martes, 20 de agosto de 2013

Frena - 1

Bajé las escaleras corriendo, intentando no caerme y salir despedida hacia abajo. A mí nunca se me informaba de nada ya. Ahora si venían visitas, yo no era para nada informada. No me querían tener por si empeoraba la situación, pues yo estaba todo el día con la cara de perro. ¿Pero qué se puede hacer si es lo que ya te acostumbraste? La cosa no era más sencilla porque no podía. Eso sí, bajé porque necesitaba comer de alguna manera. No iba a dejar de alimentarse sólo porque mi familia, y la familia de Carl iba a venir...
En realidad ya habían venido.
-Hola, Neus -saludó la madre de Carl sonriéndome ampliamente, como si se alegrase de verme-. Hacía mucho que no te veía. Dice tu madre que estás estudiando mucho, y le comenté que esto está muy bien. Pues escuchaba que sacabas siempre bienes y notables... A veces hay que ser como Nicole, ¿verdad?
Puta vieja charlatana de mierda...
-Oh, ¿y qué tal de novios, querida? -Siguió hablando a pesar de que no le había dicho ni una palabra-. Dice tu madre que no tienes aún ninguno, pero que hay un chico al que ella le gustaría que... tuvieras relación. ¿Quién era? Oh, sí, Kent. Dice que es muy guapo y caballeroso... Querida, ¿por qué no lo intentáis? ¿A él no le gustas? Mira que a veces una mujer tiene que enseñar sus armas... Estaría bien.
Si alguien no la obligaba a callarse lo haría yo, con un puñetazo en la mandíbula.
-Mi madre debería dejar de hablar tanto de mi vida -dije furiosa mientras miraba de reojo a mi madre, que me miraba a mí con decepción-. Y de tratarme como si tuviera ocho años. Eso sí que estaría bien.
La madre de Carl iba a seguir hablándome pero me quité de su alcance. Miré a mi hermana que estaba hablando animadamente con su suegro y su novio, que como siguiera así sería su esposo. Perfecto. Nicole estaba más cerca que yo de obtener la felicidad, y yo aún estaba parada aquí riéndome de sus suegros. Oh, eso sí que no lo envidiaría.
El timbre de la puerta sonó, y fui la primera en moverme hacia ella. Abrí y me encontré a Kent con una gran sonrisa en su rostro. Paseó su mirada a mi casa, me giré sobre mí misma y descubrí que mi madre y la suegra de Nicole le estaban mirando fijamente. Se estaban susurrando una a otra.
-Hey nena -me saludó con un beso en la frente. Miraba extrañado a mis espaldas, mientras yo resoplaba histérica-. ¿Qué les pasa? ¿Por qué me miran así? ¡Hola señora Lekker!
Mi madre se acercó más feliz que una perdiz hacia Kent, y le dio dos besos. Ellos dos se conocían desde hacía años, así que no había ningún tipo de incomodidad. Se separaron, y antes de que Kent pudiera verlo, la madre de Carl se lanzó hacia él para abrazarlo. Él se quedó un poco sorprendido pero se rió mientras le correspondía al abrazo. Si por algo era conocido Kent era por su facilidad para hacer amigos.
-Hola joven guapo -sonrió Ashley, la madre de Carl, como he podido expresar veinte veces-. Me han dicho que eres amigo de Neus. Madre mía, eres muy guapo, ¿lo sabías?
Kent sonrió intentando no reírse y asintió con la cabeza.
-Oh, Dios mío, pasa. Entra -dijo Ashley, como si ella fuera la ama de mi casa-. Aún no tengo entendido algunas cosas... ¿Desde cuando Neus y tú sois amigos?
-En realidad no somos simples amigos, somos mejores amigos -sonrió Kent, lo cuál me hizo sonreír a mí-. Desde que yo tenía doce años y ella once.
Ashley intentaba captar el mensaje lo más rápido posible, pero al parecer su mente era más pequeña de lo previsto. Rodeó a Kent con un brazo y le arrimó hacia ella para luego comentarle:
-Hemos pensado la señora Lekker y yo en que quizás vosotros dos... Ya sabéis... -comenzó a decir mientras yo la miraba boquiabierta-. A ver... Una chica no puede tener esos modales y conseguir que alguien se acerque a ella... Es basta y sus notas son flojas. Tú eres un guapo muchacho y ya os conocéis... Nos hubiera gustado hacer una boda doble.
Creo que mi boca estaba completamente abierta, porque mi madre me miraba sorprendida y en sus ojos había algo de advertencia. No me importó una mierda, salté de repente, haciendo que todos los de la sala se fijaran en mí.
-¡Pe... Pedazo de bruja! -Chillé con toda mi alma-. ¡No te metas en mis putos asuntos! ¡Si eres una puta vieja amargada, págalo con tu hijo o con la novia de tu hijo! -Seguí gritando, sintiendo como Kent me agarraba del brazo y me echaba hacia atrás-. ¡Jodida vieja menopáusica!
-Ya está, Neus... Vámonos -me susurró Kent al oído, mientras me sacaba a rastras de casa-. Lo siento señora Lekker. Pido disculpas a todo el mundo.
-Esto no es culpa tuya, Kent -susurró mi hermana mientras me miraba decepcionada-. Neus nunca puede comportarse. Luego se pregunta el porqués no le contamos los planes... Eres una amargada, hermana. Ni siquiera te importa mi felicidad... Al ser mi hermana mayor pensaba que te importaba más que nadie... Me gustaría que le pidieses perdón a Ashley.
Carcajeé irónicamente.
-Ni muerta -dije con voz grave. Kent se despidió con la mano mientras me sacaba a rastras de casa.

Volví a casa tras dos horas, pues sabía que ellos se irían a algún lado a comer en familia. Sí. Se llamaba familia cuando mi presencia no molestaba. Ya me importaba una mierda todo lo que tuviera que ver con ellos, con la felicidad de mi hermana y con su querida suegra... Que era más viperina de lo que pensaba.
Fui directa al armario para buscar vestidos y tacones que me sirvieran. Encontré uno que me compró Tina y me lo puse. Era de color violeta, me llegaba al muslo y se ataba al cuello. Era bastante sencillo pero serviría para ir a las carreras... O eso esperaba. Me puse unos tacones bastante altos, pero no me importó. Por primera vez en la vida iba a hacer algo distinto... Si ya me criticaban siendo una santurrona, ahora iban a hacerlo pero con motivos.
Kent me había dejado claro que había varias normas que cumplir. Pues al llegar allí nos teníamos que buscar algún conductor y montarnos con ellos, o sino tendría que llevar yo coche y conducir. Y dado que no sabía hacerlo, preferí no matarme tan locamente. También que los abrigos no se necesitaban. Tenían como costumbre que ellos le dieren las chaquetas de cuero a sus acompañantes. Me pareció una gran estupidez, pero lo acepté.
Sólo me quedaba saber que me pararía el día.

-¡Bienvenidos! -Gritó el chico por el micrófono. Acto seguido mis amigas y yo nos tapamos los oídos. La grave y ronca voz del hombre que acababa de gritar estaba haciendo eco por todo el descampado, gracias a los enormes altavoces. Allí había dos tipos de chicas: las que iban a conducir, y se diferenciaban por la ropa de cuero que poseían. Y las chicas que acompañaban a los conductores, que usaban pantalones cortos como bragas y camisetas como top. Negué con la cabeza decepcionada de aquel sitio, e intenté enfocar mejor mi vista para poder verlo todo. Había más coches que personas y todos estaban tuneados, por lo que no sabía si era buena idea montar... Pero una vez era una vez.
Tina se puso tensa cuando notó una mano en su hombro, y al girarse vio a un chico rubio de muy alta estatura. Tenía unos cuantos piercings adornándole el rostro. Era guapo, desde luego, pero tampoco es que me tranquilizara mucho los tatuajes que poseía sus brazos. Él levantó ambas cejas e hizo un movimiento de cabeza.
-¿Quieres probar conmigo, muñeca? -Preguntó mientras sonreía.
Tina nos miró con una sonrisa vacilante en sus labios, y ya sabía que iba a aceptar la oferta.
-Claro, ¿por qué no? -Seguía sonriendo mientras enlazaba una mano con la de él-. Espero que conduzcas bien... No me apetece chocarme el primer día que vengo.
¿Cómo que el primer día que iba? ¿Pensaba venir más a menudo? Pues no sé si en esos planes entraba yo, puestos que no me fiaba ni un pelo de ninguno de estos... ¿Con quién coño me iba a ir yo...? No conocía a nadie de aquí... Y para qué engañarme... Con todas las chicas facilonas que había aquí, a nadie se le ocurriría preguntarme a mí.
-Dios mío Bianca -susurré justo al lado de ella-. ¿Se puede saber donde está Kent y a quién va a subir?
Bianca me miró entrecerrando los ojos.
-Me iba a subir a mí, ¿recuerdas? -Me pasó un brazo por mi cintura-. No te preocupes, alguien te subirá. Y cuando yo baje que te suba Kent al coche. Un intercambio.
Le miré pidiéndole ayuda con la mirada.
-Te suplico, Bianca -dije mientras cerraba mis ojos de golpe-. Yo no valgo para esto. Nadie me va a pedir que vaya en su coche... Y, si te soy sincera, creo que me alivia. Además, tú ligas muchísimo, te será más fácil que a mí...
-¿Después de lo de Gary? -Preguntó negando con la cabeza-. Prefiero pasar de los tíos ahora, salvo Kent.
Asentí con la cabeza mientras miraba como un par de chicas, normales -gracias a Dios-, venían refrescos. Le hice una seña a Bianca de que me iría allí para coger algo de beber, y ella me sonrió de vuelta.
-Hola -saludé mientras me devolvían el saludo, con una sonrisa en sus rostros-. Agua, por favor.
Me dieron la botella de agua mientras entregaba el dinero, y cuando fui a darme la vuelta, choqué contra alguien. Me quejé a la misma vez que me tocaba la frente y levantaba la mirada.
-¿William? -Pregunté boquiabierta al verlo tal y como estaba ahora. Tenía el cabello alborotado y sujetaba la cazadora de cuero sobre el hombro. Me miró de arriba abajo y luego miró hacia atrás. Parecía sorprendido, pero no más que yo de ver como uno de sus brazos poseía tatuajes, y como el otro brazo estaba cubierto de heridas.
-¿Neus? -Preguntó él, de vuelta-. ¿Qué haces aquí? No esperaba encontrarte aquí.
Le miré fijamente mientras alzaba una ceja. Sabía que lo que pasó cuando nos conocimos tan solo era una excusa, pero no pensé que estaría en ese plan; alucinando porque yo estaba ahí. ¿Es qué se imaginaba que era una chica aburrida, que no se arriesgaba y que prefería quedarse en casa viendo una película? Pues bien, me había pillado.
-Bueno, pues ya somos dos sorprendidos -fingí una sonrisa, y me esmeré en que él supiera que era falsa-. Pero tranquilo, no pretendía molestarte, y mucho menos si tienes que conducir y llevar alguna de... -señalé a varias chicas-, estas.
Él se rió para luego mirar sobre mi hombro y recibir una botella de agua. Estaba acostumbrado a venir por aquí, así que las chicas lo tendrían más que visto. Pero no sé porque ese hecho me tenía que molestar a mí...
-Tienes suerte de que no tenga aún acompañante -entrecerró los ojos, sin decir nada más.
Le miré con suspicacia y alcé los hombros para luego dejarlos caer.
-¿Sí? Pues que interesante...
Me miró y sonrió ampliamente, fijándome en como sus hoyuelos se marcaban. Oh mi ángel, mirar a aquel chico era como caer en su trampa. Mirase por donde mirase solo había más y más virtudes.
-Vienes conmigo, ratita -soltó mientras me daba su cazadora. Me miró mientras guiñaba un ojo-. Póntela.
¿Qué?
-¡Eh, tú! -Gritó un chico más o menos de la estatura de William. Se acercó a él y pude ver como éste le lanzaba una mirada de odio. Whoah, no se llevaban bien-. Pensaba que te habrías asustado y no vendrías.
William rodó los ojos, mientras el chico pasaba la mirada hacia mí. Me inspeccionó de arriba abajo y me sentí completamente desnuda. Mi ángel, lo que puede hacer una mirada.
-¿Ella es tu acompañante? -Preguntó el chico, mientras seguía evaluandome de arriba abajo-. No son las típicas que siempre andan por aquí, pero está muy... pero que muy...
No le dio tiempo a terminar, pues William había puesto una mano sobre su hombro y el chico se había sobresaltado. Pero antes de que William dijera una palabra, le respondí.
-No. No soy su acompañante -dije mientras le tiraba la cazadora a William y el fruncía las cejas, confundido-. Pero si no tienes acompañante, aquí me tienes.
William abrió los ojos de hito en hito. En ese momento, que vi sus grises ojos abrirse, me di cuenta de que yo también quería hacerlo. Estaba haciendo la estúpida y lo sabía. Podía haberme ido con William que ya lo conocía, y no sería tan... incómodo; pero por lo estúpido que parecía ser, prefería irme con el chico al que no conocía en absoluto.
¿Cómo coño se llamaba?
-¡Perfecto! -Exclamó el chico sonriendo ampliamente, mientras sus ojos azules reflejaban emoción-. Me llamo Patrick. Encantado de conocerte, pequeña.
-Mientras no me llames pequeña estamos bien -ladeé la cabeza, mientras él me daba su cazadora-. Sí, tengo que ponérmela. Ya me enteré.
Sonrió mientras me hacía una señal hacia el coche azul, y se encaminaba hacia él. Tenía que seguirle pero sentí una mano que agarraba fuerte mi brazo.
-Estás loca si piensas que te vas a montar con él -resopló William mientras me miraba fijamente-. Tú ni siquiera sabes como son estas carreras, Neus. No vayas a hacerlo por el simple hecho de que quieras experimentar algo nuevo.
Le miré de arriba abajo y fruncí el ceño.
-Déjame en paz -me solté de su agarre-. No eres quién para decirme que tengo o no tengo que hacer. Voy a hacer esto porque me gusta. Sé que me gustará.
Él echó la cabeza hacia atrás y lanzó una carcajada. Demasiado grave para ser de felicidad.
-Estás completamente como una cabra -rugió-. ¿Tú has visto a todas las que están aquí? ¿Y te has visto tú? Por favor, si no puedes pasar por ninguna de ellas. Si sigues aquí por más tiempo acabarás como ellas, y créeme que estos no son, precisamente, príncipes azules.
-¿Príncipes azules? -bufé-. ¿De verdad me ves así? Oh, espera. ¿Te crees que soy una puta niñata con un sueño de una niña de cinco años? ¡Y has sido tú antes el que querías que subiera a tu coche!
Él volvió a cogerme del brazo y a acercar su cara a la mía. Sentía su aliento cálido sobre mis mejillas, y su fría mirada contra mis labios, para luego ir subiendo poco a poco hasta mis ojos.
-Te vas a arrepentir, ratita -gruñó, antes de irse hacia un coche negro parado al lado del coche de Patrick.
Estaba recién montada en el coche, junto con Patrick y su cazadora sobre mis hombros. Estábamos esperando a que la chica semi-desnuda diese el pregón. Contenía una bandera en cada mano. Parecía divertida por mostrarse en top y bragas allí... con el puto frío que hacía. Respiré nerviosa, sintiendo como cada extremidad de mi cuerpo se movía al compás, con pequeños espasmos. Estaba nerviosa, sí. Y más cuando Patrick me miraba de reojo y me recorría con la mirada, de arriba abajo.
Giré mi mirada hacia la derecha, a mi ventanilla, para encontrarme con la mirada de William puesta en mí. Abrí la boca, pero antes de que me diera cuenta la chica ya comenzaba a gritar.
Respiré por última vez antes de que Patrick arrancara el coche y derrapara en el intento de salir disparado.
Cosa que salió bien, y cosa que me asustó hasta la médula.

Me agarré fuerte contra el asiento, sabiendo que no me serviría de nada, completamente de nada agarrarme a algo tan absurdo. No había cinturón en el coche, por normas de las carreras. No sabía como coño mantenerme quieta en el asiento, y no orinarme encima. Comenzaba a calmar mis nervios cuando supe de que iba en realidad esta carrera... Los coches no simplemente corrían como putos locos en un manicomio, sino que también intentaban deshacerse de otros coches chocándose con ellos. Mostrando los dientes Patrick se arrimó a uno, y comenzó a acelerar a frenar seguidamente. Me dolía la espalda, mi cuello estaba en tensión y sentía un dolor inmenso sobre mis hombros. No pensé que podía empeorar cuando Patrick pulsó un botón en el salpicadero y el coche cogió una velocidad sobrenatural. Por un momento pensé que esto volaría en cualquier instante, pero en realidad era mi cuerpo el que, prácticamente, lo estaba haciendo. Me agarré con fuerza a la ventana, al sillón mientras que estiraba mis pies para quedarme totalmente recta . El aire me daba en el rostro y era incapaz de ver.
-¡Mierda! -Gritó Patrick enfadado-. El cabrón de Doyle.
Y supe al instante de quien se trataba. William estaba más adelantado que él, y eso a Patrick le estaba enfadando terriblemente. Le estaba dando sobre la puerta trasera del coche negro, mientras William apretaba la mandíbula e intentaba mantener su coche en línea, intentando acelerar, pero sabiendo que Patrick no lo dejaría. Él me miró un momento antes de lanzarse bruscamente contra Patrick. Abrí los ojos instantáneamente antes de sentir como el calambre me pasó por todo el cuerpo entumecido. Mis piernas no acompañaban al resto de mi cuerpo. Mi mente estaba difuminada. Y sentía unas ganas inmensas de llorar, cosa que hice, mientras de repente Patrick frenó de sopetón. Sentí un crujido.
Y ese crujido era mío.
Sabía que una de mis costillas no había sobrevivido al viaje.
¿Cómo iba a explicar esto en mi casa?

-¡Neus! Joder, Neus, despierta -oí una voz grave y desgarrada. Entreabrí los ojos y vi unos ojos conocidos ojos grises-. Neus, maldición, di algo.

Es lo último que oí antes de caer de nuevo en la oscuridad. 

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