jueves, 12 de septiembre de 2013

Frena - 9

Me levanté con un enorme dolor de cabeza. Tina estaba a mi derecha mientras Bianca estaba a mi izquierda. No sé donde se había metido Melania pero de seguro que estaba por ahí repartida también. Estábamos en la cama de Kent porque quisimos quedarnos con él. Como los viejos tiempos.
-¿Hola? -Pregunté entre susurros mientras caminaba de habitación en habitación, hasta dar con la de invitados. Allí Kent se había quedado por la noche. Siempre se quedaba con nosotras, pero esta vez cambió de opinión.
Entré en la habitación y abrí los ojos como platos.
Kent estaba desnudo frente a Melania, que estaba apoyada en la pared, de espalda a él. ¡Oh Dios mío! ¡Estaban teniendo sexo y yo había llegado en el peor momento posible! Por la virgen -aunque eso no era exactamente correcto-, me voy a quedar traumatizada de por vida.
Cerré la puerta con silencio antes de arruinar su perfecto momento, pero algo salió mal en un momento y la corriente de aire cerró la puerta de golpe.
¿Correr o quedarse?
-¡Neus! -Gritó Kent mientras abría la propia puerta y una sabana le tapaba la parte de abajo. -¿Qué coño haces aquí?
Levanté la mano derecha poco a poco.
-Me levanté y quise saber si estabas aquí... Solamente eso -dije torciendo la boca y agachando la cabeza. Sintiéndome culpable por haber jodido el momento. -Mejor me voy.
Y antes de que él me contestara eché a correr, porque tenía miedo de que él me maltratara o algo peor. Kent no era de esos, pero acababa de hacerle perder un polvo. Eso para él merecía la muerte o vete tú a saber el qué.
Aún así, sabía a ciencia cierta que lo que había entre Kent y Mel era algo más que amistad, o simples polvos.
No sé si esto le iba a gustar a Tina.

Era la hora de conocer a mis suegros. Por Dios, ni siquiera sabía de su existencia y de pronto iba a conocerlos... Sólo sabía que el padre se llamaba Jason, su madre Sarah y su hermana pequeña Joanna. Lo que más me sorprendió de todo es que su familia sabía de mi existencia, porque Will les había hablado de mí.
Me puse unos vaqueros y una camiseta oficialmente normal, porque según Will no íbamos a tener una cena elegante ni nada por el estilo. Sus padres eran humildes, y no podían permitirse aquello.
Will me abrió la puerta del coche y salí de él sintiendo mis manos húmedas. No tenía ni idea de como comportarme con sus padres. Aunque en realidad era yo la que le había obligado a que me contara sobre ellos, y que me los presentase. Se había negado un millón de veces pero poco había funcionado conmigo.
-¡Bienvenidos! -Exclamó una mujer muy dulce de unos cincuenta años, de pelo castaño -el mismo que Will-, de ojos negros. -Pasad, que la cena estará lista en pocos minutos.
Pasé a la casa y me llevé un enorme abrazo de mi querida suegra.
-He querido conocerte desde que Will nos habló de ti -sonrió con una amplia sonrisa antes de que su marido apareciese. Éste tenía el cabello negro espeso, con ojos grises -los de William. -Él es mi marido, Jason. Yo soy Sarah. No me gusta eso de señor y señora. Suena muy anticuado.
Reí tímida, y bastante contenta de haber sabido como se llamaban antes de que me lo dijeran. El padre de Will se acercó y me dio un abrazo.
-¡Whoah! -Gritó una chica de cabello negro y ojos negros viniendo hacia nosotros. -Me llamo Joanna, tengo dieciséis años... Bueno, poco tendré diecisiete.
-Joanna, por favor, compórtate, es la visita. Y la novia de tu hermano -dijo su padre mientras le pasaba un brazo por su hombro y la abrazaba. Esta familia era adorable.
-¡No he hecho nada, papá! -Exclamó la chica haciendo pucheros, que fueron correspondidos por su hermano que le revolvió el pelo y le guiñó el ojo. Ambos se fueron al salón jugando.
Sonreí complacida por la amabilidad de todos. Siempre pensé que la suegra siempre se llevaría mal con la nuera, pero no todos los casos eran así. Mi caso era perfecto.
En poco rato estábamos sentados en la mesa, cenando.
-¿Estudias, Neus? -Preguntó Sarah.
-Sí -sonreí. -Este año empezaré la Universidad... -pensé en el presente. -Espero.
William me miró de reojo algo confundido sobre mi confusión, y decidió mirar a su padre que iba a lanzarme una pregunta.
-¿Qué estudiarás? -Preguntó.
-Psicología -respondí de manera técnica.


-¡Nicole, eres una pesada! -Grité mientras bajaba corriendo las escaleras, casi resbalándome por éstas. -¿Quién coño te crees que eres para meterte en mi vida?
Ella estaba corriendo de un lado a otro por la casa mientras chillaba, y nombraba el nombre de mi madre una y otra vez. Por culpa de ella mis piernas temblaban y estaba jodidamente enfadada. Me había echado la típica charla de hermana mayor cuando ella, exclusivamente, era la hermana pequeña.
Bufé mientras la agarraba de los pelos y la echaba hacia atrás.
Era un poco bruta, pero ella no es que fuese mucho menos.
-¡¿Quieres estarte quieta, joder?! -Chillé mientras la soltaba y la miraba fijamente.
Ella con una sonrisa de oreja a oreja se sintió complacida. Esta chica era extremadamente bipolar. Hacía un momento estaba completamente asustada por mis amenazas, y de pronto estaba muy contenta.
Una voz carraspeó detrás mía. Me giré hasta encontrar sus ojos grises.
-¡Hola! -Grité de emoción para luego echarme encima de Will y besar sus labios. -¿Qué haces aquí? Pensé que no vendrías, porque según Kent estarías ocupado... ¿Ha ocurrido algo?
Nicole se marchó dedicándole una tonta risa a Will, que éste contestó con una sonrisa amplia. Que idiotas eran.
-Hola, pequeña -dijo mientras sonreía incómodo. -He venido al fin y al cabo... Oye, Neus, tengo que hablar contigo.
Fruncí las cejas antes de adelantarme.
-Yo también tengo que hablar contigo -tragué saliva.
Él me miró interesado y se sentó sobre una de las sillas, y yo hice lo mismo pero enfrente de él. Se lo había contado a mi hermana y ella, como supuse, se lo había tomado bien. Ella más que a nadie le encantaban los niños. Mis padres sería completamente otro asunto diferente. Aparte de Kent que, probablemente, me mataría.
-No sé como ha podido ocurrir pero... -carraspeé. -Bueno, sí, sí sé como ha ocurrido, pero ya sabes... Oh Dios mío, no sé como decírtelo, Will...
Él tensó los músculos y acercó su cara a la mía.
-¿Me has engañado?
¿Qué?
-¡No! -Grité mientras me echaba hacia atrás. -No es eso... Mmm... ¿Estoy embarazada? -Dije, bueno, más bien pregunté mientras hacía una mueca.
Frunció las cejas mientras me miraba fijamente.
-Neus, dime ya la verdad -rugió mientras se cruzaba de brazos, y se apoyaba finalmente en el respaldo de la silla. -Me estoy hartando. Tengo que decirte algo urgente. ¿Me entiendes?
Me levanté de golpe y comencé a hacer espavientos con las manos.
-¡Qué te estoy diciendo que estoy embarazada! -Grité mientras levantaba mi camiseta, mostrando mi tripa y señalando lo inflada que estaba ésta. Dura como una puta roca. Alcé mis hinchadas manos. -¿Hola? ¿Acaso no te has fijado un poco en mi cambio? Bueno, debo decir que ni yo me había fijado... ¡Pero mira!
Will abrió los ojos mientras me contemplaba.
Se levantó de la silla, haciendo que ésta cayera.

Pasó por mi lado y se marchó. ¡Dios mío, se marchó! 

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