Will
parecía ajeno a todo lo demás. Él, simplemente, conducía sin
escuchar nada salvo el sonido del motor. No sabía porqué había
venido con él, pero sabía que prefería estar aquí que en casa...
después de todo, Nicole parecía haberlo estado pasando mal y no
quería saber que había pasado. Puestos que el novio de ésta era un
gilipollas. Y no hablemos de la bruja de su madre, o el maldito
parásito de su padre... Mejor disfrutaría del momento.
Miré
a Will que estaba con la vista clavada en la carretera, e interrumpí
su momento de tranquilidad.
-Llevamos
como media hora conduciendo y no sé adónde vamos -le dije. -Si
querías violarme y luego asesinarme has podido hacerlo hace como...
quince minutos en el motel de carretera.
Él
sonrió y giró el volante hacia la izquierda. Seguíamos adelante y
no recibía contestación ninguna. Iba a sacarme de quicio esto del
silencio. Ni siquiera se me había dado bien cuando iba a misa.
Resoplé y me eché hacia atrás mientras miraba por la ventanilla.
El cielo comenzaba a oscurecerse y al final del paisaje el sol
descendía. Los rayos anaranjados ocupaban gran parte de mi visión,
y era inevitable no apartar la mirada. Era precioso aquello, pero
sabía que al final el sol dejaría de brillar hasta acabar en una
profunda oscuridad. La luna haría su aparición.
-Quiero
hacerte unas preguntas -admití mirando de nuevo a Will, e
inclinándome en asiento. -Son fáciles, para que no tengas ningún
problema con eso.
-Como
quieras ratita, pero yo también haré preguntas -me guiñó un
ojo mientras volvía a girar el volante. Esta vez hacia la derecha,
haciendo que las ruedas derraparan sobre el asfalto.
Levanté
las manos a modo de rendición.
-Empiezo
yo -solté mientras buscaba en mi mente alguna pregunta que
hacerle. -Dime, ¿por qué corres cuando trabajas de cocinero? No
le encuentro ningún sentido, sinceramente.
-Dinero
no me falta trabajando de cocinero, sí. Pero no es algo que
realmente me guste hacer... Aún así, como te has dado cuenta, soy
perfecto en todo. Así que... ¿por qué no? Es algo que me gusta
hacer y obtengo dinero por el mérito.
Me
reí mientras movía la cabeza a ambos lados. Le gustaba
arriesgarse... Era un gilipollas de la adrenalina, aparte de
egocéntrico. Que bonito, Neus, tú como siempre fijándote en los
mejores especímenes.
-Esta
ronda es mía -Will pisó el acelerador y luego me miró de
reojo. -¿Estudias o trabajas?
Alcé
una ceja.
-¿Estás
intentando ligar conmigo? -Pregunté, vacilando. -Esa frase
está pasada de moda, Will, por la virgen.
Él
se rió a carcajadas y volvió a centrar su vista en la carretera.
-Estudio
-y seguí-, después de este verano comenzaré la Universidad.
Algo que me tiene un poco preocupada, la verdad. Pero estoy bien con
eso.
-¿Cuántos
años tienes? -Preguntó frunciendo las cejas.
-Diecinueve
-sonreí ampliamente mientras daba palmadas. -¿Por qué? ¿Y tú?
Él
asintió con la cabeza mientras sonreía ampliamente.
-Dado
que la universidad empieza cuando tienes dieciocho años, debo
suponer que viviste algún año fuera de las reglas -él alzó
las cejas repetidamente, como si supiera que fue eso lo que hizo
atrasarme.
Negué
con la cabeza, y vi su rostro lleno de confusión.
-Estuve
un coma durante diez meses.
Era
algo que no iba contando a los cuatro vientos, y sí, no me gustaba
hablar de ello pero odiaba que la gente opinase sobre mi vida sin
saber como es realmente. Quitó una de las manos de su volante para
rascarse la nuca, claramente incómodo. No iba a contarle mi
historia, con esto le bastaba para saber sobre mí.
-No
me has contestado a la pregunta que te hice antes -llamé de
nuevo su atención.
Él
me miró totalmente serio y decidió bajar una gran rampa que tenía
bastante desnivel. Noté como ésta tenían enormes piedras, y supe
inmediatamente que estábamos en la entrada de una playa. No había
ningún coche, lo que me aseguró que nadie se encontraba aquí. Una
hora de viaje para llevarme a la playa. Increíble.
-¿Lo
lograste superar? -Preguntó de la nada, atrayendo mi atención
hacia él. Fruncí las cejas. -Me refiero a que si lo superaste. A
que si ya no te sientes mal por haber vivido aquello...
Le
miré fijamente.
-Cuando
entré en coma, no sentía nada en mi cuerpo. Sabía que iba a pasar
algo el momento en que sentí la oscuridad envolverme, pero a la vez
no me importó -le respondí. -Will, no soy yo la que lo tiene
que superar. Viví dormida durante diez mese, y no vivía
prácticamente el momento, no sabía que me estaba pasando. Es mi
familia la que necesita superarlo al fin.
Logramos
pararnos, para luego parar el motor y Will esperó a que yo siguiera
hablando. Cosa que hice.
-Sé
que es una tontería, pero muchas veces vienen fragmentos de voces a
mi mente, pero no escenas -susurré mientras miraba hacia abajo.
-Es como si... yo hubiera estado presente en todo lo que ellos
decían en mi presencia, mientras yo seguía en coma. No lo sé, es
una tontería, lo sé.
Él
agarró mi mano y le miré.
-No
eres la única, Neus -me respondió. -Muchas personas que han
salido del coma dicen exactamente lo mismo. Como tú has dicho
estabas despierta. Pero no eras capaz de hacer despertar tu cuerpo.
Si tu corazón aún latía, también tus sentidos estaban
funcionando.
Le
sonreí, agradeciéndole que no me dejara por una loca psicópata, de
la que tenía que deshacerse. Luego él me devolvió la sonrisa y me
hizo un ademán, cosa que capté al instante. Salí del coche
mientras él me guiaba por la entrada a la playa. Entre que ya estaba
algo oscuro, sin los rayos del sol iluminándonos, no sabía por
donde iba. Me agarró de la mano mientras bajaba las escaleras, que
daba a la arena de la playa y levanté las manos en señal de
bienvenida.
-¡Me
encanta! -Grité efusiva mientras corría hacia el agua. Hacía
un frío increíble y sabía que no debería de meterme, pero solo
serían los pies, ¿no?
Will
se quedó parado junto a las escaleras mientras yo iba corriendo
dando pequeños saltos, como una cría que nunca había visto el mar
ni la fría arena, adquiriéndose a la piel de mis pies. Miré hacia
atrás haciendo un gesto a Will, que captó enseguida. Venía hacia
mí con paso tranquilo, como si todo el tiempo del mundo fuera solo
nuestro y tomé su mano derecha, a la vez que se colocaba a mi lado.
Sonreí ampliamente y entré un pie en el frío agua, apretando la
mano de él.
-¿Pretendes
coger una pulmonía, ratita? -Preguntó en mi oído. Su voz hizo
que mi vello se erizase, como si el contacto con él fuera más que
suficiente para aceptar la locura. -Pretendía llegar antes de que
se hiciera de noche, pero veo que no lo hemos logrado.
Reí
y le tiré de la mano, señalando hacia el agua. Aún el sol seguía
escondiéndose, pero solo se notaba la pequeña esencia de luz que
éste había dejado poco tiempo atrás.
-Neus,
no -dijo Will. -Por mucho que intentes convencerme no me voy a
meter en el agua ahora.
Alcé
las cejas mientras reía y corrí hacia el agua, hasta que el agua,
prácticamente, fría como el hielo me atrapó hasta mi cintura.
Vale, era bastante idiota metiéndome, pero me gustaba. No había
ninguna ola y eso era aún mejor. No tendría porque venir una y
arrastrarme hasta Dios sabe donde, ahogándome.
-La
próxima vez te preguntaré si eres una cabezota -dijo Will
mientras me cogía en brazos y yo envolvía su cuello con mis brazos.
Él no tenía la cazadora, cosa que me sorprendió, y dejé que me
llevara a donde él quisiera.
Me
puso de pie sobre la arena y me puso su cazadora encima. Y justo
cuando su cuerpo se separó del mío pude sentir todo el frío del
mundo abatiéndose sobre mí. Joder, esto se había convertido en el
Polo Norte. Pero sabía de más que Will no iba a irse ahora y fui yo
misma la que se tiró en la arena para que luego él se recostase a
mi lado. Miré las pocas estrellas que comenzaban a brillas en el
cielo, y me acerqué a él más. Al parecer la temperatura de los
chicos era mayormente elevada, porque el calor que su cuerpo
desprendía, me ayudaba a calentarme a mí. Y no, no me refiero a
eso, malpensados.
-Aún
sigo esperando la respuesta que al parecer nunca llegará -me
quejé mientras frotaba mis manos. -¿Será que eres un cuarentón
con cuerpo de un chico de veinte?
Él
rió, tomó mis manos y comenzó a frotarlas a la misma vez que no
dejaba de mirar el oscuro cielo.
-Tengo
veintiún años, Neus -sonrió ampliamente. -En dos semanas
veintidós.
Pegué
un grito de euforia y le miré mostrando todos mis dientes, y luego
sacando la lengua.
-¿Fiesta?
-Pregunté emocionada. -¿Me invitarás verdad? No voy a una
fiesta desde... ¿párvulo? Y lo único que hacíamos era cantar las
canciones de las tres mellizas. Oh, y pegar cosas con pegamento de
barra en las paredes. Y no hace falta que diga que se caían al
segundo de haberlo puesto. Yo siempre salía llorando. Era una chica
sensible. Aún lo sigo siendo.
Creo
que hablé demasiado, pero Will no se había inmutado. Que sorpresa.
-No
sé a que responderte -rió. -Pero nunca hago fiestas de
cumpleaños, no me gustan. Y sobre lo otro... creo que te quedastes
traumatizada por aquella serie, estoy seguro.
-¿Por
las tres mellizas? -Pregunté abriendo la boca. -¿Por qué?
¡No te metas con mi infancia!
Él
se encogió de hombros a la misma vez que intentaba no reírse.
-Oh,
venga... Creo que soy el único macho de su especie que le cogió
miedo a la bruja.
Le
miré fijamente antes de romper a reír mientras notaba las lágrimas
mojándome el rostro. Oh Dios mío, estaba llorando de risa. ¿Alguna
vez me había pasado? No.
-¿Sabías
que reírte de las desgracias ajenas es ser malvada? -Preguntó
él mientras volvía a reír con intensidad. Él estaba intentando no
reírse, pero le salió el tiro por la culata. -Y para que te
informes yo era más de Dragon Ball.
-O
sea te daba menos miedo el ser que se fusionaba con otros -dije
levantando los pulgares hacia arriba. -Tú eres raro, William. Yo,
sin embargo, quería ser trilliza.
-Oh,
sí, eso es mucho más sensato -rió él mientras revolvía mi
cabello y me ayudase a levantarme de la arena. -Nos vamos a casa,
Teresa.
Le
di un golpe en el brazo y me abroché la cremallera de la cazadora de
él. Aunque aquí fuera puramente verano, tenía unos altibajos
enormes. Podía hacer calor y al instante siguiente podía hacer
frío.
-Yo
soy Ana, perdona -le comenté mientras íbamos hacia el coche.
-Eres
la Bruja Aburrida.
Le
fulminé mientras le empujaba y él venía hacia mí para cogerme en
brazos y meterme en el coche.
Tras
otra hora de vuelta paramos enfrente de mi casa. Ésta tenía las
luces del salón prendida, como la del comedor y la cocina. Y estaba
casi segura que la sala de baile también estaba prendida. Entrecerré
los ojos para ver mejor y divisé tres coches estacionados de más.
-Mierda
-resoplé mientras me salía del coche a la misma vez que Will lo
hacía. -De nuevo tengo a los suegros de mi hermana aquí. Los
hijos de puta no se van nunca. Viven más aquí que en su propia
casa.
Noté
lo bien lo que se lo estaba pasando Will con mis desgracias y le
fulminé, mientras hacía un puchero. Llegamos hasta los escalones de
la puerta principal y me giré hacia él.
-Me
ha encantado salir de esta ciudad de mierda, e irme a la playa
-sonreí mientras me quitaba la cazadora y se la extendía.
-Quedatela
-sonrió antes de que la agarrase y me la pusiera de nuevo sobre mis
hombros. -Creo que a ti te quedar mejor que a mí, ratita.
Ladeé
la cabeza y me acurruqué.
-Oye...
-comencé a decir antes de sentir las manos de él en mi nuca
atrayéndome, y rozando sus labios con los míos. Sentía el
desbocado corazón en mi pecho y mi estómago no era mucho mejor.
Estaba nerviosa, descontrolada y ansiosa de que él me besara. Y lo
conseguí.
Sus
labios se posaron sobre los míos, lentamente. Poco a poco su lengua
fue abriendo mis labios, y cuando supo que estaba a su merced
introdujo ésta para fusionarse con la mía. Ya no había lentitud
ninguna, ahora era yo quien había agarrado su camiseta y le estaba
apretando a sí misma.
Pero
una puerta a mis espaldas se abrió de golpe, sintiendo el calor del
recibidor. Nos separamos de inmediato mirando hacia la rubia.
-¡Uy,
perdona! -Exclamó Ashley con su típica voz de pito.
-¿Interrumpía?
Apreté
mis manos en un puño y miré hacia Will, que parecía algo ido.
-No,
ya me iba -sonrió Will con educación antes de mirarme y besarme
la frente. -Hasta otra, señora. Hasta mañana, Neus.
Él
se había largado demasiado pronto por culpa de la mujer babosa que
estaba frente a mí. Anduve hasta ella, y antes de que me dijera
quien era, decidí adentrarme y correr hasta mi habitación. Era hora
que pudiera ducharme con agua caliente, porque al final sí que
tendría un resfriado de los buenos.
Más
tarde vestía mi pijama calentito y decidí recostarme en la cama.
Solo
quería dormir y soñar.
No hay comentarios:
Publicar un comentario