jueves, 12 de septiembre de 2013

Frena - 6

Me encantaban las motos, personalmente, pero eso de montarme y que me llevaran a toda hostia por toda la autopista, no. Will había estado entusiasmado bastante así que decidí aceptar. ¿Por qué no? Después de toda la adrenalina que tuve durante las carreras, me daba ya igual estar en una moto con él.
Paró justo enfrente de mi casa e intenté bajar, pero él bajó primero que yo. Me cogió por la cintura y me dejó en el suelo. Luego me echó el pelo hacia atrás y esbozó una hermosa sonrisa.
-Me costaba ver tu precioso rostro -dijo con picardía, que solo funcionaba para ponerme roja como un tomate. -Me encanta cuando te sonrojas, ratita.
-Hoy has obtenido todo lo que querías -le dije mientras miraba hacia mi casa. Al parecer no habían llegado, puestos que se fueron con Ashley, el marido de ésta y todos los demás bártulos. -Ahora yo también quiero algo. Normalmente no lo haría, porque soy bastante vergonzosa, ¿pero que más da? Aprovecharé.
Will metió sus manos en los bolsillos delanteros, y esperó con una ceja alzada y divertido.
-Quiero tu número de móvil -dije mientras extendía la mano antes de seguir hablando-: Ya van dos veces las que me traes a mi casa, y te esmeraste en saber donde vivía... Así que tengo derecho a exigirlo.
-¿Y si no quiero dártelo? -Alzó las cejas, más divertido aún.
Bufé mientras me daba la vuelta hacia la puerta de mi casa, y notaba como él venía a mis espaldas.
-¿Qué haces aquí? -Le pregunté mientras me daba la vuelta y cruzaba los brazos. -Si no quieres darme el número entonces te pido que te largues, no tienes derecho a estar aquí.
Él alzó las comisuras de los labios, intentando no reír, y rebuscó en su chaqueta. Cuando encontró lo que buscaba me lo expendió, mientras le miraba con los ojos entrecerrados. Al coger el cacho cartón que me había extendido, miré la tarjeta. Pegué una risotada mientras bufaba.
-¿Cocinero a tiempo parcial y conductor profesional con doce puntos? -Pregunté mientras alzaba una ceja. -Estas son las tarjetas que les das a las tías que conoces, ¿verdad? Claro que sí, si no ¿quién coño tendría tarjetas de éstas?
-Eh -exclamó mientras levantaba las manos. -Has sido tú quien ha querido mi número.
Apreté los labios enfadada y le tiré la tarjeta. Me di media vuelta abriendo la puerta y al momento siguiente veía como él se arqueaba hacia mí, dejando una mano sobre la puerta. No hacía falta mirar hacia atrás para saber que estaba sonriendo.
-Yo también quiero tu número... -susurró en mi oído derecho, y sentí un calor infernal corriendo por todo mi cuerpo. -Pero ya lo tengo.
Logré abrir la puerta y pasar al recibidor para darme cuenta de que Will seguía fuera.
-No quiero saber quien te ha dado mi número -le avisé. -Pero ¿qué? ¿Puedes pasar? ¿O eres un chico vampiro y tengo que decir las palabras exactas?
Él pasó a mi casa y cerró la puerta, para luego mirar todo lo que extendía ante él. Parecía impresionado con la casa, como si no fuera normal en una chica cuyos padres eran ricos. Me fui hacia el salón con él pisándome los talones y tiré los tacones por ahí, golpeándolos con algo y finalmente cayendo al suelo.
-Puedes sentarte, no tendrás interrogatorio, tranquilo -le dije mientras iba hacia la cocina. -Mi padre no está -grité al mismo tiempo que cogía unos vasos y los dejaba en la encimera.
-Prefiero estar aquí -murmuró en mi oído, haciendo que saltara del susto.
Sus manos estaban sobre la encimera, encerrándome en pleno entre ésta misma y su pecho. Will respiraba contra mi nuca, provocándome más que simples suspiros. Todos mis pensamientos se transformaron en agua y se vertieron, porque todo lo que ahora tenía era a William. A él y solo a él. Me dí la vuelta lentamente hasta acabar frente a él. Agarré su chaqueta mientras veía sus claros ojos centelleando por la cálida luz. Fui yo quién buscó sus labios. Y eso era lo extraño, que esto lo había estado deseando desde aquel día en que me había besado. Desde que lo vi por primera vez. Este chico me estaba volviendo loca.
Agarré con fuerza el cabello de él, mientras él enterraba su mano derecha en mi mejilla, y la otra la apoyaba sobre la encimera de mi cocina. El beso se estaba volviendo explosivo por momentos, su lengua vagaba por mi boca en busca de algo más, no podía controlarme. Simplemente esto era lo que quería y deseaba que él también lo quisiera.
Me subió a la encimera y comenzó a bajar la boca sobre mi mentón, y más tarde sobre mi cuello sacándome pequeños gemidos. Juraría que si me hubieran tomado la temperatura subiría de los treinta y ocho grados. Dios mío.
-Mierda -susurró junto a mi clavícula, para más tarde retirarse y darme cuenta de cuán hinchados tenía los labios. Parpadeé sin saber que había pasado y tragué saliva.
-Lo siento -susurré, disculpándome. Joder, era un puto mujeriego de mierda, si le he besado su ego se hubiera ampliado no ensuciado... ¿no?
Él me miró confuso y con la mandíbula señaló la ventana.
-Tus padres acaban de llegar -sonrió incómodo mientras se rascaba la nuca. -Creo que eres la primera persona que al besar pierde el sentido del oído.
Salté de la encimera corriendo, casi cayéndome por el recibidor para mirar a través de la mirilla.
-Vale, vamos a hacer como si nada ocurriese -aconsejé. -Yo le diré que eres un nuevo amigo de Kent, y que bueno... Me traías a casa, porque Kent llevaba a... Tina y ya está.
Will enarcó una ceja.
-¿Acaso has visto tu cara? -Preguntó riéndose. -No hace falta tener más de una neurona para darse cuenta de que nos hemos estado besando, Neus.
-Pero... -comencé a decir cuando la puerta se abrió de golpe, dándome un empujón en el hombro. Miré con alerta a William mientras éste se encogía de hombros, totalmente tranquilo. ¿Es qué acaso era idiota? ¡Dios mío!
Enterré mi lengua entre mis labios y suspiré antes de irme hacia William, y darle la bienvenida a unos padres muy... pero que muy impresionados con la escena. Y eso no era lo único, es que también venía mi hermana y su novio, y los padres de éste. Estaba aquí, esbozando una sonrisa más falsa que el culo de Ashley.
-¡Hola! -Saludé intentando mantener la tranquilidad, pero me salió un chillido horrible. Will me miró con una ceja enarcada mientras intentaba no esbozar una sonrisa. -¡No pensé que ibais a llegar tan temprano! -Ahora fue una exclamación ahogada.
-Vamos a pasar de los saludos -dijo mi padre cruzándose de brazos y lanzándonos una mirada de alerta. -¿Qué pasa aquí? ¿Hay algo de lo que me quieras hablar, Neus?
Abrí la boca para decir algo, pero Will se adelantó.
-Señor, señora Ginaz -comenzó a decir Will acercándose a ellos, y alzando la mano. -Soy William Doyle.
Mi madre le estrechó la mano y totalmente sonriente. Ella estaba jodidamente encantada de que hubiese “encontrado” alguien, y encima era un puto dios. Mi padre, sin embargo, parecía algo cabreado. ¿Y por qué? Porque pensaba que yo iba a estar toda la vida aquí, cuidándolo.
-Encantada -logró decir mi madre mientras iba mirando a todos los presentes como una niña pequeña. Toda ilusionada. -Y dinos... ¿qué hacéis...?
Que bonita iba a ser su expresión cuando supiera la verdad.
-Su hija es mi novia.
Abrí tanto la boca que pensé que se me desencajaría la mandíbula. Le miré con los ojos como platos y esperé a que alguien dijera algo, y me sacara de mi ensueño. ¿Qué se había creído? ¿Por qué había dicho semejante mentira? Esperé a reaccionar pero cuando me di cuenta él me había cogido de la mano.
-¡Felicidades cariño! -Gritó mi madre abrazándome. ¿Por qué me abrazaba? ¿Hola? Tengo novio, no marido... ¡Y que mierda! ¡Tampoco tengo novio! Esto es una mentira de las grandes...
Ashley se nos quedó mirando y desvió la mirada hacia Will, que parecía exhausto por el apretón de mano que mi padre le había dado, más el abrazo sofocante. Ashley se acercó a Will y le plantó dos besos, más una pequeña sonrisa.
-Estoy muy contenta de que hayas encontrado a Neus -comenzó a decir. -Ella es una chica increíble.
¿Estaba intentando venderme como si fuera un coche?
Lo bueno era que nadie se había opuesto a esta “relación”. Pero tarde o temprano la verdad saldría a la verdad, pero antes hablaría con Will de todo esto. Todos estaban acoplados en el salón contando hazañas que hacían cuándo eran jóvenes, y al parecer esto lo hacían a menudo, cuando yo no estaba, seguramente.
-Will -le susurré al oído, dado que estaba sentado en el suelo escuchando. -Ven conmigo a la cocina. Tengo que hablar contigo ahora mismo.
Él giró la cabeza hacia mí, y sonrió.
-¿Ya me vas a dejar? -Susurró en mi oído.
-Podría si fuéramos algo -rodé los ojos.
Él me miró entrecerrando los ojos y volvió a mirar a mi padre, que estaba contando alguna anécdota de cuando era joven. Me acuerdo cuando a Nicole y a mí nos contaba las veces que le había pedido a mi madre salir con él. Hasta ella, de pesado que era, le dio unas buenas bofetadas.
Will se levantó del suelo y agarró mi mano para tirar hacia la cocina.
-¿De qué querías hablar? -Preguntó apoyándose en la encimera donde antes habíamos estado... -¿Por qué me miras así?, parece que quieres arrancarme la ropa, aunque no me importaría, preciosa.
Le empujé y me crucé de brazos.
-¿Cómo le vas a decir a mis padres que entre tú y yo no hay nada? -Pregunté.
-De ninguna manera.
Bufé mientras agarraba mi cabeza entre las manos.
-Dios mío, me tienes harta -le espeté. -¿Y qué hago?
Él se encogió de hombros.
-Dime que sí.
Le miré extrañada mientras ladeaba la cabeza.
-¿Qué sí el que?
-Qué quieres estar conmigo -respondió mientras se acercaba a mí vacilante.
Tragué saliva mientras notaba sus labios en mi frente. Asentí de forma automática.
-Sí -ahogué un pequeño grito de alegría.

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