Bajé
las escaleras corriendo, intentando no caerme y salir despedida hacia
abajo. A mí nunca se me informaba de nada ya. Ahora si venían
visitas, yo no era para nada informada. No me querían tener por si
empeoraba la situación, pues yo estaba todo el día con la cara de
perro. ¿Pero qué se puede hacer si es lo que ya te acostumbraste?
La cosa no era más sencilla porque no podía. Eso sí, bajé porque
necesitaba comer de alguna manera. No iba a dejar de alimentarse sólo
porque mi familia, y la familia de Carl iba a venir...
En
realidad ya habían venido.
-Hola,
Neus -saludó la madre de Carl sonriéndome ampliamente, como si
se alegrase de verme-. Hacía mucho que no te veía. Dice tu madre
que estás estudiando mucho, y le comenté que esto está muy bien.
Pues escuchaba que sacabas siempre bienes y notables... A veces hay
que ser como Nicole, ¿verdad?
Puta
vieja charlatana de mierda...
-Oh,
¿y qué tal de novios, querida? -Siguió hablando a pesar de que
no le había dicho ni una palabra-. Dice tu madre que no tienes
aún ninguno, pero que hay un chico al que ella le gustaría que...
tuvieras relación. ¿Quién era? Oh, sí, Kent. Dice que es muy
guapo y caballeroso... Querida, ¿por qué no lo intentáis? ¿A él
no le gustas? Mira que a veces una mujer tiene que enseñar sus
armas... Estaría bien.
Si
alguien no la obligaba a callarse lo haría yo, con un puñetazo en
la mandíbula.
-Mi
madre debería dejar de hablar tanto de mi vida -dije furiosa
mientras miraba de reojo a mi madre, que me miraba a mí con
decepción-. Y de tratarme como si tuviera ocho años. Eso sí que
estaría bien.
La
madre de Carl iba a seguir hablándome pero me quité de su alcance.
Miré a mi hermana que estaba hablando animadamente con su suegro y
su novio, que como siguiera así sería su esposo. Perfecto. Nicole
estaba más cerca que yo de obtener la felicidad, y yo aún estaba
parada aquí riéndome de sus suegros. Oh, eso sí que no lo
envidiaría.
El
timbre de la puerta sonó, y fui la primera en moverme hacia ella.
Abrí y me encontré a Kent con una gran sonrisa en su rostro. Paseó
su mirada a mi casa, me giré sobre mí misma y descubrí que mi
madre y la suegra de Nicole le estaban mirando fijamente. Se estaban
susurrando una a otra.
-Hey
nena -me saludó con un beso en la frente. Miraba extrañado a
mis espaldas, mientras yo resoplaba histérica-. ¿Qué les pasa?
¿Por qué me miran así? ¡Hola señora Lekker!
Mi
madre se acercó más feliz que una perdiz hacia Kent, y le dio dos
besos. Ellos dos se conocían desde hacía años, así que no había
ningún tipo de incomodidad. Se separaron, y antes de que Kent
pudiera verlo, la madre de Carl se lanzó hacia él para abrazarlo.
Él se quedó un poco sorprendido pero se rió mientras le
correspondía al abrazo. Si por algo era conocido Kent era por su
facilidad para hacer amigos.
-Hola
joven guapo -sonrió Ashley, la madre de Carl, como he podido
expresar veinte veces-. Me han dicho que eres amigo de Neus. Madre
mía, eres muy guapo, ¿lo sabías?
Kent
sonrió intentando no reírse y asintió con la cabeza.
-Oh,
Dios mío, pasa. Entra -dijo Ashley, como si ella fuera la ama de
mi casa-. Aún no tengo entendido algunas cosas... ¿Desde cuando
Neus y tú sois amigos?
-En
realidad no somos simples amigos, somos mejores amigos -sonrió
Kent, lo cuál me hizo sonreír a mí-. Desde que yo tenía doce
años y ella once.
Ashley
intentaba captar el mensaje lo más rápido posible, pero al parecer
su mente era más pequeña de lo previsto. Rodeó a Kent con un brazo
y le arrimó hacia ella para luego comentarle:
-Hemos
pensado la señora Lekker y yo en que quizás vosotros dos... Ya
sabéis... -comenzó a decir mientras yo la miraba boquiabierta-.
A ver... Una chica no puede tener esos modales y conseguir que
alguien se acerque a ella... Es basta y sus notas son flojas. Tú
eres un guapo muchacho y ya os conocéis... Nos hubiera gustado hacer
una boda doble.
Creo
que mi boca estaba completamente abierta, porque mi madre me miraba
sorprendida y en sus ojos había algo de advertencia. No me importó
una mierda, salté de repente, haciendo que todos los de la sala se
fijaran en mí.
-¡Pe...
Pedazo de bruja! -Chillé con toda mi alma-. ¡No te metas en
mis putos asuntos! ¡Si eres una puta vieja amargada, págalo con tu
hijo o con la novia de tu hijo! -Seguí gritando, sintiendo como
Kent me agarraba del brazo y me echaba hacia atrás-. ¡Jodida
vieja menopáusica!
-Ya
está, Neus... Vámonos -me susurró Kent al oído, mientras me
sacaba a rastras de casa-. Lo siento señora Lekker. Pido
disculpas a todo el mundo.
-Esto
no es culpa tuya, Kent -susurró mi hermana mientras me miraba
decepcionada-. Neus nunca puede comportarse. Luego se pregunta el
porqués no le contamos los planes... Eres una amargada, hermana. Ni
siquiera te importa mi felicidad... Al ser mi hermana mayor pensaba
que te importaba más que nadie... Me gustaría que le pidieses
perdón a Ashley.
Carcajeé
irónicamente.
-Ni
muerta -dije con voz grave. Kent se despidió con la mano
mientras me sacaba a rastras de casa.
Volví
a casa tras dos horas, pues sabía que ellos se irían a algún lado
a comer en familia. Sí. Se llamaba familia cuando mi presencia no
molestaba. Ya me importaba una mierda todo lo que tuviera que ver con
ellos, con la felicidad de mi hermana y con su querida suegra... Que
era más viperina de lo que pensaba.
Fui
directa al armario para buscar vestidos y tacones que me sirvieran.
Encontré uno que me compró Tina y me lo puse. Era de color violeta,
me llegaba al muslo y se ataba al cuello. Era bastante sencillo pero
serviría para ir a las carreras... O eso esperaba. Me puse unos
tacones bastante altos, pero no me importó. Por primera vez en la
vida iba a hacer algo distinto... Si ya me criticaban siendo una
santurrona, ahora iban a hacerlo pero con motivos.
Kent
me había dejado claro que había varias normas que cumplir. Pues al
llegar allí nos teníamos que buscar algún conductor y montarnos
con ellos, o sino tendría que llevar yo coche y conducir. Y dado que
no sabía hacerlo, preferí no matarme tan locamente. También que
los abrigos no se necesitaban. Tenían como costumbre que ellos le
dieren las chaquetas de cuero a sus acompañantes. Me pareció una
gran estupidez, pero lo acepté.
Sólo
me quedaba saber que me pararía el día.
-¡Bienvenidos!
-Gritó el chico por el micrófono. Acto seguido mis amigas y yo
nos tapamos los oídos. La grave y ronca voz del hombre que acababa
de gritar estaba haciendo eco por todo el descampado, gracias a los
enormes altavoces. Allí había dos tipos de chicas: las que iban a
conducir, y se diferenciaban por la ropa de cuero que poseían. Y las
chicas que acompañaban a los conductores, que usaban pantalones
cortos como bragas y camisetas como top. Negué con la cabeza
decepcionada de aquel sitio, e intenté enfocar mejor mi vista para
poder verlo todo. Había más coches que personas y todos estaban
tuneados, por lo que no sabía si era buena idea montar... Pero una
vez era una vez.
Tina
se puso tensa cuando notó una mano en su hombro, y al girarse vio a
un chico rubio de muy alta estatura. Tenía unos cuantos piercings
adornándole el rostro. Era
guapo, desde luego, pero tampoco es que me tranquilizara mucho los
tatuajes que poseía sus brazos. Él levantó ambas cejas e hizo un
movimiento de cabeza.
-¿Quieres
probar conmigo, muñeca? -Preguntó mientras sonreía.
Tina
nos miró con una sonrisa vacilante en sus labios, y ya sabía que
iba a aceptar la oferta.
-Claro,
¿por qué no? -Seguía sonriendo mientras enlazaba una mano con
la de él-. Espero que conduzcas bien... No me apetece chocarme el
primer día que vengo.
¿Cómo
que el primer día que iba? ¿Pensaba venir más a menudo? Pues no sé
si en esos planes entraba yo, puestos que no me fiaba ni un pelo de
ninguno de estos... ¿Con quién coño me iba a ir yo...? No conocía
a nadie de aquí... Y para qué engañarme... Con todas las chicas
facilonas que había aquí, a nadie se le ocurriría preguntarme a
mí.
-Dios
mío Bianca -susurré justo al lado de ella-. ¿Se puede saber
donde está Kent y a quién va a subir?
Bianca
me miró entrecerrando los ojos.
-Me
iba a subir a mí, ¿recuerdas? -Me pasó un brazo por mi
cintura-. No te preocupes, alguien te subirá. Y cuando yo baje
que te suba Kent al coche. Un intercambio.
Le
miré pidiéndole ayuda con la mirada.
-Te
suplico, Bianca -dije mientras cerraba mis ojos de golpe-. Yo
no valgo para esto. Nadie me va a pedir que vaya en su coche... Y, si
te soy sincera, creo que me alivia. Además, tú ligas muchísimo, te
será más fácil que a mí...
-¿Después
de lo de Gary? -Preguntó negando con la cabeza-. Prefiero
pasar de los tíos ahora, salvo Kent.
Asentí
con la cabeza mientras miraba como un par de chicas, normales
-gracias a Dios-, venían refrescos. Le hice una seña a Bianca de
que me iría allí para coger algo de beber, y ella me sonrió de
vuelta.
-Hola
-saludé mientras me devolvían el saludo, con una sonrisa en sus
rostros-. Agua, por favor.
Me
dieron la botella de agua mientras entregaba el dinero, y cuando fui
a darme la vuelta, choqué contra alguien. Me quejé a la misma vez
que me tocaba la frente y levantaba la mirada.
-¿William?
-Pregunté boquiabierta al verlo tal y como estaba ahora. Tenía el
cabello alborotado y sujetaba la cazadora de cuero sobre el hombro.
Me miró de arriba abajo y luego miró hacia atrás. Parecía
sorprendido, pero no más que yo de ver como uno de sus brazos poseía
tatuajes, y como el otro brazo estaba cubierto de heridas.
-¿Neus?
-Preguntó él, de vuelta-. ¿Qué haces aquí? No esperaba
encontrarte aquí.
Le
miré fijamente mientras alzaba una ceja. Sabía que lo que pasó
cuando nos conocimos tan solo era una excusa, pero no pensé que
estaría en ese plan; alucinando porque yo estaba ahí. ¿Es qué se
imaginaba que era una chica aburrida, que no se arriesgaba y que
prefería quedarse en casa viendo una película? Pues bien, me había
pillado.
-Bueno,
pues ya somos dos sorprendidos -fingí una sonrisa, y me esmeré
en que él supiera que era falsa-. Pero tranquilo, no pretendía
molestarte, y mucho menos si tienes que conducir y llevar alguna
de... -señalé a varias chicas-, estas.
Él
se rió para luego mirar sobre mi hombro y recibir una botella de
agua. Estaba acostumbrado a venir por aquí, así que las chicas lo
tendrían más que visto. Pero no sé porque ese hecho me tenía que
molestar a mí...
-Tienes
suerte de que no tenga aún acompañante -entrecerró los ojos,
sin decir nada más.
Le
miré con suspicacia y alcé los hombros para luego dejarlos caer.
-¿Sí?
Pues que interesante...
Me
miró y sonrió ampliamente, fijándome en como sus hoyuelos se
marcaban. Oh mi ángel, mirar a aquel chico era como caer en su
trampa. Mirase por donde mirase solo había más y más virtudes.
-Vienes
conmigo, ratita -soltó mientras me daba su cazadora. Me miró
mientras guiñaba un ojo-. Póntela.
¿Qué?
-¡Eh,
tú! -Gritó un chico más o menos de la estatura de William. Se
acercó a él y pude ver como éste le lanzaba una mirada de odio.
Whoah, no se llevaban bien-. Pensaba que te habrías asustado y no
vendrías.
William
rodó los ojos, mientras el chico pasaba la mirada hacia mí. Me
inspeccionó de arriba abajo y me sentí completamente desnuda. Mi
ángel, lo que puede hacer una mirada.
-¿Ella
es tu acompañante? -Preguntó el chico, mientras seguía
evaluandome de arriba abajo-. No son las típicas que siempre
andan por aquí, pero está muy... pero que muy...
No
le dio tiempo a terminar, pues William había puesto una mano sobre
su hombro y el chico se había sobresaltado. Pero antes de que
William dijera una palabra, le respondí.
-No.
No soy su acompañante -dije mientras le tiraba la cazadora a
William y el fruncía las cejas, confundido-. Pero si no tienes
acompañante, aquí me tienes.
William
abrió los ojos de hito en hito. En ese momento, que vi sus grises
ojos abrirse, me di cuenta de que yo también quería hacerlo. Estaba
haciendo la estúpida y lo sabía. Podía haberme ido con William que
ya lo conocía, y no sería tan... incómodo; pero por lo estúpido
que parecía ser, prefería irme con el chico al que no conocía en
absoluto.
¿Cómo
coño se llamaba?
-¡Perfecto!
-Exclamó el chico sonriendo ampliamente, mientras sus ojos azules
reflejaban emoción-. Me llamo Patrick. Encantado de conocerte,
pequeña.
-Mientras
no me llames pequeña estamos bien -ladeé la cabeza, mientras él
me daba su cazadora-. Sí, tengo que ponérmela. Ya me enteré.
Sonrió
mientras me hacía una señal hacia el coche azul, y se encaminaba
hacia él. Tenía que seguirle pero sentí una mano que agarraba
fuerte mi brazo.
-Estás
loca si piensas que te vas a montar con él -resopló William
mientras me miraba fijamente-. Tú ni siquiera sabes como son
estas carreras, Neus. No vayas a hacerlo por el simple hecho de que
quieras experimentar algo nuevo.
Le
miré de arriba abajo y fruncí el ceño.
-Déjame
en paz -me solté de su agarre-. No eres quién para decirme
que tengo o no tengo que hacer. Voy a hacer esto porque me gusta. Sé
que me gustará.
Él
echó la cabeza hacia atrás y lanzó una carcajada. Demasiado grave
para ser de felicidad.
-Estás
completamente como una cabra -rugió-. ¿Tú has visto a todas
las que están aquí? ¿Y te has visto tú? Por favor, si no puedes
pasar por ninguna de ellas. Si sigues aquí por más tiempo acabarás
como ellas, y créeme que estos no son, precisamente, príncipes
azules.
-¿Príncipes
azules? -bufé-. ¿De verdad me ves así? Oh, espera. ¿Te
crees que soy una puta niñata con un sueño de una niña de cinco
años? ¡Y has sido tú antes el que querías que subiera a tu coche!
Él
volvió a cogerme del brazo y a acercar su cara a la mía. Sentía su
aliento cálido sobre mis mejillas, y su fría mirada contra mis
labios, para luego ir subiendo poco a poco hasta mis ojos.
-Te
vas a arrepentir, ratita -gruñó, antes de irse hacia un coche
negro parado al lado del coche de Patrick.
Estaba
recién montada en el coche, junto con Patrick y su cazadora sobre
mis hombros. Estábamos esperando a que la chica semi-desnuda diese
el pregón. Contenía una bandera en cada mano. Parecía divertida
por mostrarse en top y bragas allí... con el puto frío que hacía.
Respiré nerviosa, sintiendo como cada extremidad de mi cuerpo se
movía al compás, con pequeños espasmos. Estaba nerviosa, sí. Y
más cuando Patrick me miraba de reojo y me recorría con la mirada,
de arriba abajo.
Giré
mi mirada hacia la derecha, a mi ventanilla, para encontrarme con la
mirada de William puesta en mí. Abrí la boca, pero antes de que me
diera cuenta la chica ya comenzaba a gritar.
Respiré
por última vez antes de que Patrick arrancara el coche y derrapara
en el intento de salir disparado.
Cosa
que salió bien, y cosa que me asustó hasta la médula.
Me
agarré fuerte contra el asiento, sabiendo que no me serviría de
nada, completamente de nada agarrarme a algo tan absurdo. No había
cinturón en el coche, por normas de las carreras. No sabía como
coño mantenerme quieta en el asiento, y no orinarme encima.
Comenzaba a calmar mis nervios cuando supe de que iba en realidad
esta carrera... Los coches no simplemente corrían como putos locos
en un manicomio, sino que también intentaban deshacerse de otros
coches chocándose con ellos. Mostrando los dientes Patrick se arrimó
a uno, y comenzó a acelerar a frenar seguidamente. Me dolía la
espalda, mi cuello estaba en tensión y sentía un dolor inmenso
sobre mis hombros. No pensé que podía empeorar cuando Patrick pulsó
un botón en el salpicadero y el coche cogió una velocidad
sobrenatural. Por un momento pensé que esto volaría en cualquier
instante, pero en realidad era mi cuerpo el que, prácticamente, lo
estaba haciendo. Me agarré con fuerza a la ventana, al sillón
mientras que estiraba mis pies para quedarme totalmente recta . El
aire me daba en el rostro y era incapaz de ver.
-¡Mierda!
-Gritó Patrick enfadado-. El cabrón de Doyle.
Y
supe al instante de quien se trataba. William estaba más adelantado
que él, y eso a Patrick le estaba enfadando terriblemente. Le estaba
dando sobre la puerta trasera del coche negro, mientras William
apretaba la mandíbula e intentaba mantener su coche en línea,
intentando acelerar, pero sabiendo que Patrick no lo dejaría. Él me
miró un momento antes de lanzarse bruscamente contra Patrick. Abrí
los ojos instantáneamente antes de sentir como el calambre me pasó
por todo el cuerpo entumecido. Mis piernas no acompañaban al resto
de mi cuerpo. Mi mente estaba difuminada. Y sentía unas ganas
inmensas de llorar, cosa que hice, mientras de repente Patrick frenó
de sopetón. Sentí un crujido.
Y
ese crujido era mío.
Sabía
que una de mis costillas no había sobrevivido al viaje.
¿Cómo
iba a explicar esto en mi casa?
-¡Neus!
Joder, Neus, despierta -oí una voz grave y desgarrada. Entreabrí
los ojos y vi unos ojos conocidos ojos grises-. Neus, maldición,
di algo.
Es
lo último que oí antes de caer de nuevo en la oscuridad.
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