Sentí
unas manos alrededor de mi cuerpo, depositando mi cuerpo en algún
lado. No sabía exactamente que era. Tampoco podía saber donde
estaba porque mis ojos se negaban a abrirse. Escuché respiraciones,
varias, a mi alrededor. Me pregunté una y otra vez quienes serían y
porqué no era capaz de luchar contra el cansancio. Lentamente fui
abriendo los ojos y sentí los párpados pesados. Apenas los había
entreabierto cuando vi una figura a mi lado.
Una
chica rubia con una coleta de caballo, me sonrió.
-¿Cómo
estás? -Me preguntó mientras no paraba de tocarme el brazo. Una
punzada de dolor atravesó todo mi cuerpo, y de repente me sentí aún
más cansada que antes. Debatiéndome entre el grito y el bostezo, me
dí cuenta de algo. Era una ambulancia, pero no nos estábamos
moviendo. ¿Aquella chica de verdad sabía lo que estaba haciendo?
Gimoteé
mientras me senté sobre la camilla y la chica me agarró. Abrí aún
más los ojos y las puertas de la ambulancia estaban cerradas. ¿Qué
era esto y por qué me encontraba sola con aquella mujer, que no
conocía de nada? Tan solo tenía pequeñas imágenes que corrían a
toda velocidad por mi mente. Por alguna razón haberme montado en
aquél coche me había atrapado en la oscuridad, dejándome tirada
sobre el asfalto. Me arrepentí al momento de no haberle hecho caso a
Will...
¡Will!
¿Dónde se encontraría? ¿Sabía algo de esto?
-Chica,
tienes que tomarte antes algo -susurró la chica, pasándome un
vaso de agua con una pastilla blanca. Le miré interrogativa y rió
ante mi gesto. -Es para el dolor de cabeza, cielo. Y sí, soy
enfermera pero atiendo aquí ilegalmente. Sé lo que hago y el
porqué.
Asentí
mientras me tragaba la pastilla y notaba un dolor en la garganta. La
tenía totalmente cerrada, como si alguien me hubiera estado
intentando asfixiar. Suspiré mientras la chica, que según su placa,
se llamaba Chloe me ayudaba a bajar de la camilla. Me abrió la
puerta y me encontré con que seguía en las carreras, y también con
tres caras conocidas: Tina, Bianca y Kent. Ellos al verme se tiraron
encima mía, mientras Kent me cogía en volandas para apretarme mas
fuerte. Intenté reír, pero tan solo me salió un quejido de mi
garganta, estaba bastante cansada.
-¿Cómo
te encuentras? -Preguntó Tina. Y me di cuenta de que no había
contestado a la enfermera... -Me encuentro bien. Tan solo me duele
el cuerpo.
Kent
al fin se separó de mí y agarró mi brazo izquierdo mientras
intentaba inspeccionarlo. Carraspeó mientras seguía su mirada y vi
que tenía una enorme gasa cubriéndome una gran parte del brazo. Me
preguntó porque demonios tenía eso ahí. Fruncí las cejas y me di
cuenta de la mirada de reproche que contenía Bianca.
-Antes
de que chocarais te protegiste con el brazo y, al estallar la luna
del coche, los fragmentos de cristal se clavaron en tu piel, a la vez
que desangrabas como una posesa -explicó Bianca negando con la
cabeza. -No debiste de subir al coche del... idiota ese, cuando
tenías a alguien que ya conocías aquí.
Intenté
fulminarla con la mirada pero quizás no me salió muy bien.
-Y
lo intenté -resoplé. -Pero Kent estaba contigo ya... Así
que... -me interrumpió.
-No
me refería a Kent -exclamó Bianca, cruzándose de brazos. -Me
refería a Will. Él ya estaba aquí, y encima fue al primero que
encontraste. Te dijo que te montaras con él y como eres una cría
fuiste con Patrick.
Y
antes de que pudiera responder, una grave voz a mi espalda me
sobresaltó:
-Es
mejor que os vayáis -dijo Will mientras miraba a Kent, que
estaba asintiendo.
Él
no me estaba mirando. Ni siquiera se dirigió a mí y me preguntó
que tal estaba... Simplemente hizo como que no existía. Se dio la
vuelta y se metió en uno de los coches, para después arrancar e
irse de allí. Sin embargo, yo me quedé boquiabierta, esperando la
misma reacción de los presentes, pero tan solo hicieron un mohín y
anduvieron hacia el coche de Kent. Me monté en el asiento del
copiloto y me quedé dormida de camino a casa.
-¡Despierta,
que estas no son horas para estar dormida! -Gritaron en mi oído,
y al abrir los ojos de golpe por el susto me encontré la cara de
Nicole, mi hermana. Hice una mueca de fastidio y me quedé mirándola.
-¿Qué? No me mires así. Eres una puta vaga. No has hecho nada
en todo el día
¿Y
cuándo yo hacía algo? Esto se está volviendo estúpido.
-¿Qué
mierda quieres? -Le gruñí, mientras ella se sorprendía. -Mira,
hermanita, si no te quiero ver, imagínate tener que soportarte. Oh,
sí, eso mucho menos. ¿Por qué no llamas a, no sé, tu novio? ¿O a
la bruja de tu suegra? ¿O al alcohólico de tu suegro? Déjame en
paz. No sé que coño haces en mi habitación. ¡Sal!
Esperé
que ella se fuera, pero se quedó allí quieta. Con una expresión de
cabreo en su cara. Ella era menor que yo, pero tan solo un año, así
que no habría problema entre nosotras respecto a las peleas. La
mayoría del tiempo estábamos gritándonos una a otra, porque éramos
tan distintas... Yo sabía que la adoraba, y ella a mí, supongo.
Pero hay a veces en que deseaba ser hija única.
-Eres
una puta cría -resopló enfadada.
Y
es la segunda vez que me lo dicen.
-¿Sabes
qué? Que eres una idiota -siguió respirando agitadamente-. No
encuentras novio porque el problema eres tú. No estás bien de la
cabeza, Neus. Eres una estúpida, una gilipollas y pasas
absolutamente de todo. No respetas a los demás y vas de sabelotodo
haciendo esos gestos de chica lista. Y siempre te arreglas igual.
Eres un desastre.
Me
quedé con la boca abierta mientras me levantaba de un salto de la
cama, y la encaré. Estábamos a pocos centímetros una de otra,
hasta que la empujé y ella cayó al suelo.
-¡¿Qué
haces, imbécil?! -Me gritó mientras oía pasos acercarse.
-Te
juro por dios, Nicole. Juro por dios que te mataré la próxima vez
que me dirijas tan solo un insulto. Si te follaste a toda la
Universidad antes de tu novio -reí. -No creo que seas tú la
que venga a darme consejos a mí. No te creas muy madura, estúpida,
porque no lo eres. Eres una puta loca histérica.
Vi
que sus ojos se aguaron y me sentí culpable al momento. Hasta que
recordé que era ella la que me había hecho enfadar.
-Engañarte
a ti misma no es bueno, créeme -terminé de decir antes de
desaparecer por la puerta de mi propia habitación, dejándola allí
tirada.
Este
iba a ser un largo día.
Tuve
una muy larga ducha, mientras intentaba sacar el brazo fuera de la
ducha para no mojarlo. Sencillamente parecía estúpida dado que era
tan sumamente orgullosa que no pedía a nadie ayuda. Mi madre debería
de estar con sus amigas en alguna tetería, mientras mi padre debería
estar jugando al golf. Mi hermana, después del pequeño percance
conmigo, llamará a su novio y se irán juntos a ver una película al
cine. Y en vez de ver la película se liarán mientras se meten mano.
Salí de la ducha y me puse unos pantalones cortos rojos y una
camiseta blanca, combinando con los zapatos blancos que me puse al
mismo tiempo. Me hice una trenza al lado y fruncí el ceño mientras
me miraba al espejo.
“Siempre
te arreglas igual”
Si
bien así no me quieren, mejor que no lo hagan porque me ponga un
pantalón corto enseñando mis glúteos.
Bajé
las escaleras cogiendo mi móvil y mis llaves, y abrí la puerta para
pasar y luego cerrarla con llave. Iba despistada rebuscando el dinero
en mi bolsillo cuando vi que había un coche delante de mi casa.
¿Will?
¡Era
Will!
Él
estaba apoyado en el coche, mirando dirección a mi casa, pero no le
prestaba ninguna atención a ésta. Estaba hablando por teléfono
mientras miraba absorto sus pies. Vestía unos vaqueros y una
camiseta negra de manga corta. Me fijé en sus brazos de nuevo, en
los tatuajes que éste tenía. Sonreí inmediatamente cuando me
encontré con su mirada. Rápidamente se despidió de la persona que
estaba al otro lado de la línea, y se quedó mirándome. No había
ni rastro de una sonrisa. Estaba enfadado.
-¿Qué
haces aquí? -Pregunté mientras me acercaba a él, y lo tenía a
pocos pasos de mí. -No sabía que supieras donde vivía, y mucho
menos que vinieras...
-Y
no lo sabía -dijo seco. -Tuve que llamar a tu amigo Kent para
preguntárselo.
Asentí
mientras le volvía a mirar fijamente.
-Supongo
que no estás muy contento conmigo -murmuré, haciendo que él
levantara su mirada hacia mí. Me miraba incrédulo, irónico.
-Antes de que digas alguna estupidez, déjame explicarme... -Él
me interrumpió.
-¡No
has ido a ninguna carrera en toda tu puta vida! -Gritó mientras
me miraba con el ceño fruncido. -¿Y si yo no llego a estar ahí
para sacarte del coche? Dios mío, eres una cría. Eso es lo que
eres.
Hala.
Ya son tres veces las que me han llamado cría.
-Para
empezar no deberías de haber ido -dijo mientras se acercaba y yo
contenía mi respiración. -Siguiente, que tuviste que montarte en
mi coche, ya que estabas ahí y era inevitable. Joder, Neus, no
sabías quien coño era Patrick. ¿Qué estabas intentando demostrar?
¿Qué eres una valiente esquizofrénica? -Se pellizcó el
caballete de la nariz y siguió hablando, aunque menos histérico.
-¿Qué te han dicho tus padres?
No
sabía que contestar, hasta que escuché su última pregunta. Mis
padres no me han visto porque se habían ido temprano, a hacer cosas
de padres irresponsables. Así que me encogí de hombros.
-Nada
-susurré mientras baja la mirada a mis pies.
Will
me miró con las cejas alzadas.
-¿Cómo
que nada? -Preguntó él. -Tienes medio brazo vendado y no te
dicen nada... ¿Te estás riendo de mí, Neus? Mira que no estoy para
tus gilipolleces en este momento.
-¡Qué
nada, joder! -Chillé mientras me tapaba la cara con ambas manos.
-No me han visto aún. Se fueron temprano, y la única que me ha
visto ha sido mi hermana... Y para el caso no creo que se preocupe
por lo que me pase. Así que... ¿qué más te da a ti eso? Me
salvaste, ahora eres el héroe. Ves y fóllate a todas las que andan
detrás tuya.
Él
negó la cabeza y apretó los puños a ambos lados de su cuerpo,
tensando los músculos. Sonrió irónico e hizo un ademán con la
cabeza, señalando el coche.
-Móntate,
nos vamos -ordenó. Sin embargo, yo seguía parada en el mismo
sitio, preguntándome que quería de mí. -No te voy a hacer nada
Neus, por el amor de Dios. Siéntate o te siento yo.
Fruncí
el ceño a la misma vez que él me cogía y me llevaba como un saco
de patatas. Comencé a patalear hasta que oí una puerta abrirse y al
segundo siguiente estaba sentada en el asiento de su coche. Gruñí
cabreada, y al sentarse a mi lado me sonrió divertido. Se estaba
divirtiendo conmigo.
-Tengo
unas ganas horribles de abofetearte -rugí, al mismo tiempo que
él lanzaba una carcajada. No se iba a quedar tan contento. -¿Por
qué te comportas así? ¿Eh? -Comencé a darle manotazos
mientras él agarraba mis muñecas y caí sobre él.
-Tranquila
fiera, que al final vas a acabar en una situación comprometedora
-rió mirando hacia abajo. Me sonrojé tanto que pensé que ahora
mismo tenía cara de gilipollas. A parte de psicópata. Eso sin duda.
Con
gran esfuerzo me incorporé de nuevo en mi asiento, pero sabía que
no iba a ser tan fácil. Me tomó del brazo para girarme hacia él, y
al momento sentí su aliento sobre mi mejilla. Sus ojos grises
estaban puestos en los míos, mientras nuestras narices se rozaban.
Mi respiración se volvió bastante agitada.
Estábamos
rozando nuestros labios cuando un golpe nos sobresaltó, y al girarme
hacia mi casa vi a mi hermana saliendo del coche de su novio,
cabreada, mientras él iba tras ella. Enarqué las cejas mientras
Will inspeccionaba la escena. Él sabía que estaba pasando, dado que
estaba curioseando mucho.
-Dentro
de poco oscurecerá -informó, mientras esbozaba una gran
sonrisa. -Vámonos antes de que se haga demasiado tarde. Ponte el
cinturón.
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