jueves, 12 de septiembre de 2013

Frena - 5

La estrepitosa música no dejaba de bombear contra los enormes altavoces. Me reí por no llorar. Todas las personas presentes en las carreras estaban interesados en meterse manos, y los otros pocos -que claramente eran la minoría-, charlaban entre ellos, sobre quien estaría en primer lugar. Sin meditar las cosas me encaminé hacia la enorme pizarra que contenía todos los nombres de los conductores. Allí estaban las apuestas.
Bianca frunció el ceño.
-¿Se puede saber cómo es que Kent es tan tonto? Está de nuevo persiguiendo a Melania, y la pobre muchacha sufre con él... Está enamorada perdidamente.
-A mi hermana siempre le ha gustado -dijo Tina torciendo la boca. -No sé como demonios está enamorada de él, sabiendo que sólo quiere jugar.
Me di la vuelta, ignorando la pizarra y yendo hacia ellas de nuevo.
-No podéis negar que Kent tiene su encanto -dije encogiéndome de hombros. -Si no fuera porque sé como es y porque le miro de otra manera, podría decir que también estaría como Melania.
-Eso no me lo esperaba -una voz a mis espaldas me sobresaltó. Me di la vuelta rápidamente para empujar a esa persona de mí.
Ni siquiera me había dado cuenta de quien era hasta que vi sus ojos grises. Se estaba burlando de mi acción. Rodé los ojos y volví a darme la vuelta, mientras Tina saludaba a alguien muy lejos de ella y, rápidamente, echó a correr mientras movía la mano.
-¿Se puede saber por qué me ha tocado contigo? -Le pregunté a William mientras me giraba a verlo. -Es cosa tuya, ¿verdad? Como no...
Bianca nos miró para luego resoplar y despedirse de mí con un apretón de mano.
-Creo que no te he felicitado -cambió de tema. Aunque ni siquiera sabía a que se refería. -Pero prefería esos pantalones -señaló hacia una chica, quién tenía unos blancos pantalones cortos, parecidos a un culot dicho en francés.
-Tú eres un pervertido -le clavé mi dedo índice en su pecho y moví mi pelo a un lado mientras miraba el marcador. Faltaba una hora aún... Dios mío, esto se me hacía eterno.
Él me rodeó el cuello con su brazo izquierdo y comenzó a andar tirándome hacia él. Mientras andábamos por todo aquel caos de personas bebidas, y haciendo como que estaban en un prostíbulo, me di cuenta de lo imperfecto que era aquel sitio. No creáis que estar en un sitio desconocido, del que te hablan muy bien, sea perfecto. Es más, prefería estar viendo ahora mismo una película a estar aquí pelándome de frío.
-¡William! -Gritó un chico rubio de ojos oscuros, yendo hacia él. En realidad venía hacia nosotros, porque estaba justo al lado de él, arropada por su brazo. -Las apuestas han subido.
-No es nuevo -Will sonrió arrogante antes de dirigir su mirada hacia mí, y luego hacia su amigo. Alzó un brazo y señaló hacia el chico. -Él es Brad. Brad ella es Neus.
Brad abrió la boca y sonrió ampliamente, asintiendo poco a poco. Aquel chico me miraba como si hubiera descubierto un mundo nuevo y tendió su mano hacia mí.
-Así que tú eres la famosa Neus -sonrió mientras le daba la mano.
-¿Famosa? -Le pregunté mientras William tiraba de mí y fulminaba a Brad. -Aún así encantada de conocerte. No suelo conocer a más chicos que mi mejor amigo, pero siempre puedo cambiar -sonreí.
Brad agradeció mi intervención.
-Yo siempre podré ser un mejor amigo -terció Brad haciendo una mueca graciosa. -Espero que esta segunda vez te sea un poco más leve. Nos asustaste.
Ladeé la cabeza y me deshice del hombro de William porque no dejaba de ponerme nerviosa. Su presencia no le hacía ningún bien a mis sentimientos, así que prefería dejarlo pasar.
-Tranquilo -dije. -Sobreviviré.

Si alguien me dijera hace un mes que iba a estar aquí en unas carreras de coches, haciendo de acompañante, le hubiera dicho que era un jodido mentiroso de mierda. Estaba apoyada sobre el maletero a la misma vez que todas las chicas, a mi lado, lo hacían. Tan solo faltaban diez minutos para poder meternos en el coche, y otros diez minutos para que la chica que daba la salida se pusiera a dar el pregón. Suspiré mirando a ambos lados. La única chica conocida que estaba a mi lado era Melania, que estaba, claramente, nerviosa apoyada en el coche de Kent.
-¡Chicas! -Gritó la voz del presentador. Voz que conocía ya perfectamente bien, dado que se dedicaba a decir bienvenido cada dos por tres. -¡Hoy es el mejor aniversario de todos! ¡Hoy hay más conductores como nunca antes! ¡Hoy vamos a poder disfrutar de unas carreras jodidamente mortales! -Y eso era lo que me daba realmente miedo.
Mordí mi labio inferior mientras oía la voz del presentador de fondo. Miré directamente a Melania, para que esta se percatase de mi presencia. Y lo conseguí.
-Tranquila -le susurré lo bastante alto como para que ella lo escuchase. -Relájate y confía en Kent. Si él ve el peligro se percatará. Puedes respirar, Mel.
Ella asintió de manera violenta.
-Gracias -logró responder con una pequeña sonrisa.
Me metí en el coche a la misma vez que todas las chicas. Dios mío, estas chicas y yo hacíamos todo al mismo tiempo, y eso me inquietaba bastante. ¿Si empezábamos todas juntas significaba que podíamos acabar todas muertas? Me reí ante mi pensamiento y logré sentarme como una persona normal antes de que Will se pusiera a gritarme; aunque este estaba demasiado ocupado con los mecanismos de su coche.
-¿Qué estás haciendo? -Le pregunté cuando él levantó la cabeza de golpe, dirigiendo su mirada hacia mí. En ese preciso instante di por sentado que no se había dado cuenta de mi presencia.
-Poniendo todo en marcha -respondió sin más, volviendo la mirada hacia abajo mientras tocaba mil cosas. -Ponte recta. Relaja la espalda y agárrate al respaldo.
-¿Y de qué sirve si no tengo cinturón? -Pregunté haciendo caso a sus palabras.
-Si tensas la espalda, en una sacudida puede resultar bastante perjudicada. Si te agarras puedes librarte de los golpes más dolorosos. Ah, y ten los pies hacia atrás. Si chocamos contra algo podrías acabar sin piernas. Tú decides, ratita.
Con cabreo atendí a sus explicaciones e hice lo que él me pidió. Solo rezaba de que los acompañantes de mis amigas le hubieran estado diciendo lo mismo, o mejor. Solo esperaba salir viva de aquí, junto a ellas. Kent debería de estar acostumbrado pero tampoco me hacía a la idea de que resultase herido.
-Ten cuidado, ¿vale? -Mi voz tembló de manera inconsciente.
Will me miró enarcando las cejas y esbozó una sonrisa.
-No dejaré que te pase nada, Neus -respondió. -No soy tan idiota. Nadie ha salido herido de mi coche, así que no serás la primera, ratita.
-No... No lo digo por mí. Simplemente ten cuidado -dije apretando los ojos, sabiendo que la chica ya estaba poniéndose en posición. Esta era una enorme putada. Ni siquiera hacía un día que me había quitado la venda, y ya estaba metiéndome en otro lío. Y encima era tan tonta como para preocuparme por Will.
-Escúchame -susurró a mi lado. -No nos va a pasar nada, Neus.
Ni siquiera había pasado un minuto cuando el coche salió disparado por la carretera. Los músculos de William se tensaban bajo su camiseta negra de manga corta. Este tan solo tenía una mano en el volante, pues la otra estaba moviéndose de un lado a otro, dándole a todo tipo de mecanismos que contenía el coche. Ni siquiera grité cuando noté un coche intentando desviarnos del camino. Rechiné los dientes sabiendo que ese era Patrick. Podría distinguir su coche y su manera de conducir desde cualquier ángulo.
-Ese cabrón intenta echarnos -Will arqueó la espalda y señaló hacia atrás. -Dime si hay alguien detrás nuestra.
No dude ni un segundo en darme la vuelta y saber que no había nadie. Que estaban todos al otro lado del camino, y le negué con la cabeza, intentando no gritar o echarme a llorar por la presión del momento.
El coche frenó en seco.
Ni siquiera duró dos segundos cuando volvió a ponerlo en marcha, dejando a Patrick detrás nuestra, impresionado. Me reí en voz alta mientras intentaba entender la situación... Él había frenado en seco para que Patrick no pudiera seguir metiéndose en nuestro camino, y éste al vez que había parado en seco, pensó que nos había ocurrido algo; por lo que paró también. Siendo sincera esto era la hostia, aunque realmente no sé si podría acostumbrarme a esto.
-Will, ¡¿adónde hay que llegar?! -Tragué saliva sintiendo el aire en mi rostro.
-Ratita, respira, que vamos bien -respondió él mientras tensaba la mandíbula al percatase que otro coche estaba de nuevo sobre nosotros. Dios mío, esto era lo peor del mundo.
Will comenzó a adelantar a los pocos coches que se hallaban delante de nosotros y sentí la fatiga que la otra vez sentí. El puto impacto de saber que estaba básicamente volando sobre mi asiento, o sencillamente, estaba mareada. Cerré los ojos, apretándolos contra sí mismos, sabiendo que tarde o temprano esto terminaría.
¿Bien o mal?
No lo sabía.
Will cogió mi mano y la puso sobre el control de mandos. Abrí los ojos de golpe y su sonrisa se ensanchó de manera casi automática, mientras el coche daba una sacudida hasta acabar parados. No sabía que había ocurrido y miré por mi ventanilla dándome cuenta de la bandera blanca y negra que ondeaba por el viento...
¿Habíamos ganado?
William salió rápidamente del coche para luego abrir mi puerta y cogerme en brazos. Él, sin apenas esfuerzo, agarró mis piernas de forma casi instantánea, pasó cada una de éstas por su hombro hasta quedarme sentada sobre sus hombros. Miles de gritos se oían por todas partes, vitoreando. Sonreí de forma inmediata al saber que en efecto habíamos ganado, bueno, Will lo había hecho. Y puse mis manos sobre el pelo de éste, contenta.
Y cuando miré a los lejos, vi paradas a Tina, Bianca y a Melania junto a Kent.
Y mi mirada fue a parar lejos de aquí... A una ambulancia, donde tres chicas comenzaron a ser atendidas.
¿De verdad esto merecía aquél sacrificio?

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