Me
encantaban las motos, personalmente, pero eso de montarme y que me
llevaran a toda hostia por toda la autopista, no. Will había estado
entusiasmado bastante así que decidí aceptar. ¿Por qué no?
Después de toda la adrenalina que tuve durante las carreras, me daba
ya igual estar en una moto con él.
Paró
justo enfrente de mi casa e intenté bajar, pero él bajó primero
que yo. Me cogió por la cintura y me dejó en el suelo. Luego me
echó el pelo hacia atrás y esbozó una hermosa sonrisa.
-Me
costaba ver tu precioso rostro -dijo con picardía, que solo
funcionaba para ponerme roja como un tomate. -Me encanta cuando te
sonrojas, ratita.
-Hoy
has obtenido todo lo que querías -le dije mientras miraba hacia
mi casa. Al parecer no habían llegado, puestos que se fueron con
Ashley, el marido de ésta y todos los demás bártulos. -Ahora yo
también quiero algo. Normalmente no lo haría, porque soy bastante
vergonzosa, ¿pero que más da? Aprovecharé.
Will
metió sus manos en los bolsillos delanteros, y esperó con una ceja
alzada y divertido.
-Quiero
tu número de móvil -dije mientras extendía la mano antes de
seguir hablando-: Ya van dos veces las que me traes a mi casa, y
te esmeraste en saber donde vivía... Así que tengo derecho a
exigirlo.
-¿Y
si no quiero dártelo? -Alzó las cejas, más divertido aún.
Bufé
mientras me daba la vuelta hacia la puerta de mi casa, y notaba como
él venía a mis espaldas.
-¿Qué
haces aquí? -Le pregunté mientras me daba la vuelta y cruzaba
los brazos. -Si no quieres darme el número entonces te pido que
te largues, no tienes derecho a estar aquí.
Él
alzó las comisuras de los labios, intentando no reír, y rebuscó en
su chaqueta. Cuando encontró lo que buscaba me lo expendió,
mientras le miraba con los ojos entrecerrados. Al coger el cacho
cartón que me había extendido, miré la tarjeta. Pegué una
risotada mientras bufaba.
-¿Cocinero
a tiempo parcial y conductor profesional con doce puntos?
-Pregunté mientras alzaba una ceja. -Estas son las tarjetas que
les das a las tías que conoces, ¿verdad? Claro que sí, si no
¿quién coño tendría tarjetas de éstas?
-Eh
-exclamó mientras levantaba las manos. -Has sido tú quien ha
querido mi número.
Apreté
los labios enfadada y le tiré la tarjeta. Me di media vuelta
abriendo la puerta y al momento siguiente veía como él se arqueaba
hacia mí, dejando una mano sobre la puerta. No hacía falta mirar
hacia atrás para saber que estaba sonriendo.
-Yo
también quiero tu número... -susurró en mi oído derecho, y
sentí un calor infernal corriendo por todo mi cuerpo. -Pero ya lo
tengo.
Logré
abrir la puerta y pasar al recibidor para darme cuenta de que Will
seguía fuera.
-No
quiero saber quien te ha dado mi número -le avisé. -Pero
¿qué? ¿Puedes pasar? ¿O eres un chico vampiro y tengo que decir
las palabras exactas?
Él
pasó a mi casa y cerró la puerta, para luego mirar todo lo que
extendía ante él. Parecía impresionado con la casa, como si no
fuera normal en una chica cuyos padres eran ricos. Me fui hacia el
salón con él pisándome los talones y tiré los tacones por ahí,
golpeándolos con algo y finalmente cayendo al suelo.
-Puedes
sentarte, no tendrás interrogatorio, tranquilo -le dije mientras
iba hacia la cocina. -Mi padre no está -grité al mismo
tiempo que cogía unos vasos y los dejaba en la encimera.
-Prefiero
estar aquí -murmuró en mi oído, haciendo que saltara del
susto.
Sus
manos estaban sobre la encimera, encerrándome en pleno entre ésta
misma y su pecho. Will respiraba contra mi nuca, provocándome más
que simples suspiros. Todos mis pensamientos se transformaron en agua
y se vertieron, porque todo lo que ahora tenía era a William. A él
y solo a él. Me dí la vuelta lentamente hasta acabar frente a él.
Agarré su chaqueta mientras veía sus claros ojos centelleando por
la cálida luz. Fui yo quién buscó sus labios. Y eso era lo
extraño, que esto lo había estado deseando desde aquel día en que
me había besado. Desde que lo vi por primera vez. Este chico me
estaba volviendo loca.
Agarré
con fuerza el cabello de él, mientras él enterraba su mano derecha
en mi mejilla, y la otra la apoyaba sobre la encimera de mi cocina.
El beso se estaba volviendo explosivo por momentos, su lengua vagaba
por mi boca en busca de algo más, no podía controlarme. Simplemente
esto era lo que quería y deseaba que él también lo quisiera.
Me
subió a la encimera y comenzó a bajar la boca sobre mi mentón, y
más tarde sobre mi cuello sacándome pequeños gemidos. Juraría que
si me hubieran tomado la temperatura subiría de los treinta y ocho
grados. Dios mío.
-Mierda
-susurró junto a mi clavícula, para más tarde retirarse y darme
cuenta de cuán hinchados tenía los labios. Parpadeé sin saber que
había pasado y tragué saliva.
-Lo
siento -susurré, disculpándome. Joder, era un puto mujeriego de
mierda, si le he besado su ego se hubiera ampliado no ensuciado...
¿no?
Él
me miró confuso y con la mandíbula señaló la ventana.
-Tus
padres acaban de llegar -sonrió incómodo mientras se rascaba la
nuca. -Creo que eres la primera persona que al besar pierde el
sentido del oído.
Salté
de la encimera corriendo, casi cayéndome por el recibidor para mirar
a través de la mirilla.
-Vale,
vamos a hacer como si nada ocurriese -aconsejé. -Yo le diré
que eres un nuevo amigo de Kent, y que bueno... Me traías a casa,
porque Kent llevaba a... Tina y ya está.
Will
enarcó una ceja.
-¿Acaso
has visto tu cara? -Preguntó riéndose. -No hace falta tener
más de una neurona para darse cuenta de que nos hemos estado
besando, Neus.
-Pero...
-comencé a decir cuando la puerta se abrió de golpe, dándome un
empujón en el hombro. Miré con alerta a William mientras éste se
encogía de hombros, totalmente tranquilo. ¿Es qué acaso era
idiota? ¡Dios mío!
Enterré
mi lengua entre mis labios y suspiré antes de irme hacia William, y
darle la bienvenida a unos padres muy... pero que muy impresionados
con la escena. Y eso no era lo único, es que también venía mi
hermana y su novio, y los padres de éste. Estaba aquí, esbozando
una sonrisa más falsa que el culo de Ashley.
-¡Hola!
-Saludé intentando mantener la tranquilidad, pero me salió un
chillido horrible. Will me miró con una ceja enarcada mientras
intentaba no esbozar una sonrisa. -¡No pensé que ibais a llegar
tan temprano! -Ahora fue una exclamación ahogada.
-Vamos
a pasar de los saludos -dijo mi padre cruzándose de brazos y
lanzándonos una mirada de alerta. -¿Qué pasa aquí? ¿Hay algo
de lo que me quieras hablar, Neus?
Abrí
la boca para decir algo, pero Will se adelantó.
-Señor,
señora Ginaz -comenzó a decir Will acercándose a ellos, y
alzando la mano. -Soy William Doyle.
Mi
madre le estrechó la mano y totalmente sonriente. Ella estaba
jodidamente encantada de que hubiese “encontrado” alguien, y
encima era un puto dios. Mi padre, sin embargo, parecía algo
cabreado. ¿Y por qué? Porque pensaba que yo iba a estar toda la
vida aquí, cuidándolo.
-Encantada
-logró decir mi madre mientras iba mirando a todos los presentes
como una niña pequeña. Toda ilusionada. -Y dinos... ¿qué
hacéis...?
Que
bonita iba a ser su expresión cuando supiera la verdad.
-Su
hija es mi novia.
Abrí
tanto la boca que pensé que se me desencajaría la mandíbula. Le
miré con los ojos como platos y esperé a que alguien dijera algo, y
me sacara de mi ensueño. ¿Qué se había creído? ¿Por qué había
dicho semejante mentira? Esperé a reaccionar pero cuando me di
cuenta él me había cogido de la mano.
-¡Felicidades
cariño! -Gritó mi madre abrazándome. ¿Por qué me abrazaba?
¿Hola? Tengo novio, no marido... ¡Y que mierda! ¡Tampoco tengo
novio! Esto es una mentira de las grandes...
Ashley
se nos quedó mirando y desvió la mirada hacia Will, que parecía
exhausto por el apretón de mano que mi padre le había dado, más el
abrazo sofocante. Ashley se acercó a Will y le plantó dos besos,
más una pequeña sonrisa.
-Estoy
muy contenta de que hayas encontrado a Neus -comenzó a decir.
-Ella es una chica increíble.
¿Estaba
intentando venderme como si fuera un coche?
Lo
bueno era que nadie se había opuesto a esta “relación”. Pero
tarde o temprano la verdad saldría a la verdad, pero antes hablaría
con Will de todo esto. Todos estaban acoplados en el salón contando
hazañas que hacían cuándo eran jóvenes, y al parecer esto lo
hacían a menudo, cuando yo no estaba, seguramente.
-Will
-le susurré al oído, dado que estaba sentado en el suelo
escuchando. -Ven conmigo a la cocina. Tengo que hablar contigo
ahora mismo.
Él
giró la cabeza hacia mí, y sonrió.
-¿Ya
me vas a dejar? -Susurró en mi oído.
-Podría
si fuéramos algo -rodé los ojos.
Él
me miró entrecerrando los ojos y volvió a mirar a mi padre, que
estaba contando alguna anécdota de cuando era joven. Me acuerdo
cuando a Nicole y a mí nos contaba las veces que le había pedido a
mi madre salir con él. Hasta ella, de pesado que era, le dio unas
buenas bofetadas.
Will
se levantó del suelo y agarró mi mano para tirar hacia la cocina.
-¿De
qué querías hablar? -Preguntó apoyándose en la encimera donde
antes habíamos estado... -¿Por qué me miras así?, parece que
quieres arrancarme la ropa, aunque no me importaría, preciosa.
Le
empujé y me crucé de brazos.
-¿Cómo
le vas a decir a mis padres que entre tú y yo no hay nada?
-Pregunté.
-De
ninguna manera.
Bufé
mientras agarraba mi cabeza entre las manos.
-Dios
mío, me tienes harta -le espeté. -¿Y qué hago?
Él
se encogió de hombros.
-Dime
que sí.
Le
miré extrañada mientras ladeaba la cabeza.
-¿Qué
sí el que?
-Qué
quieres estar conmigo -respondió mientras se acercaba a mí
vacilante.
Tragué
saliva mientras notaba sus labios en mi frente. Asentí de forma
automática.
-Sí
-ahogué un pequeño grito de alegría.
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