domingo, 10 de noviembre de 2013
jueves, 12 de septiembre de 2013
Frena - 10
Bianca
me había traído a las carreras a conciencia. He hecho todo lo que
me había pedido hasta ahora... ¿Qué pretendía que hiciera ahora?
No podía montar en los coches estando embarazada, ¿verdad? ¿No se
suponía que tendría que tener cuidado con los accidentes? Y aquí
todo lo que salía ganando sería las hostias contra el salpicadero.
Y después de todo no quería ver a Will...
Me
tiré casi toda la noche llorando sobre mi almohada, esperando a que
me llamara y me dijera que simplemente fue el susto. Que espera estar
conmigo en todo momento, cuidando de mi y del bebé. Pero esa llamada
no llegó, ni tan siquiera me invitó al día de hoy. No me habló
desde que le dije que estaba embarazada.
-No
veo a Kent por ninguna parte -susurró Tina algo mosqueada. Miré
a Melania que tenía la vista clavada en mí, y yo le negué con la
cabeza, para que se tranquilizase. No iba a contar nada a su hermana,
ni a nadie. Si ellos lo querían mantener en secreto era cosa suya,
no mía.
-Pues
entonces es que estás bastante ciega -dijo Kent a nuestras
espaldas. Dimos un pequeño salto y nos encontramos con su sonriente
rostro. Este chico no quitaba la sonrisa de su cara.
-¿Quién
se apunta a la primera carrera? -Preguntó Kent alzando los
brazos. Luego me miró a mí. -Neus, Will te espera allí. Al lado
del coche. Que quiere que te apuntes en la primera carrera.
Una
sacudida por todo mi cuerpo me invadió. Él quería que fuera, él
quería que me montase con él... No lo había perdido, simplemente
se había asustado. En mis diecinueve años nunca pensé estar más
aliviada.
Corrí
hacia él para lanzarme en sus brazos, cosa que hice; pero al besar
sus labios me esquivó, ladeando la cara.
-¿Qué
demonios te pasa a ti? -Gruñí, intentando no llorar. -¿Se
puede saber que es lo que te he hecho yo? ¿Es por el niño? No puedo
creerlo... -gemí de furia.
Will
se encogió de hombros como si la pregunta no fuese hacia él y con
la cabeza me indicó que me subiera al coche. Al mismo tiempo giré
mi cara hacia el marcador, que decía que solo faltaban quince
minutos. Así que rápidamente me monté en el asiento del copiloto y
cerré la puerta con un gran estruendo.
-Me
gustaría que no te cargases la puerta -dijo Will mientras se
metía en el coche. -Vale un pastón que yo no me puedo permitir.
Quizás tú sí, pero yo no.
Abrí
la boca impresionada por haberse comportado como un borde y asentí.
Asentí porque es lo único que podía hacer en aquel momento, no me
daba tiempo a coger un puñal y clavárselo en el pecho.
-Eres
un inútil, ¿lo sabías? -Escupí. -No se puede ser más
rastrero, más cobarde ni más mierda.
Él
arrancó el coche como le salió de las pelotas y me miró.
-Lo
sé, preciosa -contestó. -Cuando tengas algo nuevo que
decirme avísame. Ahora relájate que con esto del embarazo estas muy
sensible, ratita.
Rugí
mientras intentaba abrir la puerta del coche para poder salirme, pero
el muy hijo de puta la había bloqueado.
-¡Qué
me dejes salir! -Le chillé. -¡Qué me quiero ir de aquí!
¡Te juro que como no me dejes salir te mato!
Él
esbozó una sonrisa al mismo tiempo que la chica semi-desnuda se
preparaba en su lugar, para dar el pregón.
-¡William,
por tus muertos, déjame salir ahora! -Seguí gritando y dando
portazos en la puerta. -Arrancaré tu puerta y tendrás que
pagarla sí o sí.
Las
ruedas chirriaron contra la tierra antes de salir zumbando de allí,
a toda velocidad. Sentí el aire golpeando mi cara como si estuviera
frente a un ventilador demasiado potente. Miré a Will que cogía en
volante con fiereza, con cabreo y totalmente iracundo. Dios mío, no
me gustaba esa expresión. Sabía perfectamente que podríamos acabar
mal, y ahora mismo simplemente no éramos nosotros dos, sino un niño
que crecía en mi vientre.
-¡William
estoy embarazada! -Grité efusiva. -¡Cómo tenga un accidente
te estaré persiguiendo para alimentar tus pesadillas, cabrón de
mierda!
Él
seguía conduciendo, aunque bajando la velocidad. Si lo había hecho
era porque le importaba... Tanto yo como mi vientre, pero no sabía
que ocurría con él.
-¡Neus,
no hagas más difícil esto! -Gritó contra el sonido del motor.
-¡Tengo que irme! ¡¿Lo entiendes?! ¡No puedo quedarme aquí
ahora! ¡Te juro que no es porque estés embarazada, Neus! ¡Quiero
quedarme contigo pero no puedo!
Me
perdí totalmente en sus palabras cuando noté que un coche estaba
arremetiendo contra nosotros. Me cabreé conmigo misma y le lancé un
corte de mangas a Patrick, que como siempre, estaba jodiendo mi vida
aquí. El muy pesado seguía con sus juegos y al ver que Will era
capaz de esquivarle se fue contra otro. Giré la cabeza hacia Will de
nuevo.
-¡¿Por
qué tienes que irte Will?! -Pregunté mientras lloraba, y las
lágrimas caían sobre mis piernas desnudas. -¡No te vayas, Will,
por favor! ¡Te necesito aquí, necesito que estés conmigo en este
momento!
Él
me miró totalmente destrozado. Su rostro lamentaba todo lo que
estaba pasando, pero algo había detrás de todo aquello. Sabía que
no podía quedarse aquí, pero era yo la que necesitaba saberlo.
El
coche seguía corriendo aunque no a gran velocidad como anteriormente
lo había estado haciendo, no tanta velocidad cuando me monté con él
por primera vez o las demás... Ahora mismo estaba perdiendo el
primer lugar, pero le daba igual. Y a mí aún más... Quería hablar
con él de todo esto cuanto antes.
Un
horrible sonido ocupó todo mis oídos. Me giré en redondo sobre mí
misma para ver que había pasado. A unos metros yacía un coche
bocabajo, y éste estaba quemándose poco a poco. ¡Estaba ardiendo y
había una persona dentro! ¡El fuego se estaba intensificando y
nadie se acercaba a ayudar!
-¡Dios
mío! -Grité mientras sentía el rostro de Will quebrarse aún
más. Sabía que era alguien conocido... -¿Quién es, William?
¡¿Qué ha pasado?! ¿Y por qué no le ayudan, Will?
Vociferó
un montón de incoherencias, y dio media vuelta, haciendo rechinar
las ruedas. Me golpeé el hombro contra la puerta, y antes de que me
diera cuenta estábamos en el incendio. Salí tan rápido como mis
piernas me dejaban, pero Will fue muchísimo más rápido que yo y
comenzó a gritar cosas, para que alguien le ayudase a apagar el
fuego.
Medio
público se había marchado.
-¡Tienes
que irte, Will! -Gritó Kent a su lado. -¡Tienes que irte ya!
¡Están aquí y ya han acabado con Brad, no dejes que acaben
contigo!
-¡¿Es
Brad?! -Pregunté entre sollozos. -¿Qué mierda pasa aquí?
¡Decidme algo, joder! ¡Necesito saber que pasa aquí! ¿Kent? -Él
me miró pero bajó la mirada al encontrase con mi mirada. -¿Will?
Él
se giró hacia mí, a la misma vez que abrazaba mi cintura y cogía
mi rostro entre sus manos. Me besó los labios una y otra vez. Agarré
sus hombros con fuerza, prohibiéndole irse.
-Tengo
que irme, Neus... -susurró contra mi oído, y noté su débil
voz.
-Por
ti, por mí... -y luego miró mi tripa. -Y por él o ella.
Le
miré mientras sentía que mi mejilla se empapaba por momentos.
Sentía arder mi garganta, como si quisiera decirle algo pero no
supiera cómo... Simplemente no quería que se fuera de mi lado. Él
no debía de estar haciéndome esto.
-Te
necesito -le rogué mientras agarraba su cazadora. -Will, por
favor, no te vayas. Quédate conmigo.
Él
volvió a besar mis labios,
-Te
quiero, ratita -sonrió con tristeza para luego separarse e irse
corriendo en dirección contraria.
-¡Te
quiero! -Le grité antes de desmoronarme.
Y
lo siguiente que recordé fue el haberme desmayado en brazos de Kent.
Frena - 9
Me
levanté con un enorme dolor de cabeza. Tina estaba a mi derecha
mientras Bianca estaba a mi izquierda. No sé donde se había metido
Melania pero de seguro que estaba por ahí repartida también.
Estábamos en la cama de Kent porque quisimos quedarnos con él. Como
los viejos tiempos.
-¿Hola?
-Pregunté entre susurros mientras caminaba de habitación en
habitación, hasta dar con la de invitados. Allí Kent se había
quedado por la noche. Siempre se quedaba con nosotras, pero esta vez
cambió de opinión.
Entré
en la habitación y abrí los ojos como platos.
Kent
estaba desnudo frente a Melania, que estaba apoyada en la pared, de
espalda a él. ¡Oh Dios mío! ¡Estaban teniendo sexo y yo había
llegado en el peor momento posible! Por la virgen -aunque eso no era
exactamente correcto-, me voy a quedar traumatizada de por vida.
Cerré
la puerta con silencio antes de arruinar su perfecto momento, pero
algo salió mal en un momento y la corriente de aire cerró la puerta
de golpe.
¿Correr
o quedarse?
-¡Neus!
-Gritó Kent mientras abría la propia puerta y una sabana le tapaba
la parte de abajo. -¿Qué coño haces aquí?
Levanté
la mano derecha poco a poco.
-Me
levanté y quise saber si estabas aquí... Solamente eso -dije
torciendo la boca y agachando la cabeza. Sintiéndome culpable por
haber jodido el momento. -Mejor me voy.
Y
antes de que él me contestara eché a correr, porque tenía miedo de
que él me maltratara o algo peor. Kent no era de esos, pero acababa
de hacerle perder un polvo. Eso para él merecía la muerte o vete tú
a saber el qué.
Aún
así, sabía a ciencia cierta que lo que había entre Kent y Mel era
algo más que amistad, o simples polvos.
No
sé si esto le iba a gustar a Tina.
Era
la hora de conocer a mis suegros. Por Dios, ni siquiera sabía de su
existencia y de pronto iba a conocerlos... Sólo sabía que el padre
se llamaba Jason, su madre Sarah y su hermana pequeña Joanna. Lo que
más me sorprendió de todo es que su familia sabía de mi
existencia, porque Will les había hablado de mí.
Me
puse unos vaqueros y una camiseta oficialmente normal, porque según
Will no íbamos a tener una cena elegante ni nada por el estilo. Sus
padres eran humildes, y no podían permitirse aquello.
Will
me abrió la puerta del coche y salí de él sintiendo mis manos
húmedas. No tenía ni idea de como comportarme con sus padres.
Aunque en realidad era yo la que le había obligado a que me contara
sobre ellos, y que me los presentase. Se había negado un millón de
veces pero poco había funcionado conmigo.
-¡Bienvenidos!
-Exclamó una mujer muy dulce de unos cincuenta años, de pelo
castaño -el mismo que Will-, de ojos negros. -Pasad, que la cena
estará lista en pocos minutos.
Pasé
a la casa y me llevé un enorme abrazo de mi querida suegra.
-He
querido conocerte desde que Will nos habló de ti -sonrió con
una amplia sonrisa antes de que su marido apareciese. Éste tenía el
cabello negro espeso, con ojos grises -los de William. -Él es mi
marido, Jason. Yo soy Sarah. No me gusta eso de señor y señora.
Suena muy anticuado.
Reí
tímida, y bastante contenta de haber sabido como se llamaban antes
de que me lo dijeran. El padre de Will se acercó y me dio un abrazo.
-¡Whoah!
-Gritó una chica de cabello negro y ojos negros viniendo hacia
nosotros. -Me llamo Joanna, tengo dieciséis años... Bueno, poco
tendré diecisiete.
-Joanna,
por favor, compórtate, es la visita. Y la novia de tu hermano
-dijo su padre mientras le pasaba un brazo por su hombro y la
abrazaba. Esta familia era adorable.
-¡No
he hecho nada, papá! -Exclamó la chica haciendo pucheros, que
fueron correspondidos por su hermano que le revolvió el pelo y le
guiñó el ojo. Ambos se fueron al salón jugando.
Sonreí
complacida por la amabilidad de todos. Siempre pensé que la suegra
siempre se llevaría mal con la nuera, pero no todos los casos eran
así. Mi caso era perfecto.
En
poco rato estábamos sentados en la mesa, cenando.
-¿Estudias,
Neus? -Preguntó Sarah.
-Sí
-sonreí. -Este año empezaré la Universidad... -pensé en el
presente. -Espero.
William
me miró de reojo algo confundido sobre mi confusión, y decidió
mirar a su padre que iba a lanzarme una pregunta.
-¿Qué
estudiarás? -Preguntó.
-Psicología
-respondí de manera técnica.
-¡Nicole,
eres una pesada! -Grité mientras bajaba corriendo las escaleras,
casi resbalándome por éstas. -¿Quién coño te crees que eres
para meterte en mi vida?
Ella
estaba corriendo de un lado a otro por la casa mientras chillaba, y
nombraba el nombre de mi madre una y otra vez. Por culpa de ella mis
piernas temblaban y estaba jodidamente enfadada. Me había echado la
típica charla de hermana mayor cuando ella, exclusivamente, era la
hermana pequeña.
Bufé
mientras la agarraba de los pelos y la echaba hacia atrás.
Era
un poco bruta, pero ella no es que fuese mucho menos.
-¡¿Quieres
estarte quieta, joder?! -Chillé mientras la soltaba y la miraba
fijamente.
Ella
con una sonrisa de oreja a oreja se sintió complacida. Esta chica
era extremadamente bipolar. Hacía un momento estaba completamente
asustada por mis amenazas, y de pronto estaba muy contenta.
Una
voz carraspeó detrás mía. Me giré hasta encontrar sus ojos
grises.
-¡Hola!
-Grité de emoción para luego echarme encima de Will y besar sus
labios. -¿Qué haces aquí? Pensé que no vendrías, porque según
Kent estarías ocupado... ¿Ha ocurrido algo?
Nicole
se marchó dedicándole una tonta risa a Will, que éste contestó
con una sonrisa amplia. Que idiotas eran.
-Hola,
pequeña -dijo mientras sonreía incómodo. -He venido al fin
y al cabo... Oye, Neus, tengo que hablar contigo.
Fruncí
las cejas antes de adelantarme.
-Yo
también tengo que hablar contigo -tragué saliva.
Él
me miró interesado y se sentó sobre una de las sillas, y yo hice lo
mismo pero enfrente de él. Se lo había contado a mi hermana y ella,
como supuse, se lo había tomado bien. Ella más que a nadie le
encantaban los niños. Mis padres sería completamente otro asunto
diferente. Aparte de Kent que, probablemente, me mataría.
-No
sé como ha podido ocurrir pero... -carraspeé. -Bueno, sí,
sí sé como ha ocurrido, pero ya sabes... Oh Dios mío, no sé como
decírtelo, Will...
Él
tensó los músculos y acercó su cara a la mía.
-¿Me
has engañado?
¿Qué?
-¡No!
-Grité mientras me echaba hacia atrás. -No es eso... Mmm...
¿Estoy embarazada? -Dije, bueno, más bien pregunté mientras
hacía una mueca.
Frunció
las cejas mientras me miraba fijamente.
-Neus,
dime ya la verdad -rugió mientras se cruzaba de brazos, y se
apoyaba finalmente en el respaldo de la silla. -Me estoy hartando.
Tengo que decirte algo urgente. ¿Me entiendes?
Me
levanté de golpe y comencé a hacer espavientos con las manos.
-¡Qué
te estoy diciendo que estoy embarazada! -Grité mientras
levantaba mi camiseta, mostrando mi tripa y señalando lo inflada que
estaba ésta. Dura como una puta roca. Alcé mis hinchadas manos.
-¿Hola? ¿Acaso no te has fijado un poco en mi cambio? Bueno,
debo decir que ni yo me había fijado... ¡Pero mira!
Will
abrió los ojos mientras me contemplaba.
Se
levantó de la silla, haciendo que ésta cayera.
Pasó
por mi lado y se marchó. ¡Dios mío, se marchó!
Frena - 8
-¡¿Pero
qué le ha pasado a este coche?! -Pregunté con los ojos
abiertos. Ante mí había un coche gris, totalmente abollado por
todas partes con la luna rota. Parecía que un tractor había pasado
sobre él.
Tina
y Bianca se encogieron de hombros, al mismo tiempo que Melania se nos
quedaba mirando. Kent y William se miraron entre sí para poder
explicarse. Pero antes de que ninguno hablase, Brad vino hacia
nosotros. Este chico era la mejor persona que había podido conocer
aquí: en las carreras.
-Es
mío -dijo con una sonrisa mientras se paraba a saludarme con dos
besos. Dos besos que fueron interrumpidos por Will, que lo había
separado de mí, como cuán león quiere a su leona.
-¿Y
qué le ha pasado? -Le pregunté interesada, mientras le dirigía
una mirada a Will de egocentrismo. Este era el mundo de él y quería
saber más de él. Interesarme por esto no era malo, ¿verdad? Pues
eso.
-Alguien
arremetió contra él hace un año -respondió Brad mientras
miraba a su coche. -Pensarían que yo iba dentro, y al final el
chico que iba en él acabó muriendo. Por mi culpa -dijo mientras
se tocaba la mano izquierda con la derecha.
Le
puse un brazo en su espalda y negué con la cabeza, y antes de que
pudiera consolarlo Will me había separado de él. Este chico estaba
obsesionado, eh. Al final no me dejaría acercarme a ningún hombre
del sexo opuesto. Solo a Kent, porque era mi mejor amigo, y a los
gays. Aparte de mi padre, mis primos y... los demás que habían
pasado la inspección de Will.
-Mira
que te pones pesado -repliqué a su lado. Él besó mi mejilla,
pero no cambié de idea por mucho que quisiera de nuevo sus besos.
-No me sirve. Brad mola. No tiene culpa de que estés como una
cabra.
Tina
se abrió paso hacia nosotros dos y se cruzó de brazos.
-Bianca
y yo tenemos que hablar contigo -susurró. Parecía un problema
serio, cosa que me asustaba, dado que ellas nunca se ponían así.
Miré a Will, que mantenía el rostro confuso.
-Claro...
-logré decir antes de partir junto a ella.
Bianca
ya nos esperaba fuera de los baños portátiles. Yo sin saber que
pasaba me fui con ellas, porque si alguien les había hecho algo que
escapasen cuanto antes, porque iban a acabar muertos en algún río.
Gracias a mí, claro.
-¿Qué
ha pasado? -Pregunté nerviosa a la misma vez que nos metíamos
todas en un baño portátil. -¿Les ha pasado algo? ¿Quién ha
sido? ¡¿Tengo que llevar la moto-sierra?!
Bianca
levantó la mano para luego buscar algo en su bolsillo, que le tardó
bastante tiempo encontrar porque se tiró como dos minutos mirando a
su bolso con rabia. Alcé la ceja cuando me lo tendió y miré la
pequeña caja.
-¡¿Prueba
de embarazo?! -Chillé abriendo al boca. -¡¿Estás
embarazada?! ¡¿Cuándo?! ¡¿Cómo?! Bueno, cómo no, sé como se
hacen, pero... ¡¿Quién ha sido?!
-No
es mío -dijo Bianca pacientemente. Miré directamente a Tina.
-Mío
tampoco es -contestó.
-¡¿Es
de Melania?! -Abrí la boca impresionada.
-¡No
es de nadie, Neus! -Exclamó Tina ladeando la cabeza. -No es
de nadie... aún. Es para ti -me quedé totalmente callada
esperando que esto fuera alguna broma. -Neus tu tripa se está
hinchando, tanto como tus pies. Ya has vomitado como tres veces desde
que estamos juntas... ¿Cuántas veces habrás vomitado sin haber
estado con nosotras?
Mis
ojos eran órbitas cuando sentí mi sangre calentarse. ¡Ellas...
Ellas pensaban que estaba embarazada!
Les
quité el cacharro, y me crucé de brazos.
-Iros,
que haré la prueba -les dije enfadada. -Y cuando veáis que
da negativo, ya os haré yo alguna putada. ¡Anda, venga, iros!
-Les eché, prácticamente del baño.
Encima
habían tenido la decencia de decirme que estaba gorda
indirectamente. ¡Caraduras!
[Narrador
omnisciente]
Hoy
había más de una carrera. Para ser exactos, serían tres. Will se
pasó la mano por el pelo antes de darse cuenta de que Kent le estaba
hablando, y en voz muy alta.
-¿En
qué mundo estás, tío? -Preguntó Kent, alzando una ceja.
Melania estaba a su lado, guardando silencio.
Will
suspiró, cansado.
-No
sé en que me estoy metiendo, Kent -dijo Will apenado. -Quiero
dejar toda esta mierda, pero sé que no puedo. Estoy metido
totalmente en esto. Sabía que al final me arrepentiría, pero por
ese entonces no tenía nada por lo que quedarme aquí.
Kent
le dio una palmada en la espalda y habló con voz tranquila:
-Podías
contárselo -opinó. -Neus no es tonta. Sabe que la vida es
algo más que quejas, y que es normal que por ese entonces hicieras
cosas de las cuales ahora te arrepientes. Pero... no te entiendo.
¿Por qué estás preocupado justamente hoy?
Will
movió la cabeza a ambos lados dejando ver una sonrisa ladina.
-Las
carreras no es algo que mantengamos en secreto -comenzó a decir
Will. -En verdad todo el mundo lo sabe. Pero no tiene ni puta idea
de las drogas que mantenemos aquí... hasta que recibí la visita de
uno de ellos... -comenzó a señalar hacia arriba.
-¿Ellos?
-Preguntó Kent, frunciendo las cejas. -¿A quiénes te refieres,
Will?
-Los
hijos de puta que nos vendían la droga -dijo Will. -Necesitaba
más dinero; y más dinero significaba tener que trabajar duro y...
¿quién contrataría a alguien como yo? Trabajo en un puñetero
local -suspiró. -Necesitaba más... y más... y luego ya
acabé siendo uno de los mayores cabrones que hay aquí.
Kent
alzó la cabeza hacia él confundido.
-Pero
les comprabas la droga a ellos... -comenzó a decir Kent, antes
de que Will lo interrumpiese.
-Nos
la vendía por un precio bastante justo -dijo Will. -Debíamos
darle una parte a ellos, por ser quienes la encontraban... pero
subimos demasiado el precio. Nosotros ganábamos más que ellos.
-Y
se enteraron -dio por sentado Kent.
Will
asintió.
-¿Y
qué piensas hacer? -Preguntó Kent.
-Tengo
que irme.
Kent
lo miró boquiabierto por unos segundos eternos. Melania ni siquiera
se había enterado de nada, mantenía su mirada fija en un grupo de
chicos.
-¿Y
qué pasa con Neus? -Preguntó.
Will
lo miró fijamente.
-Ella
estará mejor sin mí.
[Fin
de la narración omnisciente]
-¡Vamos,
míralo! -Ordené a Bianca, que sostenía el test. Comenzaba a
impacientarme, y esto no era buen resultado. Antes estaba segura de
no estar embarazada y ahora, de buenas a primeras, estaba histérica.
Como si me preocupase aquello...
Bianca
fijó la mirada en el cacharro y tragó saliva.
-Da
positivo -dijo con los ojos abiertos. -Estás embarazada,
Neus.
-No...
No. No. No. No. No -repetí sin parar mientras caminaba hacia
atrás, chocándome con la puerta. El plástico de ésta me hizo
estremecer al sentirlo adquiriéndose a mi espalda. -Por favor,
no... -comencé a llorar mientras caía al suelo, y abrazaba mis
piernas. -Esto no puede estar pasándome a mí... No. No.
Ellas
corrieron hacia mí y se agacharon abrazándome y dándome calor.
-Este
no es el fin del mundo, Neus -susurró Tina sobre mi frente,
abrazándome.
-Tienes
que contárselo a Will -propuso Bianca en mi oído, pero hablando
alto y claro.
Eso
sería lo más difícil. ¿Cómo iba a explicarles esto a todos...?
Dios mío.
Frena - 7
Tenía
una venda tapando mi visión, gracias a Will. Él me había dicho que
era una sorpresa, y por eso mismo estaba con los ojos tapados y él
me guiaba cogiéndome de la cintura y girándome sobre mis talones...
Aunque me gustaría que me cogiese de la mano, dado que yo estaba
apunto de morirme de amor por su cercanía.
-Un
escalón, ratita -susurró sobre mi cabeza. Él era bastante más
alto que yo, y a veces eso se notaba mucho... Sobretodo cuando yo no
llevaba tacones.
-¿Cuánto
falta? -Dije mientras hacía un puchero. No tenía ni idea de si
me veía, pero me hacía bastante gracia hacerlo.
-Eres
una ratita impaciente, ¿lo sabías? -me cogió en brazos y cargó
conmigo. Yo reía mientras él besaba mis labios.
Me
depositó en el suelo y me quitó la venda poco a poco, para que me
volviera más loca de lo que ya estaba. Cuando al fin me la quitó
abrí la boca como nunca antes. ¡Era una casa de campo preciosa!
Todo estaba rodeado de césped, como si fuera un hermoso jardín,
aparte de enorme... Pero no tenía pinta de ser la típica casa de
jardín que alquilan.
-¿De
dónde sacaste el dinero? -Le pregunté aún irradiando felicidad
por cada poro de mi cuerpo.
William
se rascó la nuca, algo nervioso y se encogió de hombros.
-Tenía
algo ahorrado -ladeó una sonrisa.
Iba
a contradecirle hasta que cogió mi mano y tiró de mí para que me
pusiera sobre sus hombros. Y fue exactamente lo que hice, mientras
reía porque él iba trotando hacia la puerta de la casa.
-Whoah,
está limpia -exclamé sorprendida. -Y yo pensando que no te
habría dado ni ganas de limpiarla.
Él
enarcó las cejas mientras me dejaba de nuevo en el suelo.
-Ah,
¿qué había que limpiarla?
Eché
la cabeza hacia atrás y lo abracé mientras apoyaba la cabeza en su
pecho y suspiré calmada. La casa era de un piso y un ático arriba.
Era bastante simple, pero jodidamente preciosa. Tenía un pequeño
salón, unido a la cocina. Un cuarto de baño más la habitación
principal y única. Como me imaginaba estaba envuelta con papel rosa
pastel, pero era perfecta tal y como estaba.
No
sé si la había comprado o alquilado, pero no desaprovecharía esta
oportunidad.
-¿Qué
era eso sobre que no eras cursi? -Pregunté mientras llevaba el
dedo índice de la mano derecha al mentón. -Pensé haber oído
algo de eso y haber resultado mentira.
Will
me apretó fuerte contra su cuerpo y reí al sentir sus manos sobre
mi cintura, creándome cosquillas.
-¡Para!
-Grité riéndome mientras intentaba salir de su agarre. -¡Ay,
William! ¡Qué no las soporto! -Comencé a reír más fuerte, y
al sentir que sus brazos ya no me apretaban aproveché para irme
corriendo. Me metí en la habitación y cerré la puerta. Justo me di
cuenta de que no tenía cerrojo y me escondí en el armario de madera
(y el único que poseía la casa).
-Neus.
Neus Rosalie -comenzó a llamar Will. Sabía que estaba riéndose
por el tono de mofa en su voz. Además, que llamarme por mi nombre
completo no mejoraba la situación. Simplemente me entraban ganas de
reírme aún más. -Vamos, ratita. Sal del ropero -dijo ésto
último cuando abrió las puertas y me descubrió en él.
Me
puse las manos sobre la cara sonriendo e intentando, inútilmente,
esconderme. Él me cogió en brazos para luego depositarme sobre la
cama. Él se quedó sobre mí mirándome.
-¿Me
ves algo? -Pregunté alzando una ceja, desafiante.
Miré
a Will y cada uno de sus rasgos. El pelo castaño cogía un brillo
especial cuando la luz se reflejaba en él, al mismo tiempo que sus
ojos centelleaban con intensidad. Tenía una perfecta recta nariz,
por la que yo tantas veces había trazado el relieve. Sus labios
adquirían un hermoso color rojo intenso cada vez que me besaba, o
cuando le mordía los labios con ganas. Y ahora, exactamente, es
cuando tenía ganas. No sabía hacer otra cosa que trazar su barbilla
cuadrada con mis dedos, notando la barba incipiente.
No
sé si era bueno o era malo, pero tenía claro que lo único que
quería era estar con él.
-Muchas
cosas -sonrió de lado antes de posar sus labios sobre mí y
poner su mano sobre mi espalda, de una forma que mi camiseta se había
levantado, hasta enseñar un poco de mi pálida piel.
Agarré
sus hombros bien fuerte antes de sentir sus dedos moverse por mi
tripa, trazando círculos como si estuviera pintándome sobre ella.
Sentí el calor emergiendo fuerte en mi cuerpo, como si estuviera
quemándome a fuego vivo. Lo peor de todo es que era incapaz de irme
fuera de allí, me gustaba esa sensación de estar quemándome con su
piel.
Su
lengua comenzó a vagar sobre mi cuello poco a poco, trazando línea
rectas hasta acabar sobre el escote de mi camiseta. Me miró con una
gran pregunta en silencio, y asentí con la cabeza violentamente. Él
me dedicó una de sus irresistibles sonrisas antes de apoderarse de
mi cuerpo, y tirar la camiseta al suelo. Volvió a lanzarme besos
demasiados tiernos por todo mi cuerpo, desde la curva de mis pechos
hasta el ombligo. Con cierta delicadeza desabrochó mis vaqueros,
para más tarde quitármelos con rapidez y experiencia. Pero no era
hora de pensar en eso.
No
era hora de pensar en eso porque ahora tenía sus manos sobre mis
muslos mientras volvía a lanzarse sobre mis labios, pero poco a poco
alejándose mientras daba pequeñas sacudidas intentando volver a sus
labios. Y en el momento en que estaba lo bastante inclinada él se
deshizo de mi sujetador, y sin necesitar más tiempo comenzó a
morder mis pezones, lentamente. Y lejos de saber la realidad, comencé
a gemir de placer. Intentaba morderme por dentro los cachetes, pero
parecía que eso no era lo que él quería, puestos que tomó mi cara
entre sus manos y me besó los labios de nuevo.
Esta
era la hora de que él se quitara toda la ropa. Llevé mis manos a la
costura de su camiseta y se la quité pasándosela por la cabeza. Él
estaba sonriendo con picardía, mientras nos dábamos la vuelta
cayendo yo encima suya. Y como tantas veces había hecho, mordí su
mandíbula porque sabía que eso le encantaba. Fui rozando mis
dientes contra el duro vientre de Will, a la misma vez que me
agarraba a su cintura. No necesité más de ocho segundos para
deshacerme de sus pantalones, y acabar en boxer. Me sorprendí con lo
poco vergonzosa que había resultado ser en este preciso momento.
Él,
sin más vacilación, volvió a agarrarme para ponerse sobre mí, y
quitarme las bragas. Mientras él, rápidamente echaba sus boxer
fuera de la cama. La mirada de Will era puro deseo y lujuria. Lujuria
que no tardó en aparecer justo cuando comenzó a besarme
salvajemente. Usó sus manos para separarme las piernas lentamente,
para meterse entre ellas. Notaba su dura erección contra mi sexo,
como si fuera eso lo que siempre había buscado... Y lo tuviera ahí,
justo ahí mismo. Sus manos se posaron justo sobre mi vagina y sentí
su mirada en mí. Asentí una vez más y lancé un pequeño gemido a
sentir sus dedos sobre mi sexo, duros y fuertes. Rápidos y dulces.
Cerré
los ojos con fuerza para no ponerme a gemir de placer, pero fue
inevitable. Aunque no tardó mucho, porque cuando menos me lo
esperaba, sentí su miembro atravesando a través. Lancé un grito de
dolor para luego girar la cabeza hacia la derecha. Agarré las
sábanas mientras él apoyaba cada mano a cada lado de mi cabeza, y
sentí sus mordiscos en mi lóbulo, para luego besarme con
intensidad. Me agarré a su espalda notando aún el dolor, e
intensificándose. Sus besos me calmaron de una manera explosiva,
como si él fuera mi cura para todo.
Una
ráfaga de lívido amenazaba con expandirse por todo mi cuerpo, y
sentí esa sensación placentera total de la que todo el mundo
hablaba.
Mi
Dios, esto era lo que yo quisiera tener siempre.
Comencé
a gemir mientras Will subía la velocidad de sus embestidas. Y antes
de que me diera cuenta había llegado al éxtasis al mismo tiempo que
él lo hacía.
La
cocina estaba hecha una pocilga. No volvería a cocinar nunca más
con Will desde luego que no. Él había esparcido casi todo el azúcar
y la harina por todas las encimeras de la cocina. Me reí cuando me
di cuenta de lo cuán manchado que estaba.
-¿De
qué te ríes tú, ratita? -Preguntó, alzando una ceja
desafiante.
Levanté
las manos en señal de rendición y me encogí de hombros.
-De
que eres un desastre -le respondí mientras usaba una servilleta
para limpiarle la mejilla. Él sonrió entrecerrando los ojos y
alzando las cejas una y otra vez. -¿Eso que significa? ¿Qué
tengo que correr?
Él
miró arriba como si no me hubiese oído y vi la oportunidad perfecta
para correr hacia el salón. Notaba como sus manos me atrapaban,
cogiéndome al aire y dándonos una vuelta sobre sí mismos.
Levanté
mi mano derecha para dejarle harina por toda la cara. Él abrió la
boca mientras volvía a correr, pero esta vez al baño, pero parece
ser que aquí no existían los cerrojos.
-¡No
puedo creer que hayas hecho eso! -Exclamó riéndose, mientras me
perseguía de nuevo.
Eso
sí, no se esperaba que estuviera preparada con la regadera de la
ducha, apunto de darle al agua para empaparlo. Él abrió los ojos
con suma sorpresa y levantó las manos en señal de paz.
-No
te atreve... -y antes de acabara la frase ya lo había mojado por
completo. Me reí de su expresión, pero se acercó a mí para
empaparme con el frío agua de su cuerpo. Me reí intentando
separarme de él, pero al final acabando sobre la ducha empapándome
a mí también con el dichoso grifo.
-¡Gwillym!
-Grité mientras reía junto a sus labios.
Él
me acarició con su nariz mi cuello antes de decirme:
-Te
quiero -susurró.
-Te
quiero -contesté contra su hombro.
Frena - 6
Me
encantaban las motos, personalmente, pero eso de montarme y que me
llevaran a toda hostia por toda la autopista, no. Will había estado
entusiasmado bastante así que decidí aceptar. ¿Por qué no?
Después de toda la adrenalina que tuve durante las carreras, me daba
ya igual estar en una moto con él.
Paró
justo enfrente de mi casa e intenté bajar, pero él bajó primero
que yo. Me cogió por la cintura y me dejó en el suelo. Luego me
echó el pelo hacia atrás y esbozó una hermosa sonrisa.
-Me
costaba ver tu precioso rostro -dijo con picardía, que solo
funcionaba para ponerme roja como un tomate. -Me encanta cuando te
sonrojas, ratita.
-Hoy
has obtenido todo lo que querías -le dije mientras miraba hacia
mi casa. Al parecer no habían llegado, puestos que se fueron con
Ashley, el marido de ésta y todos los demás bártulos. -Ahora yo
también quiero algo. Normalmente no lo haría, porque soy bastante
vergonzosa, ¿pero que más da? Aprovecharé.
Will
metió sus manos en los bolsillos delanteros, y esperó con una ceja
alzada y divertido.
-Quiero
tu número de móvil -dije mientras extendía la mano antes de
seguir hablando-: Ya van dos veces las que me traes a mi casa, y
te esmeraste en saber donde vivía... Así que tengo derecho a
exigirlo.
-¿Y
si no quiero dártelo? -Alzó las cejas, más divertido aún.
Bufé
mientras me daba la vuelta hacia la puerta de mi casa, y notaba como
él venía a mis espaldas.
-¿Qué
haces aquí? -Le pregunté mientras me daba la vuelta y cruzaba
los brazos. -Si no quieres darme el número entonces te pido que
te largues, no tienes derecho a estar aquí.
Él
alzó las comisuras de los labios, intentando no reír, y rebuscó en
su chaqueta. Cuando encontró lo que buscaba me lo expendió,
mientras le miraba con los ojos entrecerrados. Al coger el cacho
cartón que me había extendido, miré la tarjeta. Pegué una
risotada mientras bufaba.
-¿Cocinero
a tiempo parcial y conductor profesional con doce puntos?
-Pregunté mientras alzaba una ceja. -Estas son las tarjetas que
les das a las tías que conoces, ¿verdad? Claro que sí, si no
¿quién coño tendría tarjetas de éstas?
-Eh
-exclamó mientras levantaba las manos. -Has sido tú quien ha
querido mi número.
Apreté
los labios enfadada y le tiré la tarjeta. Me di media vuelta
abriendo la puerta y al momento siguiente veía como él se arqueaba
hacia mí, dejando una mano sobre la puerta. No hacía falta mirar
hacia atrás para saber que estaba sonriendo.
-Yo
también quiero tu número... -susurró en mi oído derecho, y
sentí un calor infernal corriendo por todo mi cuerpo. -Pero ya lo
tengo.
Logré
abrir la puerta y pasar al recibidor para darme cuenta de que Will
seguía fuera.
-No
quiero saber quien te ha dado mi número -le avisé. -Pero
¿qué? ¿Puedes pasar? ¿O eres un chico vampiro y tengo que decir
las palabras exactas?
Él
pasó a mi casa y cerró la puerta, para luego mirar todo lo que
extendía ante él. Parecía impresionado con la casa, como si no
fuera normal en una chica cuyos padres eran ricos. Me fui hacia el
salón con él pisándome los talones y tiré los tacones por ahí,
golpeándolos con algo y finalmente cayendo al suelo.
-Puedes
sentarte, no tendrás interrogatorio, tranquilo -le dije mientras
iba hacia la cocina. -Mi padre no está -grité al mismo
tiempo que cogía unos vasos y los dejaba en la encimera.
-Prefiero
estar aquí -murmuró en mi oído, haciendo que saltara del
susto.
Sus
manos estaban sobre la encimera, encerrándome en pleno entre ésta
misma y su pecho. Will respiraba contra mi nuca, provocándome más
que simples suspiros. Todos mis pensamientos se transformaron en agua
y se vertieron, porque todo lo que ahora tenía era a William. A él
y solo a él. Me dí la vuelta lentamente hasta acabar frente a él.
Agarré su chaqueta mientras veía sus claros ojos centelleando por
la cálida luz. Fui yo quién buscó sus labios. Y eso era lo
extraño, que esto lo había estado deseando desde aquel día en que
me había besado. Desde que lo vi por primera vez. Este chico me
estaba volviendo loca.
Agarré
con fuerza el cabello de él, mientras él enterraba su mano derecha
en mi mejilla, y la otra la apoyaba sobre la encimera de mi cocina.
El beso se estaba volviendo explosivo por momentos, su lengua vagaba
por mi boca en busca de algo más, no podía controlarme. Simplemente
esto era lo que quería y deseaba que él también lo quisiera.
Me
subió a la encimera y comenzó a bajar la boca sobre mi mentón, y
más tarde sobre mi cuello sacándome pequeños gemidos. Juraría que
si me hubieran tomado la temperatura subiría de los treinta y ocho
grados. Dios mío.
-Mierda
-susurró junto a mi clavícula, para más tarde retirarse y darme
cuenta de cuán hinchados tenía los labios. Parpadeé sin saber que
había pasado y tragué saliva.
-Lo
siento -susurré, disculpándome. Joder, era un puto mujeriego de
mierda, si le he besado su ego se hubiera ampliado no ensuciado...
¿no?
Él
me miró confuso y con la mandíbula señaló la ventana.
-Tus
padres acaban de llegar -sonrió incómodo mientras se rascaba la
nuca. -Creo que eres la primera persona que al besar pierde el
sentido del oído.
Salté
de la encimera corriendo, casi cayéndome por el recibidor para mirar
a través de la mirilla.
-Vale,
vamos a hacer como si nada ocurriese -aconsejé. -Yo le diré
que eres un nuevo amigo de Kent, y que bueno... Me traías a casa,
porque Kent llevaba a... Tina y ya está.
Will
enarcó una ceja.
-¿Acaso
has visto tu cara? -Preguntó riéndose. -No hace falta tener
más de una neurona para darse cuenta de que nos hemos estado
besando, Neus.
-Pero...
-comencé a decir cuando la puerta se abrió de golpe, dándome un
empujón en el hombro. Miré con alerta a William mientras éste se
encogía de hombros, totalmente tranquilo. ¿Es qué acaso era
idiota? ¡Dios mío!
Enterré
mi lengua entre mis labios y suspiré antes de irme hacia William, y
darle la bienvenida a unos padres muy... pero que muy impresionados
con la escena. Y eso no era lo único, es que también venía mi
hermana y su novio, y los padres de éste. Estaba aquí, esbozando
una sonrisa más falsa que el culo de Ashley.
-¡Hola!
-Saludé intentando mantener la tranquilidad, pero me salió un
chillido horrible. Will me miró con una ceja enarcada mientras
intentaba no esbozar una sonrisa. -¡No pensé que ibais a llegar
tan temprano! -Ahora fue una exclamación ahogada.
-Vamos
a pasar de los saludos -dijo mi padre cruzándose de brazos y
lanzándonos una mirada de alerta. -¿Qué pasa aquí? ¿Hay algo
de lo que me quieras hablar, Neus?
Abrí
la boca para decir algo, pero Will se adelantó.
-Señor,
señora Ginaz -comenzó a decir Will acercándose a ellos, y
alzando la mano. -Soy William Doyle.
Mi
madre le estrechó la mano y totalmente sonriente. Ella estaba
jodidamente encantada de que hubiese “encontrado” alguien, y
encima era un puto dios. Mi padre, sin embargo, parecía algo
cabreado. ¿Y por qué? Porque pensaba que yo iba a estar toda la
vida aquí, cuidándolo.
-Encantada
-logró decir mi madre mientras iba mirando a todos los presentes
como una niña pequeña. Toda ilusionada. -Y dinos... ¿qué
hacéis...?
Que
bonita iba a ser su expresión cuando supiera la verdad.
-Su
hija es mi novia.
Abrí
tanto la boca que pensé que se me desencajaría la mandíbula. Le
miré con los ojos como platos y esperé a que alguien dijera algo, y
me sacara de mi ensueño. ¿Qué se había creído? ¿Por qué había
dicho semejante mentira? Esperé a reaccionar pero cuando me di
cuenta él me había cogido de la mano.
-¡Felicidades
cariño! -Gritó mi madre abrazándome. ¿Por qué me abrazaba?
¿Hola? Tengo novio, no marido... ¡Y que mierda! ¡Tampoco tengo
novio! Esto es una mentira de las grandes...
Ashley
se nos quedó mirando y desvió la mirada hacia Will, que parecía
exhausto por el apretón de mano que mi padre le había dado, más el
abrazo sofocante. Ashley se acercó a Will y le plantó dos besos,
más una pequeña sonrisa.
-Estoy
muy contenta de que hayas encontrado a Neus -comenzó a decir.
-Ella es una chica increíble.
¿Estaba
intentando venderme como si fuera un coche?
Lo
bueno era que nadie se había opuesto a esta “relación”. Pero
tarde o temprano la verdad saldría a la verdad, pero antes hablaría
con Will de todo esto. Todos estaban acoplados en el salón contando
hazañas que hacían cuándo eran jóvenes, y al parecer esto lo
hacían a menudo, cuando yo no estaba, seguramente.
-Will
-le susurré al oído, dado que estaba sentado en el suelo
escuchando. -Ven conmigo a la cocina. Tengo que hablar contigo
ahora mismo.
Él
giró la cabeza hacia mí, y sonrió.
-¿Ya
me vas a dejar? -Susurró en mi oído.
-Podría
si fuéramos algo -rodé los ojos.
Él
me miró entrecerrando los ojos y volvió a mirar a mi padre, que
estaba contando alguna anécdota de cuando era joven. Me acuerdo
cuando a Nicole y a mí nos contaba las veces que le había pedido a
mi madre salir con él. Hasta ella, de pesado que era, le dio unas
buenas bofetadas.
Will
se levantó del suelo y agarró mi mano para tirar hacia la cocina.
-¿De
qué querías hablar? -Preguntó apoyándose en la encimera donde
antes habíamos estado... -¿Por qué me miras así?, parece que
quieres arrancarme la ropa, aunque no me importaría, preciosa.
Le
empujé y me crucé de brazos.
-¿Cómo
le vas a decir a mis padres que entre tú y yo no hay nada?
-Pregunté.
-De
ninguna manera.
Bufé
mientras agarraba mi cabeza entre las manos.
-Dios
mío, me tienes harta -le espeté. -¿Y qué hago?
Él
se encogió de hombros.
-Dime
que sí.
Le
miré extrañada mientras ladeaba la cabeza.
-¿Qué
sí el que?
-Qué
quieres estar conmigo -respondió mientras se acercaba a mí
vacilante.
Tragué
saliva mientras notaba sus labios en mi frente. Asentí de forma
automática.
-Sí
-ahogué un pequeño grito de alegría.
Frena - 5
La
estrepitosa música no dejaba de bombear contra los enormes
altavoces. Me reí por no llorar. Todas las personas presentes en las
carreras estaban interesados en meterse manos, y los otros pocos -que
claramente eran la minoría-, charlaban entre ellos, sobre quien
estaría en primer lugar. Sin meditar las cosas me encaminé hacia la
enorme pizarra que contenía todos los nombres de los conductores.
Allí estaban las apuestas.
Bianca
frunció el ceño.
-¿Se
puede saber cómo es que Kent es tan tonto? Está de nuevo
persiguiendo a Melania, y la pobre muchacha sufre con él... Está
enamorada perdidamente.
-A
mi hermana siempre le ha gustado -dijo Tina torciendo la boca.
-No sé como demonios está enamorada de él, sabiendo que sólo
quiere jugar.
Me
di la vuelta, ignorando la pizarra y yendo hacia ellas de nuevo.
-No
podéis negar que Kent tiene su encanto -dije encogiéndome de
hombros. -Si no fuera porque sé como es y porque le miro de otra
manera, podría decir que también estaría como Melania.
-Eso
no me lo esperaba -una voz a mis espaldas me sobresaltó. Me di
la vuelta rápidamente para empujar a esa persona de mí.
Ni
siquiera me había dado cuenta de quien era hasta que vi sus ojos
grises. Se estaba burlando de mi acción. Rodé los ojos y volví a
darme la vuelta, mientras Tina saludaba a alguien muy lejos de ella
y, rápidamente, echó a correr mientras movía la mano.
-¿Se
puede saber por qué me ha tocado contigo? -Le pregunté a
William mientras me giraba a verlo. -Es cosa tuya, ¿verdad? Como
no...
Bianca
nos miró para luego resoplar y despedirse de mí con un apretón de
mano.
-Creo
que no te he felicitado -cambió de tema. Aunque ni siquiera
sabía a que se refería. -Pero prefería esos pantalones
-señaló hacia una chica, quién tenía unos blancos pantalones
cortos, parecidos a un culot dicho en francés.
-Tú
eres un pervertido -le clavé mi dedo índice en su pecho y moví
mi pelo a un lado mientras miraba el marcador. Faltaba una hora
aún... Dios mío, esto se me hacía eterno.
Él
me rodeó el cuello con su brazo izquierdo y comenzó a andar
tirándome hacia él. Mientras andábamos por todo aquel caos de
personas bebidas, y haciendo como que estaban en un prostíbulo, me
di cuenta de lo imperfecto que era aquel sitio. No creáis que estar
en un sitio desconocido, del que te hablan muy bien, sea perfecto. Es
más, prefería estar viendo ahora mismo una película a estar aquí
pelándome de frío.
-¡William!
-Gritó un chico rubio de ojos oscuros, yendo hacia él. En realidad
venía hacia nosotros, porque estaba justo al lado de él, arropada
por su brazo. -Las apuestas han subido.
-No
es nuevo -Will sonrió arrogante antes de dirigir su mirada hacia
mí, y luego hacia su amigo. Alzó un brazo y señaló hacia el
chico. -Él es Brad. Brad ella es Neus.
Brad
abrió la boca y sonrió ampliamente, asintiendo poco a poco. Aquel
chico me miraba como si hubiera descubierto un mundo nuevo y tendió
su mano hacia mí.
-Así
que tú eres la famosa Neus -sonrió mientras le daba la mano.
-¿Famosa?
-Le pregunté mientras William tiraba de mí y fulminaba a Brad. -Aún
así encantada de conocerte. No suelo conocer a más chicos que mi
mejor amigo, pero siempre puedo cambiar -sonreí.
Brad
agradeció mi intervención.
-Yo
siempre podré ser un mejor amigo -terció Brad haciendo una
mueca graciosa. -Espero que esta segunda vez te sea un poco más
leve. Nos asustaste.
Ladeé
la cabeza y me deshice del hombro de William porque no dejaba de
ponerme nerviosa. Su presencia no le hacía ningún bien a mis
sentimientos, así que prefería dejarlo pasar.
-Tranquilo
-dije. -Sobreviviré.
Si
alguien me dijera hace un mes que iba a estar aquí en unas carreras
de coches, haciendo de acompañante, le hubiera dicho que era un
jodido mentiroso de mierda. Estaba apoyada sobre el maletero a la
misma vez que todas las chicas, a mi lado, lo hacían. Tan solo
faltaban diez minutos para poder meternos en el coche, y otros diez
minutos para que la chica que daba la salida se pusiera a dar el
pregón. Suspiré mirando a ambos lados. La única chica conocida que
estaba a mi lado era Melania, que estaba, claramente, nerviosa
apoyada en el coche de Kent.
-¡Chicas!
-Gritó la voz del presentador. Voz que conocía ya perfectamente
bien, dado que se dedicaba a decir bienvenido cada dos por tres.
-¡Hoy es el mejor aniversario de todos! ¡Hoy hay más
conductores como nunca antes! ¡Hoy vamos a poder disfrutar de unas
carreras jodidamente mortales! -Y eso era lo que me daba
realmente miedo.
Mordí
mi labio inferior mientras oía la voz del presentador de fondo. Miré
directamente a Melania, para que esta se percatase de mi presencia. Y
lo conseguí.
-Tranquila
-le susurré lo bastante alto como para que ella lo escuchase.
-Relájate y confía en Kent. Si él ve el peligro se percatará.
Puedes respirar, Mel.
Ella
asintió de manera violenta.
-Gracias
-logró responder con una pequeña sonrisa.
Me
metí en el coche a la misma vez que todas las chicas. Dios mío,
estas chicas y yo hacíamos todo al mismo tiempo, y eso me inquietaba
bastante. ¿Si empezábamos todas juntas significaba que podíamos
acabar todas muertas? Me reí ante mi pensamiento y logré sentarme
como una persona normal antes de que Will se pusiera a gritarme;
aunque este estaba demasiado ocupado con los mecanismos de su coche.
-¿Qué
estás haciendo? -Le pregunté cuando él levantó la cabeza de
golpe, dirigiendo su mirada hacia mí. En ese preciso instante di por
sentado que no se había dado cuenta de mi presencia.
-Poniendo
todo en marcha -respondió sin más, volviendo la mirada hacia
abajo mientras tocaba mil cosas. -Ponte recta. Relaja la espalda y
agárrate al respaldo.
-¿Y
de qué sirve si no tengo cinturón? -Pregunté haciendo caso a
sus palabras.
-Si
tensas la espalda, en una sacudida puede resultar bastante
perjudicada. Si te agarras puedes librarte de los golpes más
dolorosos. Ah, y ten los pies hacia atrás. Si chocamos contra algo
podrías acabar sin piernas. Tú decides, ratita.
Con
cabreo atendí a sus explicaciones e hice lo que él me pidió. Solo
rezaba de que los acompañantes de mis amigas le hubieran estado
diciendo lo mismo, o mejor. Solo esperaba salir viva de aquí, junto
a ellas. Kent debería de estar acostumbrado pero tampoco me hacía a
la idea de que resultase herido.
-Ten
cuidado, ¿vale? -Mi voz tembló de manera inconsciente.
Will
me miró enarcando las cejas y esbozó una sonrisa.
-No
dejaré que te pase nada, Neus -respondió. -No soy tan
idiota. Nadie ha salido herido de mi coche, así que no serás la
primera, ratita.
-No...
No lo digo por mí. Simplemente ten cuidado -dije apretando los
ojos, sabiendo que la chica ya estaba poniéndose en posición. Esta
era una enorme putada. Ni siquiera hacía un día que me había
quitado la venda, y ya estaba metiéndome en otro lío. Y encima era
tan tonta como para preocuparme por Will.
-Escúchame
-susurró a mi lado. -No nos va a pasar nada, Neus.
Ni
siquiera había pasado un minuto cuando el coche salió disparado por
la carretera. Los músculos de William se tensaban bajo su camiseta
negra de manga corta. Este tan solo tenía una mano en el volante,
pues la otra estaba moviéndose de un lado a otro, dándole a todo
tipo de mecanismos que contenía el coche. Ni siquiera grité cuando
noté un coche intentando desviarnos del camino. Rechiné los dientes
sabiendo que ese era Patrick. Podría distinguir su coche y su manera
de conducir desde cualquier ángulo.
-Ese
cabrón intenta echarnos -Will arqueó la espalda y señaló
hacia atrás. -Dime si hay alguien detrás nuestra.
No
dude ni un segundo en darme la vuelta y saber que no había nadie.
Que estaban todos al otro lado del camino, y le negué con la cabeza,
intentando no gritar o echarme a llorar por la presión del momento.
El
coche frenó en seco.
Ni
siquiera duró dos segundos cuando volvió a ponerlo en marcha,
dejando a Patrick detrás nuestra, impresionado. Me reí en voz alta
mientras intentaba entender la situación... Él había frenado en
seco para que Patrick no pudiera seguir metiéndose en nuestro
camino, y éste al vez que había parado en seco, pensó que nos
había ocurrido algo; por lo que paró también. Siendo sincera esto
era la hostia, aunque realmente no sé si podría acostumbrarme a
esto.
-Will,
¡¿adónde hay que llegar?! -Tragué saliva sintiendo el aire en
mi rostro.
-Ratita,
respira, que vamos bien -respondió él mientras tensaba la
mandíbula al percatase que otro coche estaba de nuevo sobre
nosotros. Dios mío, esto era lo peor del mundo.
Will
comenzó a adelantar a los pocos coches que se hallaban delante de
nosotros y sentí la fatiga que la otra vez sentí. El puto impacto
de saber que estaba básicamente volando sobre mi asiento, o
sencillamente, estaba mareada. Cerré los ojos, apretándolos contra
sí mismos, sabiendo que tarde o temprano esto terminaría.
¿Bien
o mal?
No
lo sabía.
Will
cogió mi mano y la puso sobre el control de mandos. Abrí los ojos
de golpe y su sonrisa se ensanchó de manera casi automática,
mientras el coche daba una sacudida hasta acabar parados. No sabía
que había ocurrido y miré por mi ventanilla dándome cuenta de la
bandera blanca y negra que ondeaba por el viento...
¿Habíamos
ganado?
William
salió rápidamente del coche para luego abrir mi puerta y cogerme en
brazos. Él, sin apenas esfuerzo, agarró mis piernas de forma casi
instantánea, pasó cada una de éstas por su hombro hasta quedarme
sentada sobre sus hombros. Miles de gritos se oían por todas partes,
vitoreando. Sonreí de forma inmediata al saber que en efecto
habíamos ganado, bueno, Will lo había hecho. Y puse mis manos sobre
el pelo de éste, contenta.
Y
cuando miré a los lejos, vi paradas a Tina, Bianca y a Melania junto
a Kent.
Y
mi mirada fue a parar lejos de aquí... A una ambulancia, donde tres
chicas comenzaron a ser atendidas.
¿De
verdad esto merecía aquél sacrificio?
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