jueves, 12 de septiembre de 2013

Frena - 2

Sentí unas manos alrededor de mi cuerpo, depositando mi cuerpo en algún lado. No sabía exactamente que era. Tampoco podía saber donde estaba porque mis ojos se negaban a abrirse. Escuché respiraciones, varias, a mi alrededor. Me pregunté una y otra vez quienes serían y porqué no era capaz de luchar contra el cansancio. Lentamente fui abriendo los ojos y sentí los párpados pesados. Apenas los había entreabierto cuando vi una figura a mi lado.
Una chica rubia con una coleta de caballo, me sonrió.
-¿Cómo estás? -Me preguntó mientras no paraba de tocarme el brazo. Una punzada de dolor atravesó todo mi cuerpo, y de repente me sentí aún más cansada que antes. Debatiéndome entre el grito y el bostezo, me dí cuenta de algo. Era una ambulancia, pero no nos estábamos moviendo. ¿Aquella chica de verdad sabía lo que estaba haciendo?
Gimoteé mientras me senté sobre la camilla y la chica me agarró. Abrí aún más los ojos y las puertas de la ambulancia estaban cerradas. ¿Qué era esto y por qué me encontraba sola con aquella mujer, que no conocía de nada? Tan solo tenía pequeñas imágenes que corrían a toda velocidad por mi mente. Por alguna razón haberme montado en aquél coche me había atrapado en la oscuridad, dejándome tirada sobre el asfalto. Me arrepentí al momento de no haberle hecho caso a Will...
¡Will! ¿Dónde se encontraría? ¿Sabía algo de esto?
-Chica, tienes que tomarte antes algo -susurró la chica, pasándome un vaso de agua con una pastilla blanca. Le miré interrogativa y rió ante mi gesto. -Es para el dolor de cabeza, cielo. Y sí, soy enfermera pero atiendo aquí ilegalmente. Sé lo que hago y el porqué.
Asentí mientras me tragaba la pastilla y notaba un dolor en la garganta. La tenía totalmente cerrada, como si alguien me hubiera estado intentando asfixiar. Suspiré mientras la chica, que según su placa, se llamaba Chloe me ayudaba a bajar de la camilla. Me abrió la puerta y me encontré con que seguía en las carreras, y también con tres caras conocidas: Tina, Bianca y Kent. Ellos al verme se tiraron encima mía, mientras Kent me cogía en volandas para apretarme mas fuerte. Intenté reír, pero tan solo me salió un quejido de mi garganta, estaba bastante cansada.
-¿Cómo te encuentras? -Preguntó Tina. Y me di cuenta de que no había contestado a la enfermera... -Me encuentro bien. Tan solo me duele el cuerpo.
Kent al fin se separó de mí y agarró mi brazo izquierdo mientras intentaba inspeccionarlo. Carraspeó mientras seguía su mirada y vi que tenía una enorme gasa cubriéndome una gran parte del brazo. Me preguntó porque demonios tenía eso ahí. Fruncí las cejas y me di cuenta de la mirada de reproche que contenía Bianca.
-Antes de que chocarais te protegiste con el brazo y, al estallar la luna del coche, los fragmentos de cristal se clavaron en tu piel, a la vez que desangrabas como una posesa -explicó Bianca negando con la cabeza. -No debiste de subir al coche del... idiota ese, cuando tenías a alguien que ya conocías aquí.
Intenté fulminarla con la mirada pero quizás no me salió muy bien.
-Y lo intenté -resoplé. -Pero Kent estaba contigo ya... Así que... -me interrumpió.
-No me refería a Kent -exclamó Bianca, cruzándose de brazos. -Me refería a Will. Él ya estaba aquí, y encima fue al primero que encontraste. Te dijo que te montaras con él y como eres una cría fuiste con Patrick.
Y antes de que pudiera responder, una grave voz a mi espalda me sobresaltó:
-Es mejor que os vayáis -dijo Will mientras miraba a Kent, que estaba asintiendo.
Él no me estaba mirando. Ni siquiera se dirigió a mí y me preguntó que tal estaba... Simplemente hizo como que no existía. Se dio la vuelta y se metió en uno de los coches, para después arrancar e irse de allí. Sin embargo, yo me quedé boquiabierta, esperando la misma reacción de los presentes, pero tan solo hicieron un mohín y anduvieron hacia el coche de Kent. Me monté en el asiento del copiloto y me quedé dormida de camino a casa.

-¡Despierta, que estas no son horas para estar dormida! -Gritaron en mi oído, y al abrir los ojos de golpe por el susto me encontré la cara de Nicole, mi hermana. Hice una mueca de fastidio y me quedé mirándola. -¿Qué? No me mires así. Eres una puta vaga. No has hecho nada en todo el día
¿Y cuándo yo hacía algo? Esto se está volviendo estúpido.
-¿Qué mierda quieres? -Le gruñí, mientras ella se sorprendía. -Mira, hermanita, si no te quiero ver, imagínate tener que soportarte. Oh, sí, eso mucho menos. ¿Por qué no llamas a, no sé, tu novio? ¿O a la bruja de tu suegra? ¿O al alcohólico de tu suegro? Déjame en paz. No sé que coño haces en mi habitación. ¡Sal!
Esperé que ella se fuera, pero se quedó allí quieta. Con una expresión de cabreo en su cara. Ella era menor que yo, pero tan solo un año, así que no habría problema entre nosotras respecto a las peleas. La mayoría del tiempo estábamos gritándonos una a otra, porque éramos tan distintas... Yo sabía que la adoraba, y ella a mí, supongo. Pero hay a veces en que deseaba ser hija única.
-Eres una puta cría -resopló enfadada.
Y es la segunda vez que me lo dicen.
-¿Sabes qué? Que eres una idiota -siguió respirando agitadamente-. No encuentras novio porque el problema eres tú. No estás bien de la cabeza, Neus. Eres una estúpida, una gilipollas y pasas absolutamente de todo. No respetas a los demás y vas de sabelotodo haciendo esos gestos de chica lista. Y siempre te arreglas igual. Eres un desastre.
Me quedé con la boca abierta mientras me levantaba de un salto de la cama, y la encaré. Estábamos a pocos centímetros una de otra, hasta que la empujé y ella cayó al suelo.
-¡¿Qué haces, imbécil?! -Me gritó mientras oía pasos acercarse.
-Te juro por dios, Nicole. Juro por dios que te mataré la próxima vez que me dirijas tan solo un insulto. Si te follaste a toda la Universidad antes de tu novio -reí. -No creo que seas tú la que venga a darme consejos a mí. No te creas muy madura, estúpida, porque no lo eres. Eres una puta loca histérica.
Vi que sus ojos se aguaron y me sentí culpable al momento. Hasta que recordé que era ella la que me había hecho enfadar.
-Engañarte a ti misma no es bueno, créeme -terminé de decir antes de desaparecer por la puerta de mi propia habitación, dejándola allí tirada.
Este iba a ser un largo día.
Tuve una muy larga ducha, mientras intentaba sacar el brazo fuera de la ducha para no mojarlo. Sencillamente parecía estúpida dado que era tan sumamente orgullosa que no pedía a nadie ayuda. Mi madre debería de estar con sus amigas en alguna tetería, mientras mi padre debería estar jugando al golf. Mi hermana, después del pequeño percance conmigo, llamará a su novio y se irán juntos a ver una película al cine. Y en vez de ver la película se liarán mientras se meten mano. Salí de la ducha y me puse unos pantalones cortos rojos y una camiseta blanca, combinando con los zapatos blancos que me puse al mismo tiempo. Me hice una trenza al lado y fruncí el ceño mientras me miraba al espejo.
“Siempre te arreglas igual”
Si bien así no me quieren, mejor que no lo hagan porque me ponga un pantalón corto enseñando mis glúteos.
Bajé las escaleras cogiendo mi móvil y mis llaves, y abrí la puerta para pasar y luego cerrarla con llave. Iba despistada rebuscando el dinero en mi bolsillo cuando vi que había un coche delante de mi casa.
¿Will?
¡Era Will!
Él estaba apoyado en el coche, mirando dirección a mi casa, pero no le prestaba ninguna atención a ésta. Estaba hablando por teléfono mientras miraba absorto sus pies. Vestía unos vaqueros y una camiseta negra de manga corta. Me fijé en sus brazos de nuevo, en los tatuajes que éste tenía. Sonreí inmediatamente cuando me encontré con su mirada. Rápidamente se despidió de la persona que estaba al otro lado de la línea, y se quedó mirándome. No había ni rastro de una sonrisa. Estaba enfadado.
-¿Qué haces aquí? -Pregunté mientras me acercaba a él, y lo tenía a pocos pasos de mí. -No sabía que supieras donde vivía, y mucho menos que vinieras...
-Y no lo sabía -dijo seco. -Tuve que llamar a tu amigo Kent para preguntárselo.
Asentí mientras le volvía a mirar fijamente.
-Supongo que no estás muy contento conmigo -murmuré, haciendo que él levantara su mirada hacia mí. Me miraba incrédulo, irónico. -Antes de que digas alguna estupidez, déjame explicarme... -Él me interrumpió.
-¡No has ido a ninguna carrera en toda tu puta vida! -Gritó mientras me miraba con el ceño fruncido. -¿Y si yo no llego a estar ahí para sacarte del coche? Dios mío, eres una cría. Eso es lo que eres.
Hala. Ya son tres veces las que me han llamado cría.
-Para empezar no deberías de haber ido -dijo mientras se acercaba y yo contenía mi respiración. -Siguiente, que tuviste que montarte en mi coche, ya que estabas ahí y era inevitable. Joder, Neus, no sabías quien coño era Patrick. ¿Qué estabas intentando demostrar? ¿Qué eres una valiente esquizofrénica? -Se pellizcó el caballete de la nariz y siguió hablando, aunque menos histérico. -¿Qué te han dicho tus padres?
No sabía que contestar, hasta que escuché su última pregunta. Mis padres no me han visto porque se habían ido temprano, a hacer cosas de padres irresponsables. Así que me encogí de hombros.
-Nada -susurré mientras baja la mirada a mis pies.
Will me miró con las cejas alzadas.
-¿Cómo que nada? -Preguntó él. -Tienes medio brazo vendado y no te dicen nada... ¿Te estás riendo de mí, Neus? Mira que no estoy para tus gilipolleces en este momento.
-¡Qué nada, joder! -Chillé mientras me tapaba la cara con ambas manos. -No me han visto aún. Se fueron temprano, y la única que me ha visto ha sido mi hermana... Y para el caso no creo que se preocupe por lo que me pase. Así que... ¿qué más te da a ti eso? Me salvaste, ahora eres el héroe. Ves y fóllate a todas las que andan detrás tuya.
Él negó la cabeza y apretó los puños a ambos lados de su cuerpo, tensando los músculos. Sonrió irónico e hizo un ademán con la cabeza, señalando el coche.
-Móntate, nos vamos -ordenó. Sin embargo, yo seguía parada en el mismo sitio, preguntándome que quería de mí. -No te voy a hacer nada Neus, por el amor de Dios. Siéntate o te siento yo.
Fruncí el ceño a la misma vez que él me cogía y me llevaba como un saco de patatas. Comencé a patalear hasta que oí una puerta abrirse y al segundo siguiente estaba sentada en el asiento de su coche. Gruñí cabreada, y al sentarse a mi lado me sonrió divertido. Se estaba divirtiendo conmigo.
-Tengo unas ganas horribles de abofetearte -rugí, al mismo tiempo que él lanzaba una carcajada. No se iba a quedar tan contento. -¿Por qué te comportas así? ¿Eh? -Comencé a darle manotazos mientras él agarraba mis muñecas y caí sobre él.
-Tranquila fiera, que al final vas a acabar en una situación comprometedora -rió mirando hacia abajo. Me sonrojé tanto que pensé que ahora mismo tenía cara de gilipollas. A parte de psicópata. Eso sin duda.
Con gran esfuerzo me incorporé de nuevo en mi asiento, pero sabía que no iba a ser tan fácil. Me tomó del brazo para girarme hacia él, y al momento sentí su aliento sobre mi mejilla. Sus ojos grises estaban puestos en los míos, mientras nuestras narices se rozaban. Mi respiración se volvió bastante agitada.
Estábamos rozando nuestros labios cuando un golpe nos sobresaltó, y al girarme hacia mi casa vi a mi hermana saliendo del coche de su novio, cabreada, mientras él iba tras ella. Enarqué las cejas mientras Will inspeccionaba la escena. Él sabía que estaba pasando, dado que estaba curioseando mucho.

-Dentro de poco oscurecerá -informó, mientras esbozaba una gran sonrisa. -Vámonos antes de que se haga demasiado tarde. Ponte el cinturón. 

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