domingo, 18 de agosto de 2013

Frena - Prólogo

-No me apetece soportarte todo el día -frunció la nariz Tina mientras veía a Kent-. Aún estoy demasiado enfadada para perdonarte del todo. Eres un capullo.
Estábamos en un local donde vendían batidos y un montón de dulces. Eran baratos y estaban bastante buenos, así que... ¿por qué no? El local era bastante hippie, había color por allí y por allá, hasta llenarlo de colores bastante fluorescentes. El suelo era de una madera y, debido a que casi me resbalo al caminar hacia la mesa, podría decirse que estaba recién barnizado. Los dueños de alguna manera nos había hecho clientes VIP, dado que veníamos cada dos por tres para pasar un buen rato en compañía. Mis mejores amigos se dedicaban siempre a hacerse bromas, a contarse secretos íntimos o cotillear, simplemente.
-¡Vamos, no seas exagerada! -Exclamó Kent negando con la cabeza-. A ti lo que te jode es que no te hubiera echado ojitos antes que a Melania. Pero eres mi mejor amiga y sabías que eso no ocurriría.
-¿Tu mejor amiga? -Preguntó Bianca, desviando el tema-. ¿Y nosotras qué? Perdona que te diga pero yo fui la primera en conocerte, así que tengo más derecho en recriminarte las cosas y en enfadarme contigo. Algún día de estos prometo que te romperé la cabeza con la silla de allá -dijo señalando hacia al fondo de la sala, a una silla de hierro.
La risa de Kent se oyó por todo el local.
-Todas sois iguales para mí -respondió él, aún divertido.
-No creo que eso calme los ánimos de Bianca, Kent -le reprimí con la mirada-. Y, sencillamente, me parece muy injusto lo que le acabas de decir a Tina. Sabes que a ella no le gustas, pero sí a su hermana. ¿Para qué coño tonteas con ella si no?
Pude visualizar como Kent rodaba los ojos y me miraba fijamente.
-Nena, si no soy yo el que tontea con la hermana de Tina, nadie lo hará.
Sin darme tiempo a responder siquiera, Tina le había dado un puñetazo a Kent en el brazo. Éste sonrió ampliamente mientras la miraba con los ojos entrecerrados y volvían a pelear. Me quedé mirando hacia Bianca, que parecía que sufría un estado de nerviosismo psíquico. Fruncí las cejas y me di la vuelta.
Gary acababa de hacer su entrada por ahí, y estaba cogido de la mano con una chica de pelo castaño y ojos oscuros.
-Bianca -le susurré mientras me miraba e intentaba calmarse, mientras tanto les miraba de reojo-. No hiperventiles, ¿vale? ¿Quieres que nos vayamos? -Ella negó con la cabeza mientras abrazaba a su bolso bajo la mesa.
Me volví de nuevo hacia Gary y, después de tanto, parecía muy feliz con esa chica. Después de que Bianca y él terminaran por puros celos, pensé que al muchacho le vendrían más de tres meses superarlo... Pero al parecer era a Bianca la que le costaba hacerlo.
-Será mejor que nos vayamos, Bi... -comencé a decir cuando sentí una presencia a mi alrededor. Levantamos la vista y vimos a Gary sonriendo ampliamente. La chica castaña estaba tras él y parecía no entender nada.
-Hola -nos saludó mientras no quitaba esa arrogante sonrisa de su cara-. Cuanto tiempo sin verte Bianca... Veo que no has cambiado nada. ¿Aún sigues teniendo el chupetón de la última vez...?
Kent se levantó bruscamente, haciendo que la silla cayese al suelo con un golpe seco. Estaba rojo de la furia que contenía y no quería dejar salir, pero sabía que tarde o temprano le daría paso. Gary le miró entornando los ojos, y aunque algo me decía que no estaba tan confiado como antes, siguió parloteando:
-Hey, ¿al fin has decidido salir del armario? -Preguntó Gary, mientras la chica de pelo castaño comenzaba a resoplar.
Kent saltó sobre la mesa y lo cogió de la camiseta y lo estampó contra el mostrador. Los que estaban sirviendo justo en ese momento abrieron la boca y se metieron en la cocina, para pedir ayuda. Sabía que como no llegaran pronto Kent conseguiría matarlo. Era uno de los muchachos más brutos que había conocido en mi vida. No le gustaba que comentaran cosas negativas de nosotras, ni de él mismo. Solían decirle que si era gay dado que estaba casi siempre con nosotras, pero en realidad no sabían la verdad... Al principio éramos una simple excusa; él nos usaba para que las chicas pensaran que era un chico sensible, y así poder follárselas tranquilamente. Al cabo de un tiempo declaró que éramos -la hostia- como él dijo, y más que todos sus amigos juntos, que eran unos putos muermos. Aún así no siempre estaba con nosotras...
-Vuelve a repetir eso -gruñó Kent mientras que la vena de su cuello comenzaba a resaltar.
-Kent suéltalo -dijo Bianca lo más alto posible-. Por favor... No quiero peleas, ¿vale?
-¿El qué quieres que repita, gay? -Preguntó Gary riéndose, a pesar de estar en desventaja-. ¿Qué tu amiguita es una hija de perra? Tú no sabes como me la comía...
La poca paciencia que Kent contenía fue totalmente agotada. Se separó un par de pasos de él y de pronto comenzó a arremeter contra él. Ni siquiera mi vista captaba todos los puñetazos que Kent le estaba lanzando, pero me levanté y me puse tras él, intentando separarlo. Agarré su camiseta e intenté alejarlo, pero no servía de nada. La cara de Gary era un mar surcado de olas rojas con toques púrpuras por todas partes.
-Se merece eso y mucho mas, pero suéltalo -le gruñí-. Tienes veinte años, Kent, pueden meterte en la cárcel por esto. Para, por favor. Estás asustando a Bianca.
Él frenó en seco y miró a Gary por unos segundos. Éste estaba gimoteando en el suelo, pero a pesar de eso, se levantó. El muy cabrón volvió a sonreír como si no le hubiera hecho ningún daño. Kent volvió a calentarse e iba a volver a lanzarse sobre él, pero un chico le paró en seco.
El chico vestía totalmente de blanco, era uno de los cocineros, tenía el pelo castaño y sus ojos grises brillaban bajo la luz tenue del local. Aparentaba tener unos veintidós años, quizás. Me quedé jodidamente impresionada con todo él en conjunto. Era guapísimo, de eso no me cabía duda, y bajo las ropas sabía que se encontraba un chico musculoso, además de alto.
-Si os vais a pelear que sea fuera del local -dijo con voz grave con un extraño acento, e inexpresivo-. Tenemos bastante clientela como para que vengáis vosotros a destruirla.
Kent reparó en él y apretó los puños, por tener que deshacer el plan de matar a Gary.
-Bien, ahora que te has calmado, puedes explicarme porqué coño te has puesto así -dijo el chico, mientras Kent le miraba fijamente a los ojos-. Como verás has ensuciado el suelo con sangre de otro, así que... me merezco una explicación.
Bianca carraspeó y fue hacia el chico, que por primera vez la miró y se ensombreció. Bianca era una chica alta, de pelo rubio y lacio, a juego con sus ojos verdes azulados. Así que era normal que al chico le llamase la atención, pero cuando desvié la mirada hacia él pude ver que tenía los ojos sobre mí. Miré a ambos lados y a mi ropa, para ver si pasaba algo en mí y seguí sin entender nada.
-Sólo que ese es mi ex novio -susurró intentando mantener la calma-. Y él es mi mejor amigo y... Ya. Lo siento, de veras.
El chico miró a ambos chicos y frunció las cejas.
-¿Y me puedes decir qué te hizo para qué se ponga así? -Preguntó el chico, interesado-. No creo que haya armado todo este jaleo solo porque cortó contigo.
-Simplemente me ha insultado... -respondió Bianca, con voz ronca-. Y corté yo, no él.
-¡Vamos, di la verdad! -Exclamó Kent a Gary-. Ese hijo de puta se folló a otra mientras estabas con él.
Kent, sin soportar de nuevo la idea de que hubieran engañado a Bianca, volvió a tirarse sobre Gary, pero el chico lo sujetó con una mano en el hombro y lo miró fijamente. Ambos estaban hablando psiquicamente. ¡Y odiaba que la gente hiciera eso!
-¿Quieres meterle otro puñetazo? -Le preguntó el chico, con la ceja alzada.
-Y una patada en las pelotas -gruñó Kent consumido por la rabia.
-Oído cocina -sonrió el chico, dejando entrever sus perfectos dientes... Y en conjunto su perfecta sonrisa. Todo en él parecía ser diseñado. Las largas pestañas oscuras, que dejaban ver pequeños brillos dorados. Su recta nariz. E incluso la forma de su mandíbula cuadrada. Le puso una mano en el hombro a Gary y con la otra mano le metió un puñetazo que sonó hasta donde yo estaba parada. Tina abrió los ojos de momento, mientras que Bianca apartaba la cara haciendo una mueca de dolor. El chico había sostenido a Gary todo el tiempo por el hombro para que no volviera a caer al suelo, pero más tarde chocó su rodilla con la entrepierna de Gary. El cocinero sonrió triunfante y miró a Kent.
-Ya está -dijo levantando ambas manos-. Ahora quiero que os vayáis antes que Susan llame a la policía. Espero que sepáis donde coño estáis y quien es este tío...
Kent se acercó a él y asintió con la cabeza mientras salía por la puerta, con Bianca tras él. Tina me lanzó una mirada de preocupación y yo a ella otra, aunque también le asentí, intentando decirle que todo había pasado.
-Eh -llamó de nuevo el chico, a la misma vez que me giré en redondo. Me encontré con sus ojos grises y quise preguntarme una y otra vez porqué me miraba así, y porque coño era tan...-. ¿Cómo te llamas?
La pregunta me tomó por sorpresa pero contesté rápidamente:
-Neus -respondí intentando sonreír normal, pero esbozando una sonrisa parecida a la del gato de Cheshire, en Alicia en el País de las Maravillas-. ¿Y...?
Antes de que contestase, una voz dentro del local llamó al chico, y éste le respondió a la misma vez que luego me miraba:
-Gwillym -sonrió. Me quedé muda, él se rió de mi expresión-. Me llamo Gwillym porque soy Galés -Oh, de ahí venía su acento...-. Puedes decirme William. Will.
De nuevo la voz sonaba en el local, y él tenía que marcharse urgentemente. Así que me miró y sin mucho más, me dijo:
-No voy a pedirte el número de móvil. Estoy seguro que volveremos a vernos -sonrió antes de marcharse, y yo quedarme como una idiota pensando si lo había asustado, o qué.
Bianca y Kent necesitaban hablar urgentemente, porque no era normal que ellos dos estuvieran tan alejados uno de otro. Estaba segura de que a Bianca no le había molestado que hubiera peleado con Gary, pero sé que en su cabecita algo rondaba. Sin embargo, Kent sí estaba enfadado con ella por permitir que ese gilipollas se fuera tan fresco. Él pretendía dejarlo en su lugar, a la misma vez que, ella le ponía como un puto muñeco de trapo.
-He estado pensando en que... -comenzó a decir Tina, y al ver que ninguno estaba de humor, se calló y me miró fijamente-. ¿Puedo contártelo a ti, al menos?
Sonreí burlona y asentí con la cabeza.
-Mira que tú de pensar poco... Así que me estás dando miedo -ella rodó los ojos.
-Hable con algunos amigos y... me pregunté si queríais ir conmigo a las carreras -dijo mientras torcía la boca y yo me preguntaba quiénes eran esos amigos. Kent la miró de golpe mientras Bianca pestañeaba. Tanto para tan poco entendimiento. Kent comenzó a negar con la cabeza.
-No vais a ir allí.
Le miré con los ojos entornados.
-¿Y por qué no? -Le pregunté alzando una ceja-. ¿Es que tienes miedo de que nos busquemos otro mejor amigo? Tranquilo, nene, que nos gustas tú con tus imperfecciones.
Ahora fue él quien alzó una ceja.
-Yo no tengo ninguna imperfección -dijo, orgulloso de sí mismo-. Y me refiero a que no. A que no iréis a esas carreras y punto. No sabéis siquiera que se cuece allí.
Entrecerré los ojos.
-Tú has ido muchísimas veces, Kent -dije-. Somos todos mayores de edad, y tú no eres ningún hermano que tengamos que soportar -miré a Tina-. Sí. Yo te acompaño.
-Yo también -sonrió levemente Bianca.
Kent nos miró estupefacto. Me dije que él solo estaba exagerando. Tampoco es que fuésemos para darnos de golpes contra alguna señal de tráfico, o qué se yo, a consumir drogas hasta que nos diera una sobredosis. O quizás el se pensara que íbamos a follar con algún conductor a la vista de todo el mundo.
-Iré con vosotras -dijo finalmente Kent-. Iremos con vosotras.
¡Viva! Kent nos iba a presentar a los idiotas de sus amigos. Eso sí que era un milagro de Dios.


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