Tenía
una venda tapando mi visión, gracias a Will. Él me había dicho que
era una sorpresa, y por eso mismo estaba con los ojos tapados y él
me guiaba cogiéndome de la cintura y girándome sobre mis talones...
Aunque me gustaría que me cogiese de la mano, dado que yo estaba
apunto de morirme de amor por su cercanía.
-Un
escalón, ratita -susurró sobre mi cabeza. Él era bastante más
alto que yo, y a veces eso se notaba mucho... Sobretodo cuando yo no
llevaba tacones.
-¿Cuánto
falta? -Dije mientras hacía un puchero. No tenía ni idea de si
me veía, pero me hacía bastante gracia hacerlo.
-Eres
una ratita impaciente, ¿lo sabías? -me cogió en brazos y cargó
conmigo. Yo reía mientras él besaba mis labios.
Me
depositó en el suelo y me quitó la venda poco a poco, para que me
volviera más loca de lo que ya estaba. Cuando al fin me la quitó
abrí la boca como nunca antes. ¡Era una casa de campo preciosa!
Todo estaba rodeado de césped, como si fuera un hermoso jardín,
aparte de enorme... Pero no tenía pinta de ser la típica casa de
jardín que alquilan.
-¿De
dónde sacaste el dinero? -Le pregunté aún irradiando felicidad
por cada poro de mi cuerpo.
William
se rascó la nuca, algo nervioso y se encogió de hombros.
-Tenía
algo ahorrado -ladeó una sonrisa.
Iba
a contradecirle hasta que cogió mi mano y tiró de mí para que me
pusiera sobre sus hombros. Y fue exactamente lo que hice, mientras
reía porque él iba trotando hacia la puerta de la casa.
-Whoah,
está limpia -exclamé sorprendida. -Y yo pensando que no te
habría dado ni ganas de limpiarla.
Él
enarcó las cejas mientras me dejaba de nuevo en el suelo.
-Ah,
¿qué había que limpiarla?
Eché
la cabeza hacia atrás y lo abracé mientras apoyaba la cabeza en su
pecho y suspiré calmada. La casa era de un piso y un ático arriba.
Era bastante simple, pero jodidamente preciosa. Tenía un pequeño
salón, unido a la cocina. Un cuarto de baño más la habitación
principal y única. Como me imaginaba estaba envuelta con papel rosa
pastel, pero era perfecta tal y como estaba.
No
sé si la había comprado o alquilado, pero no desaprovecharía esta
oportunidad.
-¿Qué
era eso sobre que no eras cursi? -Pregunté mientras llevaba el
dedo índice de la mano derecha al mentón. -Pensé haber oído
algo de eso y haber resultado mentira.
Will
me apretó fuerte contra su cuerpo y reí al sentir sus manos sobre
mi cintura, creándome cosquillas.
-¡Para!
-Grité riéndome mientras intentaba salir de su agarre. -¡Ay,
William! ¡Qué no las soporto! -Comencé a reír más fuerte, y
al sentir que sus brazos ya no me apretaban aproveché para irme
corriendo. Me metí en la habitación y cerré la puerta. Justo me di
cuenta de que no tenía cerrojo y me escondí en el armario de madera
(y el único que poseía la casa).
-Neus.
Neus Rosalie -comenzó a llamar Will. Sabía que estaba riéndose
por el tono de mofa en su voz. Además, que llamarme por mi nombre
completo no mejoraba la situación. Simplemente me entraban ganas de
reírme aún más. -Vamos, ratita. Sal del ropero -dijo ésto
último cuando abrió las puertas y me descubrió en él.
Me
puse las manos sobre la cara sonriendo e intentando, inútilmente,
esconderme. Él me cogió en brazos para luego depositarme sobre la
cama. Él se quedó sobre mí mirándome.
-¿Me
ves algo? -Pregunté alzando una ceja, desafiante.
Miré
a Will y cada uno de sus rasgos. El pelo castaño cogía un brillo
especial cuando la luz se reflejaba en él, al mismo tiempo que sus
ojos centelleaban con intensidad. Tenía una perfecta recta nariz,
por la que yo tantas veces había trazado el relieve. Sus labios
adquirían un hermoso color rojo intenso cada vez que me besaba, o
cuando le mordía los labios con ganas. Y ahora, exactamente, es
cuando tenía ganas. No sabía hacer otra cosa que trazar su barbilla
cuadrada con mis dedos, notando la barba incipiente.
No
sé si era bueno o era malo, pero tenía claro que lo único que
quería era estar con él.
-Muchas
cosas -sonrió de lado antes de posar sus labios sobre mí y
poner su mano sobre mi espalda, de una forma que mi camiseta se había
levantado, hasta enseñar un poco de mi pálida piel.
Agarré
sus hombros bien fuerte antes de sentir sus dedos moverse por mi
tripa, trazando círculos como si estuviera pintándome sobre ella.
Sentí el calor emergiendo fuerte en mi cuerpo, como si estuviera
quemándome a fuego vivo. Lo peor de todo es que era incapaz de irme
fuera de allí, me gustaba esa sensación de estar quemándome con su
piel.
Su
lengua comenzó a vagar sobre mi cuello poco a poco, trazando línea
rectas hasta acabar sobre el escote de mi camiseta. Me miró con una
gran pregunta en silencio, y asentí con la cabeza violentamente. Él
me dedicó una de sus irresistibles sonrisas antes de apoderarse de
mi cuerpo, y tirar la camiseta al suelo. Volvió a lanzarme besos
demasiados tiernos por todo mi cuerpo, desde la curva de mis pechos
hasta el ombligo. Con cierta delicadeza desabrochó mis vaqueros,
para más tarde quitármelos con rapidez y experiencia. Pero no era
hora de pensar en eso.
No
era hora de pensar en eso porque ahora tenía sus manos sobre mis
muslos mientras volvía a lanzarse sobre mis labios, pero poco a poco
alejándose mientras daba pequeñas sacudidas intentando volver a sus
labios. Y en el momento en que estaba lo bastante inclinada él se
deshizo de mi sujetador, y sin necesitar más tiempo comenzó a
morder mis pezones, lentamente. Y lejos de saber la realidad, comencé
a gemir de placer. Intentaba morderme por dentro los cachetes, pero
parecía que eso no era lo que él quería, puestos que tomó mi cara
entre sus manos y me besó los labios de nuevo.
Esta
era la hora de que él se quitara toda la ropa. Llevé mis manos a la
costura de su camiseta y se la quité pasándosela por la cabeza. Él
estaba sonriendo con picardía, mientras nos dábamos la vuelta
cayendo yo encima suya. Y como tantas veces había hecho, mordí su
mandíbula porque sabía que eso le encantaba. Fui rozando mis
dientes contra el duro vientre de Will, a la misma vez que me
agarraba a su cintura. No necesité más de ocho segundos para
deshacerme de sus pantalones, y acabar en boxer. Me sorprendí con lo
poco vergonzosa que había resultado ser en este preciso momento.
Él,
sin más vacilación, volvió a agarrarme para ponerse sobre mí, y
quitarme las bragas. Mientras él, rápidamente echaba sus boxer
fuera de la cama. La mirada de Will era puro deseo y lujuria. Lujuria
que no tardó en aparecer justo cuando comenzó a besarme
salvajemente. Usó sus manos para separarme las piernas lentamente,
para meterse entre ellas. Notaba su dura erección contra mi sexo,
como si fuera eso lo que siempre había buscado... Y lo tuviera ahí,
justo ahí mismo. Sus manos se posaron justo sobre mi vagina y sentí
su mirada en mí. Asentí una vez más y lancé un pequeño gemido a
sentir sus dedos sobre mi sexo, duros y fuertes. Rápidos y dulces.
Cerré
los ojos con fuerza para no ponerme a gemir de placer, pero fue
inevitable. Aunque no tardó mucho, porque cuando menos me lo
esperaba, sentí su miembro atravesando a través. Lancé un grito de
dolor para luego girar la cabeza hacia la derecha. Agarré las
sábanas mientras él apoyaba cada mano a cada lado de mi cabeza, y
sentí sus mordiscos en mi lóbulo, para luego besarme con
intensidad. Me agarré a su espalda notando aún el dolor, e
intensificándose. Sus besos me calmaron de una manera explosiva,
como si él fuera mi cura para todo.
Una
ráfaga de lívido amenazaba con expandirse por todo mi cuerpo, y
sentí esa sensación placentera total de la que todo el mundo
hablaba.
Mi
Dios, esto era lo que yo quisiera tener siempre.
Comencé
a gemir mientras Will subía la velocidad de sus embestidas. Y antes
de que me diera cuenta había llegado al éxtasis al mismo tiempo que
él lo hacía.
La
cocina estaba hecha una pocilga. No volvería a cocinar nunca más
con Will desde luego que no. Él había esparcido casi todo el azúcar
y la harina por todas las encimeras de la cocina. Me reí cuando me
di cuenta de lo cuán manchado que estaba.
-¿De
qué te ríes tú, ratita? -Preguntó, alzando una ceja
desafiante.
Levanté
las manos en señal de rendición y me encogí de hombros.
-De
que eres un desastre -le respondí mientras usaba una servilleta
para limpiarle la mejilla. Él sonrió entrecerrando los ojos y
alzando las cejas una y otra vez. -¿Eso que significa? ¿Qué
tengo que correr?
Él
miró arriba como si no me hubiese oído y vi la oportunidad perfecta
para correr hacia el salón. Notaba como sus manos me atrapaban,
cogiéndome al aire y dándonos una vuelta sobre sí mismos.
Levanté
mi mano derecha para dejarle harina por toda la cara. Él abrió la
boca mientras volvía a correr, pero esta vez al baño, pero parece
ser que aquí no existían los cerrojos.
-¡No
puedo creer que hayas hecho eso! -Exclamó riéndose, mientras me
perseguía de nuevo.
Eso
sí, no se esperaba que estuviera preparada con la regadera de la
ducha, apunto de darle al agua para empaparlo. Él abrió los ojos
con suma sorpresa y levantó las manos en señal de paz.
-No
te atreve... -y antes de acabara la frase ya lo había mojado por
completo. Me reí de su expresión, pero se acercó a mí para
empaparme con el frío agua de su cuerpo. Me reí intentando
separarme de él, pero al final acabando sobre la ducha empapándome
a mí también con el dichoso grifo.
-¡Gwillym!
-Grité mientras reía junto a sus labios.
Él
me acarició con su nariz mi cuello antes de decirme:
-Te
quiero -susurró.
-Te
quiero -contesté contra su hombro.
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