jueves, 12 de septiembre de 2013

Frena - 3

Will parecía ajeno a todo lo demás. Él, simplemente, conducía sin escuchar nada salvo el sonido del motor. No sabía porqué había venido con él, pero sabía que prefería estar aquí que en casa... después de todo, Nicole parecía haberlo estado pasando mal y no quería saber que había pasado. Puestos que el novio de ésta era un gilipollas. Y no hablemos de la bruja de su madre, o el maldito parásito de su padre... Mejor disfrutaría del momento.
Miré a Will que estaba con la vista clavada en la carretera, e interrumpí su momento de tranquilidad.
-Llevamos como media hora conduciendo y no sé adónde vamos -le dije. -Si querías violarme y luego asesinarme has podido hacerlo hace como... quince minutos en el motel de carretera.
Él sonrió y giró el volante hacia la izquierda. Seguíamos adelante y no recibía contestación ninguna. Iba a sacarme de quicio esto del silencio. Ni siquiera se me había dado bien cuando iba a misa. Resoplé y me eché hacia atrás mientras miraba por la ventanilla. El cielo comenzaba a oscurecerse y al final del paisaje el sol descendía. Los rayos anaranjados ocupaban gran parte de mi visión, y era inevitable no apartar la mirada. Era precioso aquello, pero sabía que al final el sol dejaría de brillar hasta acabar en una profunda oscuridad. La luna haría su aparición.
-Quiero hacerte unas preguntas -admití mirando de nuevo a Will, e inclinándome en asiento. -Son fáciles, para que no tengas ningún problema con eso.
-Como quieras ratita, pero yo también haré preguntas -me guiñó un ojo mientras volvía a girar el volante. Esta vez hacia la derecha, haciendo que las ruedas derraparan sobre el asfalto.
Levanté las manos a modo de rendición.
-Empiezo yo -solté mientras buscaba en mi mente alguna pregunta que hacerle. -Dime, ¿por qué corres cuando trabajas de cocinero? No le encuentro ningún sentido, sinceramente.
-Dinero no me falta trabajando de cocinero, sí. Pero no es algo que realmente me guste hacer... Aún así, como te has dado cuenta, soy perfecto en todo. Así que... ¿por qué no? Es algo que me gusta hacer y obtengo dinero por el mérito.
Me reí mientras movía la cabeza a ambos lados. Le gustaba arriesgarse... Era un gilipollas de la adrenalina, aparte de egocéntrico. Que bonito, Neus, tú como siempre fijándote en los mejores especímenes.
-Esta ronda es mía -Will pisó el acelerador y luego me miró de reojo. -¿Estudias o trabajas?
Alcé una ceja.
-¿Estás intentando ligar conmigo? -Pregunté, vacilando. -Esa frase está pasada de moda, Will, por la virgen.
Él se rió a carcajadas y volvió a centrar su vista en la carretera.
-Estudio -y seguí-, después de este verano comenzaré la Universidad. Algo que me tiene un poco preocupada, la verdad. Pero estoy bien con eso.
-¿Cuántos años tienes? -Preguntó frunciendo las cejas.
-Diecinueve -sonreí ampliamente mientras daba palmadas. -¿Por qué? ¿Y tú?
Él asintió con la cabeza mientras sonreía ampliamente.
-Dado que la universidad empieza cuando tienes dieciocho años, debo suponer que viviste algún año fuera de las reglas -él alzó las cejas repetidamente, como si supiera que fue eso lo que hizo atrasarme.
Negué con la cabeza, y vi su rostro lleno de confusión.
-Estuve un coma durante diez meses.
Era algo que no iba contando a los cuatro vientos, y sí, no me gustaba hablar de ello pero odiaba que la gente opinase sobre mi vida sin saber como es realmente. Quitó una de las manos de su volante para rascarse la nuca, claramente incómodo. No iba a contarle mi historia, con esto le bastaba para saber sobre mí.
-No me has contestado a la pregunta que te hice antes -llamé de nuevo su atención.
Él me miró totalmente serio y decidió bajar una gran rampa que tenía bastante desnivel. Noté como ésta tenían enormes piedras, y supe inmediatamente que estábamos en la entrada de una playa. No había ningún coche, lo que me aseguró que nadie se encontraba aquí. Una hora de viaje para llevarme a la playa. Increíble.
-¿Lo lograste superar? -Preguntó de la nada, atrayendo mi atención hacia él. Fruncí las cejas. -Me refiero a que si lo superaste. A que si ya no te sientes mal por haber vivido aquello...
Le miré fijamente.
-Cuando entré en coma, no sentía nada en mi cuerpo. Sabía que iba a pasar algo el momento en que sentí la oscuridad envolverme, pero a la vez no me importó -le respondí. -Will, no soy yo la que lo tiene que superar. Viví dormida durante diez mese, y no vivía prácticamente el momento, no sabía que me estaba pasando. Es mi familia la que necesita superarlo al fin.
Logramos pararnos, para luego parar el motor y Will esperó a que yo siguiera hablando. Cosa que hice.
-Sé que es una tontería, pero muchas veces vienen fragmentos de voces a mi mente, pero no escenas -susurré mientras miraba hacia abajo. -Es como si... yo hubiera estado presente en todo lo que ellos decían en mi presencia, mientras yo seguía en coma. No lo sé, es una tontería, lo sé.
Él agarró mi mano y le miré.
-No eres la única, Neus -me respondió. -Muchas personas que han salido del coma dicen exactamente lo mismo. Como tú has dicho estabas despierta. Pero no eras capaz de hacer despertar tu cuerpo. Si tu corazón aún latía, también tus sentidos estaban funcionando.
Le sonreí, agradeciéndole que no me dejara por una loca psicópata, de la que tenía que deshacerse. Luego él me devolvió la sonrisa y me hizo un ademán, cosa que capté al instante. Salí del coche mientras él me guiaba por la entrada a la playa. Entre que ya estaba algo oscuro, sin los rayos del sol iluminándonos, no sabía por donde iba. Me agarró de la mano mientras bajaba las escaleras, que daba a la arena de la playa y levanté las manos en señal de bienvenida.
-¡Me encanta! -Grité efusiva mientras corría hacia el agua. Hacía un frío increíble y sabía que no debería de meterme, pero solo serían los pies, ¿no?
Will se quedó parado junto a las escaleras mientras yo iba corriendo dando pequeños saltos, como una cría que nunca había visto el mar ni la fría arena, adquiriéndose a la piel de mis pies. Miré hacia atrás haciendo un gesto a Will, que captó enseguida. Venía hacia mí con paso tranquilo, como si todo el tiempo del mundo fuera solo nuestro y tomé su mano derecha, a la vez que se colocaba a mi lado. Sonreí ampliamente y entré un pie en el frío agua, apretando la mano de él.
-¿Pretendes coger una pulmonía, ratita? -Preguntó en mi oído. Su voz hizo que mi vello se erizase, como si el contacto con él fuera más que suficiente para aceptar la locura. -Pretendía llegar antes de que se hiciera de noche, pero veo que no lo hemos logrado.
Reí y le tiré de la mano, señalando hacia el agua. Aún el sol seguía escondiéndose, pero solo se notaba la pequeña esencia de luz que éste había dejado poco tiempo atrás.
-Neus, no -dijo Will. -Por mucho que intentes convencerme no me voy a meter en el agua ahora.
Alcé las cejas mientras reía y corrí hacia el agua, hasta que el agua, prácticamente, fría como el hielo me atrapó hasta mi cintura. Vale, era bastante idiota metiéndome, pero me gustaba. No había ninguna ola y eso era aún mejor. No tendría porque venir una y arrastrarme hasta Dios sabe donde, ahogándome.
-La próxima vez te preguntaré si eres una cabezota -dijo Will mientras me cogía en brazos y yo envolvía su cuello con mis brazos. Él no tenía la cazadora, cosa que me sorprendió, y dejé que me llevara a donde él quisiera.
Me puso de pie sobre la arena y me puso su cazadora encima. Y justo cuando su cuerpo se separó del mío pude sentir todo el frío del mundo abatiéndose sobre mí. Joder, esto se había convertido en el Polo Norte. Pero sabía de más que Will no iba a irse ahora y fui yo misma la que se tiró en la arena para que luego él se recostase a mi lado. Miré las pocas estrellas que comenzaban a brillas en el cielo, y me acerqué a él más. Al parecer la temperatura de los chicos era mayormente elevada, porque el calor que su cuerpo desprendía, me ayudaba a calentarme a mí. Y no, no me refiero a eso, malpensados.
-Aún sigo esperando la respuesta que al parecer nunca llegará -me quejé mientras frotaba mis manos. -¿Será que eres un cuarentón con cuerpo de un chico de veinte?
Él rió, tomó mis manos y comenzó a frotarlas a la misma vez que no dejaba de mirar el oscuro cielo.
-Tengo veintiún años, Neus -sonrió ampliamente. -En dos semanas veintidós.
Pegué un grito de euforia y le miré mostrando todos mis dientes, y luego sacando la lengua.
-¿Fiesta? -Pregunté emocionada. -¿Me invitarás verdad? No voy a una fiesta desde... ¿párvulo? Y lo único que hacíamos era cantar las canciones de las tres mellizas. Oh, y pegar cosas con pegamento de barra en las paredes. Y no hace falta que diga que se caían al segundo de haberlo puesto. Yo siempre salía llorando. Era una chica sensible. Aún lo sigo siendo.
Creo que hablé demasiado, pero Will no se había inmutado. Que sorpresa.
-No sé a que responderte -rió. -Pero nunca hago fiestas de cumpleaños, no me gustan. Y sobre lo otro... creo que te quedastes traumatizada por aquella serie, estoy seguro.
-¿Por las tres mellizas? -Pregunté abriendo la boca. -¿Por qué? ¡No te metas con mi infancia!
Él se encogió de hombros a la misma vez que intentaba no reírse.
-Oh, venga... Creo que soy el único macho de su especie que le cogió miedo a la bruja.
Le miré fijamente antes de romper a reír mientras notaba las lágrimas mojándome el rostro. Oh Dios mío, estaba llorando de risa. ¿Alguna vez me había pasado? No.
-¿Sabías que reírte de las desgracias ajenas es ser malvada? -Preguntó él mientras volvía a reír con intensidad. Él estaba intentando no reírse, pero le salió el tiro por la culata. -Y para que te informes yo era más de Dragon Ball.
-O sea te daba menos miedo el ser que se fusionaba con otros -dije levantando los pulgares hacia arriba. -Tú eres raro, William. Yo, sin embargo, quería ser trilliza.
-Oh, sí, eso es mucho más sensato -rió él mientras revolvía mi cabello y me ayudase a levantarme de la arena. -Nos vamos a casa, Teresa.
Le di un golpe en el brazo y me abroché la cremallera de la cazadora de él. Aunque aquí fuera puramente verano, tenía unos altibajos enormes. Podía hacer calor y al instante siguiente podía hacer frío.
-Yo soy Ana, perdona -le comenté mientras íbamos hacia el coche.
-Eres la Bruja Aburrida.
Le fulminé mientras le empujaba y él venía hacia mí para cogerme en brazos y meterme en el coche.

Tras otra hora de vuelta paramos enfrente de mi casa. Ésta tenía las luces del salón prendida, como la del comedor y la cocina. Y estaba casi segura que la sala de baile también estaba prendida. Entrecerré los ojos para ver mejor y divisé tres coches estacionados de más.
-Mierda -resoplé mientras me salía del coche a la misma vez que Will lo hacía. -De nuevo tengo a los suegros de mi hermana aquí. Los hijos de puta no se van nunca. Viven más aquí que en su propia casa.
Noté lo bien lo que se lo estaba pasando Will con mis desgracias y le fulminé, mientras hacía un puchero. Llegamos hasta los escalones de la puerta principal y me giré hacia él.
-Me ha encantado salir de esta ciudad de mierda, e irme a la playa -sonreí mientras me quitaba la cazadora y se la extendía.
-Quedatela -sonrió antes de que la agarrase y me la pusiera de nuevo sobre mis hombros. -Creo que a ti te quedar mejor que a mí, ratita.
Ladeé la cabeza y me acurruqué.
-Oye... -comencé a decir antes de sentir las manos de él en mi nuca atrayéndome, y rozando sus labios con los míos. Sentía el desbocado corazón en mi pecho y mi estómago no era mucho mejor. Estaba nerviosa, descontrolada y ansiosa de que él me besara. Y lo conseguí.
Sus labios se posaron sobre los míos, lentamente. Poco a poco su lengua fue abriendo mis labios, y cuando supo que estaba a su merced introdujo ésta para fusionarse con la mía. Ya no había lentitud ninguna, ahora era yo quien había agarrado su camiseta y le estaba apretando a sí misma.
Pero una puerta a mis espaldas se abrió de golpe, sintiendo el calor del recibidor. Nos separamos de inmediato mirando hacia la rubia.
-¡Uy, perdona! -Exclamó Ashley con su típica voz de pito. -¿Interrumpía?
Apreté mis manos en un puño y miré hacia Will, que parecía algo ido.
-No, ya me iba -sonrió Will con educación antes de mirarme y besarme la frente. -Hasta otra, señora. Hasta mañana, Neus.
Él se había largado demasiado pronto por culpa de la mujer babosa que estaba frente a mí. Anduve hasta ella, y antes de que me dijera quien era, decidí adentrarme y correr hasta mi habitación. Era hora que pudiera ducharme con agua caliente, porque al final sí que tendría un resfriado de los buenos.
Más tarde vestía mi pijama calentito y decidí recostarme en la cama.

Solo quería dormir y soñar. 

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