y cuando menos me lo esperé dejó caer sus manos en el escritorio creando un fuerte sonido. Un sonido que, seguramente, se oyó a cuatro hectáreas.
-Óyeme bien -me dijo mientras apretaba la mandíbula-. No quiero verte más por aquí. Es más, no quiero verte más. Lárgate de esta casa cuanto antes, coge ahora mismo las cosas y esfúmate. Buscaré a una suplente para Susie.
Abrí los ojos y agarré la mesa por si el veneno que irradiaba su voz, me hacía caer.
-Tú crees que todas las chicas somos iguales, ¿verdad? -Pregunté con la voz totalmente ronca-. Crees que todas las que no nacemos ricas queremos a un chico rico, que satisfaga nuestras necesidades económicas. Pero no tienes ni puta idea de lo que yo quiero. Ni siquiera me conoces.
Él parecía cabrearse aún más, por tanto, se acercó aún más a mí.
-Te dije que huyeras conmigo -rugió-. Me dijiste que no, que te quería ocultar de la sociedad... ¡Tú lo que mierda querías era mi puto dinero! ¿Pero sabes qué? ¿Quieres dinero? ¡Yo puedo darte todo lo que quieras en cuanto te mande de una patada a la calle!
Apreté tanto los labios que se me tornaron de un blanco folio.
-¡No, pedazo de imbécil! -Chillé, sin importarme quien me oía o no-. ¡Yo pensé que tú no me querías presentar a la sociedad porqué pensabas que era una paleta de pueblo! ¡Fue exactamente lo que te dije, inútil! ¡Y es exactamente lo que pensé! ¿Pero tú sabes qué también? ¡Que él único paleto de mierda eres tú! -Exclamé, tirando la silla, y llorando a mares mientras aún gritaba-. Pensé... Pensé que luego de que te lo dejara claro tú me acogerías entre tus brazos, Wesley. ¡Eso hiciste! ¿Pero luego que hicistes? Marcharte... Avergonzarte de mí. ¡Sólo lo hiciste para hacerme daño! -Hice puños con mis manos-. ¡Era virgen, joder! ¿Pensabas que te iba a dar mi virginidad a cambio de... infelicidad para toda la vida? ¡No quiero un puñado de dinero si no tengo el amor que me merezco, el amor que quiero!
Cogí la silla de mala manera para ponerla derecha y luego anduve hasta la puerta, pero antes de que llegase a ella, sentí los labios dolorosos de Wesley sobre mi nuca.
-Soy un pedazo de idiota -dijo entre gruñidos-. Un pedazo de idiota que no te merece de verdad, Martha. Siento muchísimo todo esto, pensé... Dios mío, la he cagado, ¿verdad?
-Sí -contesté mientras las lágrimas aún salían.
-¿Vas a poder darme otra oportunidad? -Preguntó. Y antes de que siguiera hablando, me di la vuelta y estampé mis labios con los suyos, para cuando sus manos estuvieron en mi cintura una puerta se abrió.
Ambos miramos hacia él/ella y... supe que me había metido en un lío.
Otra vez.


 Carly parecía estar teniendo una pesadilla.

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