Me
levanté con un enorme dolor de cabeza. Tina estaba a mi derecha
mientras Bianca estaba a mi izquierda. No sé donde se había metido
Melania pero de seguro que estaba por ahí repartida también.
Estábamos en la cama de Kent porque quisimos quedarnos con él. Como
los viejos tiempos.
-¿Hola?
-Pregunté entre susurros mientras caminaba de habitación en
habitación, hasta dar con la de invitados. Allí Kent se había
quedado por la noche. Siempre se quedaba con nosotras, pero esta vez
cambió de opinión.
Entré
en la habitación y abrí los ojos como platos.
Kent
estaba desnudo frente a Melania, que estaba apoyada en la pared, de
espalda a él. ¡Oh Dios mío! ¡Estaban teniendo sexo y yo había
llegado en el peor momento posible! Por la virgen -aunque eso no era
exactamente correcto-, me voy a quedar traumatizada de por vida.
Cerré
la puerta con silencio antes de arruinar su perfecto momento, pero
algo salió mal en un momento y la corriente de aire cerró la puerta
de golpe.
¿Correr
o quedarse?
-¡Neus!
-Gritó Kent mientras abría la propia puerta y una sabana le tapaba
la parte de abajo. -¿Qué coño haces aquí?
Levanté
la mano derecha poco a poco.
-Me
levanté y quise saber si estabas aquí... Solamente eso -dije
torciendo la boca y agachando la cabeza. Sintiéndome culpable por
haber jodido el momento. -Mejor me voy.
Y
antes de que él me contestara eché a correr, porque tenía miedo de
que él me maltratara o algo peor. Kent no era de esos, pero acababa
de hacerle perder un polvo. Eso para él merecía la muerte o vete tú
a saber el qué.
Aún
así, sabía a ciencia cierta que lo que había entre Kent y Mel era
algo más que amistad, o simples polvos.
No
sé si esto le iba a gustar a Tina.
Era
la hora de conocer a mis suegros. Por Dios, ni siquiera sabía de su
existencia y de pronto iba a conocerlos... Sólo sabía que el padre
se llamaba Jason, su madre Sarah y su hermana pequeña Joanna. Lo que
más me sorprendió de todo es que su familia sabía de mi
existencia, porque Will les había hablado de mí.
Me
puse unos vaqueros y una camiseta oficialmente normal, porque según
Will no íbamos a tener una cena elegante ni nada por el estilo. Sus
padres eran humildes, y no podían permitirse aquello.
Will
me abrió la puerta del coche y salí de él sintiendo mis manos
húmedas. No tenía ni idea de como comportarme con sus padres.
Aunque en realidad era yo la que le había obligado a que me contara
sobre ellos, y que me los presentase. Se había negado un millón de
veces pero poco había funcionado conmigo.
-¡Bienvenidos!
-Exclamó una mujer muy dulce de unos cincuenta años, de pelo
castaño -el mismo que Will-, de ojos negros. -Pasad, que la cena
estará lista en pocos minutos.
Pasé
a la casa y me llevé un enorme abrazo de mi querida suegra.
-He
querido conocerte desde que Will nos habló de ti -sonrió con
una amplia sonrisa antes de que su marido apareciese. Éste tenía el
cabello negro espeso, con ojos grises -los de William. -Él es mi
marido, Jason. Yo soy Sarah. No me gusta eso de señor y señora.
Suena muy anticuado.
Reí
tímida, y bastante contenta de haber sabido como se llamaban antes
de que me lo dijeran. El padre de Will se acercó y me dio un abrazo.
-¡Whoah!
-Gritó una chica de cabello negro y ojos negros viniendo hacia
nosotros. -Me llamo Joanna, tengo dieciséis años... Bueno, poco
tendré diecisiete.
-Joanna,
por favor, compórtate, es la visita. Y la novia de tu hermano
-dijo su padre mientras le pasaba un brazo por su hombro y la
abrazaba. Esta familia era adorable.
-¡No
he hecho nada, papá! -Exclamó la chica haciendo pucheros, que
fueron correspondidos por su hermano que le revolvió el pelo y le
guiñó el ojo. Ambos se fueron al salón jugando.
Sonreí
complacida por la amabilidad de todos. Siempre pensé que la suegra
siempre se llevaría mal con la nuera, pero no todos los casos eran
así. Mi caso era perfecto.
En
poco rato estábamos sentados en la mesa, cenando.
-¿Estudias,
Neus? -Preguntó Sarah.
-Sí
-sonreí. -Este año empezaré la Universidad... -pensé en el
presente. -Espero.
William
me miró de reojo algo confundido sobre mi confusión, y decidió
mirar a su padre que iba a lanzarme una pregunta.
-¿Qué
estudiarás? -Preguntó.
-Psicología
-respondí de manera técnica.
-¡Nicole,
eres una pesada! -Grité mientras bajaba corriendo las escaleras,
casi resbalándome por éstas. -¿Quién coño te crees que eres
para meterte en mi vida?
Ella
estaba corriendo de un lado a otro por la casa mientras chillaba, y
nombraba el nombre de mi madre una y otra vez. Por culpa de ella mis
piernas temblaban y estaba jodidamente enfadada. Me había echado la
típica charla de hermana mayor cuando ella, exclusivamente, era la
hermana pequeña.
Bufé
mientras la agarraba de los pelos y la echaba hacia atrás.
Era
un poco bruta, pero ella no es que fuese mucho menos.
-¡¿Quieres
estarte quieta, joder?! -Chillé mientras la soltaba y la miraba
fijamente.
Ella
con una sonrisa de oreja a oreja se sintió complacida. Esta chica
era extremadamente bipolar. Hacía un momento estaba completamente
asustada por mis amenazas, y de pronto estaba muy contenta.
Una
voz carraspeó detrás mía. Me giré hasta encontrar sus ojos
grises.
-¡Hola!
-Grité de emoción para luego echarme encima de Will y besar sus
labios. -¿Qué haces aquí? Pensé que no vendrías, porque según
Kent estarías ocupado... ¿Ha ocurrido algo?
Nicole
se marchó dedicándole una tonta risa a Will, que éste contestó
con una sonrisa amplia. Que idiotas eran.
-Hola,
pequeña -dijo mientras sonreía incómodo. -He venido al fin
y al cabo... Oye, Neus, tengo que hablar contigo.
Fruncí
las cejas antes de adelantarme.
-Yo
también tengo que hablar contigo -tragué saliva.
Él
me miró interesado y se sentó sobre una de las sillas, y yo hice lo
mismo pero enfrente de él. Se lo había contado a mi hermana y ella,
como supuse, se lo había tomado bien. Ella más que a nadie le
encantaban los niños. Mis padres sería completamente otro asunto
diferente. Aparte de Kent que, probablemente, me mataría.
-No
sé como ha podido ocurrir pero... -carraspeé. -Bueno, sí,
sí sé como ha ocurrido, pero ya sabes... Oh Dios mío, no sé como
decírtelo, Will...
Él
tensó los músculos y acercó su cara a la mía.
-¿Me
has engañado?
¿Qué?
-¡No!
-Grité mientras me echaba hacia atrás. -No es eso... Mmm...
¿Estoy embarazada? -Dije, bueno, más bien pregunté mientras
hacía una mueca.
Frunció
las cejas mientras me miraba fijamente.
-Neus,
dime ya la verdad -rugió mientras se cruzaba de brazos, y se
apoyaba finalmente en el respaldo de la silla. -Me estoy hartando.
Tengo que decirte algo urgente. ¿Me entiendes?
Me
levanté de golpe y comencé a hacer espavientos con las manos.
-¡Qué
te estoy diciendo que estoy embarazada! -Grité mientras
levantaba mi camiseta, mostrando mi tripa y señalando lo inflada que
estaba ésta. Dura como una puta roca. Alcé mis hinchadas manos.
-¿Hola? ¿Acaso no te has fijado un poco en mi cambio? Bueno,
debo decir que ni yo me había fijado... ¡Pero mira!
Will
abrió los ojos mientras me contemplaba.
Se
levantó de la silla, haciendo que ésta cayera.
Pasó
por mi lado y se marchó. ¡Dios mío, se marchó!
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