jueves, 12 de septiembre de 2013

Frena - 10

Bianca me había traído a las carreras a conciencia. He hecho todo lo que me había pedido hasta ahora... ¿Qué pretendía que hiciera ahora? No podía montar en los coches estando embarazada, ¿verdad? ¿No se suponía que tendría que tener cuidado con los accidentes? Y aquí todo lo que salía ganando sería las hostias contra el salpicadero. Y después de todo no quería ver a Will...
Me tiré casi toda la noche llorando sobre mi almohada, esperando a que me llamara y me dijera que simplemente fue el susto. Que espera estar conmigo en todo momento, cuidando de mi y del bebé. Pero esa llamada no llegó, ni tan siquiera me invitó al día de hoy. No me habló desde que le dije que estaba embarazada.
-No veo a Kent por ninguna parte -susurró Tina algo mosqueada. Miré a Melania que tenía la vista clavada en mí, y yo le negué con la cabeza, para que se tranquilizase. No iba a contar nada a su hermana, ni a nadie. Si ellos lo querían mantener en secreto era cosa suya, no mía.
-Pues entonces es que estás bastante ciega -dijo Kent a nuestras espaldas. Dimos un pequeño salto y nos encontramos con su sonriente rostro. Este chico no quitaba la sonrisa de su cara.
-¿Quién se apunta a la primera carrera? -Preguntó Kent alzando los brazos. Luego me miró a mí. -Neus, Will te espera allí. Al lado del coche. Que quiere que te apuntes en la primera carrera.
Una sacudida por todo mi cuerpo me invadió. Él quería que fuera, él quería que me montase con él... No lo había perdido, simplemente se había asustado. En mis diecinueve años nunca pensé estar más aliviada.
Corrí hacia él para lanzarme en sus brazos, cosa que hice; pero al besar sus labios me esquivó, ladeando la cara.
-¿Qué demonios te pasa a ti? -Gruñí, intentando no llorar. -¿Se puede saber que es lo que te he hecho yo? ¿Es por el niño? No puedo creerlo... -gemí de furia.
Will se encogió de hombros como si la pregunta no fuese hacia él y con la cabeza me indicó que me subiera al coche. Al mismo tiempo giré mi cara hacia el marcador, que decía que solo faltaban quince minutos. Así que rápidamente me monté en el asiento del copiloto y cerré la puerta con un gran estruendo.
-Me gustaría que no te cargases la puerta -dijo Will mientras se metía en el coche. -Vale un pastón que yo no me puedo permitir. Quizás tú sí, pero yo no.
Abrí la boca impresionada por haberse comportado como un borde y asentí. Asentí porque es lo único que podía hacer en aquel momento, no me daba tiempo a coger un puñal y clavárselo en el pecho.
-Eres un inútil, ¿lo sabías? -Escupí. -No se puede ser más rastrero, más cobarde ni más mierda.
Él arrancó el coche como le salió de las pelotas y me miró.
-Lo sé, preciosa -contestó. -Cuando tengas algo nuevo que decirme avísame. Ahora relájate que con esto del embarazo estas muy sensible, ratita.
Rugí mientras intentaba abrir la puerta del coche para poder salirme, pero el muy hijo de puta la había bloqueado.
-¡Qué me dejes salir! -Le chillé. -¡Qué me quiero ir de aquí! ¡Te juro que como no me dejes salir te mato!
Él esbozó una sonrisa al mismo tiempo que la chica semi-desnuda se preparaba en su lugar, para dar el pregón.
-¡William, por tus muertos, déjame salir ahora! -Seguí gritando y dando portazos en la puerta. -Arrancaré tu puerta y tendrás que pagarla sí o sí.
Las ruedas chirriaron contra la tierra antes de salir zumbando de allí, a toda velocidad. Sentí el aire golpeando mi cara como si estuviera frente a un ventilador demasiado potente. Miré a Will que cogía en volante con fiereza, con cabreo y totalmente iracundo. Dios mío, no me gustaba esa expresión. Sabía perfectamente que podríamos acabar mal, y ahora mismo simplemente no éramos nosotros dos, sino un niño que crecía en mi vientre.
-¡William estoy embarazada! -Grité efusiva. -¡Cómo tenga un accidente te estaré persiguiendo para alimentar tus pesadillas, cabrón de mierda!
Él seguía conduciendo, aunque bajando la velocidad. Si lo había hecho era porque le importaba... Tanto yo como mi vientre, pero no sabía que ocurría con él.
-¡Neus, no hagas más difícil esto! -Gritó contra el sonido del motor. -¡Tengo que irme! ¡¿Lo entiendes?! ¡No puedo quedarme aquí ahora! ¡Te juro que no es porque estés embarazada, Neus! ¡Quiero quedarme contigo pero no puedo!
Me perdí totalmente en sus palabras cuando noté que un coche estaba arremetiendo contra nosotros. Me cabreé conmigo misma y le lancé un corte de mangas a Patrick, que como siempre, estaba jodiendo mi vida aquí. El muy pesado seguía con sus juegos y al ver que Will era capaz de esquivarle se fue contra otro. Giré la cabeza hacia Will de nuevo.
-¡¿Por qué tienes que irte Will?! -Pregunté mientras lloraba, y las lágrimas caían sobre mis piernas desnudas. -¡No te vayas, Will, por favor! ¡Te necesito aquí, necesito que estés conmigo en este momento!
Él me miró totalmente destrozado. Su rostro lamentaba todo lo que estaba pasando, pero algo había detrás de todo aquello. Sabía que no podía quedarse aquí, pero era yo la que necesitaba saberlo.
El coche seguía corriendo aunque no a gran velocidad como anteriormente lo había estado haciendo, no tanta velocidad cuando me monté con él por primera vez o las demás... Ahora mismo estaba perdiendo el primer lugar, pero le daba igual. Y a mí aún más... Quería hablar con él de todo esto cuanto antes.
Un horrible sonido ocupó todo mis oídos. Me giré en redondo sobre mí misma para ver que había pasado. A unos metros yacía un coche bocabajo, y éste estaba quemándose poco a poco. ¡Estaba ardiendo y había una persona dentro! ¡El fuego se estaba intensificando y nadie se acercaba a ayudar!
-¡Dios mío! -Grité mientras sentía el rostro de Will quebrarse aún más. Sabía que era alguien conocido... -¿Quién es, William? ¡¿Qué ha pasado?! ¿Y por qué no le ayudan, Will?
Vociferó un montón de incoherencias, y dio media vuelta, haciendo rechinar las ruedas. Me golpeé el hombro contra la puerta, y antes de que me diera cuenta estábamos en el incendio. Salí tan rápido como mis piernas me dejaban, pero Will fue muchísimo más rápido que yo y comenzó a gritar cosas, para que alguien le ayudase a apagar el fuego.
Medio público se había marchado.
-¡Tienes que irte, Will! -Gritó Kent a su lado. -¡Tienes que irte ya! ¡Están aquí y ya han acabado con Brad, no dejes que acaben contigo!
-¡¿Es Brad?! -Pregunté entre sollozos. -¿Qué mierda pasa aquí? ¡Decidme algo, joder! ¡Necesito saber que pasa aquí! ¿Kent? -Él me miró pero bajó la mirada al encontrase con mi mirada. -¿Will?
Él se giró hacia mí, a la misma vez que abrazaba mi cintura y cogía mi rostro entre sus manos. Me besó los labios una y otra vez. Agarré sus hombros con fuerza, prohibiéndole irse.
-Tengo que irme, Neus... -susurró contra mi oído, y noté su débil voz.
-Por ti, por mí... -y luego miró mi tripa. -Y por él o ella.
Le miré mientras sentía que mi mejilla se empapaba por momentos. Sentía arder mi garganta, como si quisiera decirle algo pero no supiera cómo... Simplemente no quería que se fuera de mi lado. Él no debía de estar haciéndome esto.
-Te necesito -le rogué mientras agarraba su cazadora. -Will, por favor, no te vayas. Quédate conmigo.
Él volvió a besar mis labios,
-Te quiero, ratita -sonrió con tristeza para luego separarse e irse corriendo en dirección contraria.
-¡Te quiero! -Le grité antes de desmoronarme.
Y lo siguiente que recordé fue el haberme desmayado en brazos de Kent.

Frena - 9

Me levanté con un enorme dolor de cabeza. Tina estaba a mi derecha mientras Bianca estaba a mi izquierda. No sé donde se había metido Melania pero de seguro que estaba por ahí repartida también. Estábamos en la cama de Kent porque quisimos quedarnos con él. Como los viejos tiempos.
-¿Hola? -Pregunté entre susurros mientras caminaba de habitación en habitación, hasta dar con la de invitados. Allí Kent se había quedado por la noche. Siempre se quedaba con nosotras, pero esta vez cambió de opinión.
Entré en la habitación y abrí los ojos como platos.
Kent estaba desnudo frente a Melania, que estaba apoyada en la pared, de espalda a él. ¡Oh Dios mío! ¡Estaban teniendo sexo y yo había llegado en el peor momento posible! Por la virgen -aunque eso no era exactamente correcto-, me voy a quedar traumatizada de por vida.
Cerré la puerta con silencio antes de arruinar su perfecto momento, pero algo salió mal en un momento y la corriente de aire cerró la puerta de golpe.
¿Correr o quedarse?
-¡Neus! -Gritó Kent mientras abría la propia puerta y una sabana le tapaba la parte de abajo. -¿Qué coño haces aquí?
Levanté la mano derecha poco a poco.
-Me levanté y quise saber si estabas aquí... Solamente eso -dije torciendo la boca y agachando la cabeza. Sintiéndome culpable por haber jodido el momento. -Mejor me voy.
Y antes de que él me contestara eché a correr, porque tenía miedo de que él me maltratara o algo peor. Kent no era de esos, pero acababa de hacerle perder un polvo. Eso para él merecía la muerte o vete tú a saber el qué.
Aún así, sabía a ciencia cierta que lo que había entre Kent y Mel era algo más que amistad, o simples polvos.
No sé si esto le iba a gustar a Tina.

Era la hora de conocer a mis suegros. Por Dios, ni siquiera sabía de su existencia y de pronto iba a conocerlos... Sólo sabía que el padre se llamaba Jason, su madre Sarah y su hermana pequeña Joanna. Lo que más me sorprendió de todo es que su familia sabía de mi existencia, porque Will les había hablado de mí.
Me puse unos vaqueros y una camiseta oficialmente normal, porque según Will no íbamos a tener una cena elegante ni nada por el estilo. Sus padres eran humildes, y no podían permitirse aquello.
Will me abrió la puerta del coche y salí de él sintiendo mis manos húmedas. No tenía ni idea de como comportarme con sus padres. Aunque en realidad era yo la que le había obligado a que me contara sobre ellos, y que me los presentase. Se había negado un millón de veces pero poco había funcionado conmigo.
-¡Bienvenidos! -Exclamó una mujer muy dulce de unos cincuenta años, de pelo castaño -el mismo que Will-, de ojos negros. -Pasad, que la cena estará lista en pocos minutos.
Pasé a la casa y me llevé un enorme abrazo de mi querida suegra.
-He querido conocerte desde que Will nos habló de ti -sonrió con una amplia sonrisa antes de que su marido apareciese. Éste tenía el cabello negro espeso, con ojos grises -los de William. -Él es mi marido, Jason. Yo soy Sarah. No me gusta eso de señor y señora. Suena muy anticuado.
Reí tímida, y bastante contenta de haber sabido como se llamaban antes de que me lo dijeran. El padre de Will se acercó y me dio un abrazo.
-¡Whoah! -Gritó una chica de cabello negro y ojos negros viniendo hacia nosotros. -Me llamo Joanna, tengo dieciséis años... Bueno, poco tendré diecisiete.
-Joanna, por favor, compórtate, es la visita. Y la novia de tu hermano -dijo su padre mientras le pasaba un brazo por su hombro y la abrazaba. Esta familia era adorable.
-¡No he hecho nada, papá! -Exclamó la chica haciendo pucheros, que fueron correspondidos por su hermano que le revolvió el pelo y le guiñó el ojo. Ambos se fueron al salón jugando.
Sonreí complacida por la amabilidad de todos. Siempre pensé que la suegra siempre se llevaría mal con la nuera, pero no todos los casos eran así. Mi caso era perfecto.
En poco rato estábamos sentados en la mesa, cenando.
-¿Estudias, Neus? -Preguntó Sarah.
-Sí -sonreí. -Este año empezaré la Universidad... -pensé en el presente. -Espero.
William me miró de reojo algo confundido sobre mi confusión, y decidió mirar a su padre que iba a lanzarme una pregunta.
-¿Qué estudiarás? -Preguntó.
-Psicología -respondí de manera técnica.


-¡Nicole, eres una pesada! -Grité mientras bajaba corriendo las escaleras, casi resbalándome por éstas. -¿Quién coño te crees que eres para meterte en mi vida?
Ella estaba corriendo de un lado a otro por la casa mientras chillaba, y nombraba el nombre de mi madre una y otra vez. Por culpa de ella mis piernas temblaban y estaba jodidamente enfadada. Me había echado la típica charla de hermana mayor cuando ella, exclusivamente, era la hermana pequeña.
Bufé mientras la agarraba de los pelos y la echaba hacia atrás.
Era un poco bruta, pero ella no es que fuese mucho menos.
-¡¿Quieres estarte quieta, joder?! -Chillé mientras la soltaba y la miraba fijamente.
Ella con una sonrisa de oreja a oreja se sintió complacida. Esta chica era extremadamente bipolar. Hacía un momento estaba completamente asustada por mis amenazas, y de pronto estaba muy contenta.
Una voz carraspeó detrás mía. Me giré hasta encontrar sus ojos grises.
-¡Hola! -Grité de emoción para luego echarme encima de Will y besar sus labios. -¿Qué haces aquí? Pensé que no vendrías, porque según Kent estarías ocupado... ¿Ha ocurrido algo?
Nicole se marchó dedicándole una tonta risa a Will, que éste contestó con una sonrisa amplia. Que idiotas eran.
-Hola, pequeña -dijo mientras sonreía incómodo. -He venido al fin y al cabo... Oye, Neus, tengo que hablar contigo.
Fruncí las cejas antes de adelantarme.
-Yo también tengo que hablar contigo -tragué saliva.
Él me miró interesado y se sentó sobre una de las sillas, y yo hice lo mismo pero enfrente de él. Se lo había contado a mi hermana y ella, como supuse, se lo había tomado bien. Ella más que a nadie le encantaban los niños. Mis padres sería completamente otro asunto diferente. Aparte de Kent que, probablemente, me mataría.
-No sé como ha podido ocurrir pero... -carraspeé. -Bueno, sí, sí sé como ha ocurrido, pero ya sabes... Oh Dios mío, no sé como decírtelo, Will...
Él tensó los músculos y acercó su cara a la mía.
-¿Me has engañado?
¿Qué?
-¡No! -Grité mientras me echaba hacia atrás. -No es eso... Mmm... ¿Estoy embarazada? -Dije, bueno, más bien pregunté mientras hacía una mueca.
Frunció las cejas mientras me miraba fijamente.
-Neus, dime ya la verdad -rugió mientras se cruzaba de brazos, y se apoyaba finalmente en el respaldo de la silla. -Me estoy hartando. Tengo que decirte algo urgente. ¿Me entiendes?
Me levanté de golpe y comencé a hacer espavientos con las manos.
-¡Qué te estoy diciendo que estoy embarazada! -Grité mientras levantaba mi camiseta, mostrando mi tripa y señalando lo inflada que estaba ésta. Dura como una puta roca. Alcé mis hinchadas manos. -¿Hola? ¿Acaso no te has fijado un poco en mi cambio? Bueno, debo decir que ni yo me había fijado... ¡Pero mira!
Will abrió los ojos mientras me contemplaba.
Se levantó de la silla, haciendo que ésta cayera.

Pasó por mi lado y se marchó. ¡Dios mío, se marchó! 

Frena - 8

-¡¿Pero qué le ha pasado a este coche?! -Pregunté con los ojos abiertos. Ante mí había un coche gris, totalmente abollado por todas partes con la luna rota. Parecía que un tractor había pasado sobre él.
Tina y Bianca se encogieron de hombros, al mismo tiempo que Melania se nos quedaba mirando. Kent y William se miraron entre sí para poder explicarse. Pero antes de que ninguno hablase, Brad vino hacia nosotros. Este chico era la mejor persona que había podido conocer aquí: en las carreras.
-Es mío -dijo con una sonrisa mientras se paraba a saludarme con dos besos. Dos besos que fueron interrumpidos por Will, que lo había separado de mí, como cuán león quiere a su leona.
-¿Y qué le ha pasado? -Le pregunté interesada, mientras le dirigía una mirada a Will de egocentrismo. Este era el mundo de él y quería saber más de él. Interesarme por esto no era malo, ¿verdad? Pues eso.
-Alguien arremetió contra él hace un año -respondió Brad mientras miraba a su coche. -Pensarían que yo iba dentro, y al final el chico que iba en él acabó muriendo. Por mi culpa -dijo mientras se tocaba la mano izquierda con la derecha.
Le puse un brazo en su espalda y negué con la cabeza, y antes de que pudiera consolarlo Will me había separado de él. Este chico estaba obsesionado, eh. Al final no me dejaría acercarme a ningún hombre del sexo opuesto. Solo a Kent, porque era mi mejor amigo, y a los gays. Aparte de mi padre, mis primos y... los demás que habían pasado la inspección de Will.
-Mira que te pones pesado -repliqué a su lado. Él besó mi mejilla, pero no cambié de idea por mucho que quisiera de nuevo sus besos. -No me sirve. Brad mola. No tiene culpa de que estés como una cabra.
Tina se abrió paso hacia nosotros dos y se cruzó de brazos.
-Bianca y yo tenemos que hablar contigo -susurró. Parecía un problema serio, cosa que me asustaba, dado que ellas nunca se ponían así. Miré a Will, que mantenía el rostro confuso.
-Claro... -logré decir antes de partir junto a ella.
Bianca ya nos esperaba fuera de los baños portátiles. Yo sin saber que pasaba me fui con ellas, porque si alguien les había hecho algo que escapasen cuanto antes, porque iban a acabar muertos en algún río. Gracias a mí, claro.
-¿Qué ha pasado? -Pregunté nerviosa a la misma vez que nos metíamos todas en un baño portátil. -¿Les ha pasado algo? ¿Quién ha sido? ¡¿Tengo que llevar la moto-sierra?!
Bianca levantó la mano para luego buscar algo en su bolsillo, que le tardó bastante tiempo encontrar porque se tiró como dos minutos mirando a su bolso con rabia. Alcé la ceja cuando me lo tendió y miré la pequeña caja.
-¡¿Prueba de embarazo?! -Chillé abriendo al boca. -¡¿Estás embarazada?! ¡¿Cuándo?! ¡¿Cómo?! Bueno, cómo no, sé como se hacen, pero... ¡¿Quién ha sido?!
-No es mío -dijo Bianca pacientemente. Miré directamente a Tina.
-Mío tampoco es -contestó.
-¡¿Es de Melania?! -Abrí la boca impresionada.
-¡No es de nadie, Neus! -Exclamó Tina ladeando la cabeza. -No es de nadie... aún. Es para ti -me quedé totalmente callada esperando que esto fuera alguna broma. -Neus tu tripa se está hinchando, tanto como tus pies. Ya has vomitado como tres veces desde que estamos juntas... ¿Cuántas veces habrás vomitado sin haber estado con nosotras?
Mis ojos eran órbitas cuando sentí mi sangre calentarse. ¡Ellas... Ellas pensaban que estaba embarazada!
Les quité el cacharro, y me crucé de brazos.
-Iros, que haré la prueba -les dije enfadada. -Y cuando veáis que da negativo, ya os haré yo alguna putada. ¡Anda, venga, iros! -Les eché, prácticamente del baño.
Encima habían tenido la decencia de decirme que estaba gorda indirectamente. ¡Caraduras!
[Narrador omnisciente]
Hoy había más de una carrera. Para ser exactos, serían tres. Will se pasó la mano por el pelo antes de darse cuenta de que Kent le estaba hablando, y en voz muy alta.
-¿En qué mundo estás, tío? -Preguntó Kent, alzando una ceja. Melania estaba a su lado, guardando silencio.
Will suspiró, cansado.
-No sé en que me estoy metiendo, Kent -dijo Will apenado. -Quiero dejar toda esta mierda, pero sé que no puedo. Estoy metido totalmente en esto. Sabía que al final me arrepentiría, pero por ese entonces no tenía nada por lo que quedarme aquí.
Kent le dio una palmada en la espalda y habló con voz tranquila:
-Podías contárselo -opinó. -Neus no es tonta. Sabe que la vida es algo más que quejas, y que es normal que por ese entonces hicieras cosas de las cuales ahora te arrepientes. Pero... no te entiendo. ¿Por qué estás preocupado justamente hoy?
Will movió la cabeza a ambos lados dejando ver una sonrisa ladina.
-Las carreras no es algo que mantengamos en secreto -comenzó a decir Will. -En verdad todo el mundo lo sabe. Pero no tiene ni puta idea de las drogas que mantenemos aquí... hasta que recibí la visita de uno de ellos... -comenzó a señalar hacia arriba.
-¿Ellos? -Preguntó Kent, frunciendo las cejas. -¿A quiénes te refieres, Will?
-Los hijos de puta que nos vendían la droga -dijo Will. -Necesitaba más dinero; y más dinero significaba tener que trabajar duro y... ¿quién contrataría a alguien como yo? Trabajo en un puñetero local -suspiró. -Necesitaba más... y más... y luego ya acabé siendo uno de los mayores cabrones que hay aquí.
Kent alzó la cabeza hacia él confundido.
-Pero les comprabas la droga a ellos... -comenzó a decir Kent, antes de que Will lo interrumpiese.
-Nos la vendía por un precio bastante justo -dijo Will. -Debíamos darle una parte a ellos, por ser quienes la encontraban... pero subimos demasiado el precio. Nosotros ganábamos más que ellos.
-Y se enteraron -dio por sentado Kent.
Will asintió.
-¿Y qué piensas hacer? -Preguntó Kent.
-Tengo que irme.
Kent lo miró boquiabierto por unos segundos eternos. Melania ni siquiera se había enterado de nada, mantenía su mirada fija en un grupo de chicos.
-¿Y qué pasa con Neus? -Preguntó.
Will lo miró fijamente.
-Ella estará mejor sin mí.

[Fin de la narración omnisciente]

-¡Vamos, míralo! -Ordené a Bianca, que sostenía el test. Comenzaba a impacientarme, y esto no era buen resultado. Antes estaba segura de no estar embarazada y ahora, de buenas a primeras, estaba histérica. Como si me preocupase aquello...
Bianca fijó la mirada en el cacharro y tragó saliva.
-Da positivo -dijo con los ojos abiertos. -Estás embarazada, Neus.
-No... No. No. No. No. No -repetí sin parar mientras caminaba hacia atrás, chocándome con la puerta. El plástico de ésta me hizo estremecer al sentirlo adquiriéndose a mi espalda. -Por favor, no... -comencé a llorar mientras caía al suelo, y abrazaba mis piernas. -Esto no puede estar pasándome a mí... No. No.
Ellas corrieron hacia mí y se agacharon abrazándome y dándome calor.
-Este no es el fin del mundo, Neus -susurró Tina sobre mi frente, abrazándome.
-Tienes que contárselo a Will -propuso Bianca en mi oído, pero hablando alto y claro.
Eso sería lo más difícil. ¿Cómo iba a explicarles esto a todos...? Dios mío.


Frena - 7

Tenía una venda tapando mi visión, gracias a Will. Él me había dicho que era una sorpresa, y por eso mismo estaba con los ojos tapados y él me guiaba cogiéndome de la cintura y girándome sobre mis talones... Aunque me gustaría que me cogiese de la mano, dado que yo estaba apunto de morirme de amor por su cercanía.
-Un escalón, ratita -susurró sobre mi cabeza. Él era bastante más alto que yo, y a veces eso se notaba mucho... Sobretodo cuando yo no llevaba tacones.
-¿Cuánto falta? -Dije mientras hacía un puchero. No tenía ni idea de si me veía, pero me hacía bastante gracia hacerlo.
-Eres una ratita impaciente, ¿lo sabías? -me cogió en brazos y cargó conmigo. Yo reía mientras él besaba mis labios.
Me depositó en el suelo y me quitó la venda poco a poco, para que me volviera más loca de lo que ya estaba. Cuando al fin me la quitó abrí la boca como nunca antes. ¡Era una casa de campo preciosa! Todo estaba rodeado de césped, como si fuera un hermoso jardín, aparte de enorme... Pero no tenía pinta de ser la típica casa de jardín que alquilan.
-¿De dónde sacaste el dinero? -Le pregunté aún irradiando felicidad por cada poro de mi cuerpo.
William se rascó la nuca, algo nervioso y se encogió de hombros.
-Tenía algo ahorrado -ladeó una sonrisa.
Iba a contradecirle hasta que cogió mi mano y tiró de mí para que me pusiera sobre sus hombros. Y fue exactamente lo que hice, mientras reía porque él iba trotando hacia la puerta de la casa.
-Whoah, está limpia -exclamé sorprendida. -Y yo pensando que no te habría dado ni ganas de limpiarla.
Él enarcó las cejas mientras me dejaba de nuevo en el suelo.
-Ah, ¿qué había que limpiarla?
Eché la cabeza hacia atrás y lo abracé mientras apoyaba la cabeza en su pecho y suspiré calmada. La casa era de un piso y un ático arriba. Era bastante simple, pero jodidamente preciosa. Tenía un pequeño salón, unido a la cocina. Un cuarto de baño más la habitación principal y única. Como me imaginaba estaba envuelta con papel rosa pastel, pero era perfecta tal y como estaba.
No sé si la había comprado o alquilado, pero no desaprovecharía esta oportunidad.
-¿Qué era eso sobre que no eras cursi? -Pregunté mientras llevaba el dedo índice de la mano derecha al mentón. -Pensé haber oído algo de eso y haber resultado mentira.
Will me apretó fuerte contra su cuerpo y reí al sentir sus manos sobre mi cintura, creándome cosquillas.
-¡Para! -Grité riéndome mientras intentaba salir de su agarre. -¡Ay, William! ¡Qué no las soporto! -Comencé a reír más fuerte, y al sentir que sus brazos ya no me apretaban aproveché para irme corriendo. Me metí en la habitación y cerré la puerta. Justo me di cuenta de que no tenía cerrojo y me escondí en el armario de madera (y el único que poseía la casa).
-Neus. Neus Rosalie -comenzó a llamar Will. Sabía que estaba riéndose por el tono de mofa en su voz. Además, que llamarme por mi nombre completo no mejoraba la situación. Simplemente me entraban ganas de reírme aún más. -Vamos, ratita. Sal del ropero -dijo ésto último cuando abrió las puertas y me descubrió en él.
Me puse las manos sobre la cara sonriendo e intentando, inútilmente, esconderme. Él me cogió en brazos para luego depositarme sobre la cama. Él se quedó sobre mí mirándome.
-¿Me ves algo? -Pregunté alzando una ceja, desafiante.
Miré a Will y cada uno de sus rasgos. El pelo castaño cogía un brillo especial cuando la luz se reflejaba en él, al mismo tiempo que sus ojos centelleaban con intensidad. Tenía una perfecta recta nariz, por la que yo tantas veces había trazado el relieve. Sus labios adquirían un hermoso color rojo intenso cada vez que me besaba, o cuando le mordía los labios con ganas. Y ahora, exactamente, es cuando tenía ganas. No sabía hacer otra cosa que trazar su barbilla cuadrada con mis dedos, notando la barba incipiente.
No sé si era bueno o era malo, pero tenía claro que lo único que quería era estar con él.
-Muchas cosas -sonrió de lado antes de posar sus labios sobre mí y poner su mano sobre mi espalda, de una forma que mi camiseta se había levantado, hasta enseñar un poco de mi pálida piel.
Agarré sus hombros bien fuerte antes de sentir sus dedos moverse por mi tripa, trazando círculos como si estuviera pintándome sobre ella. Sentí el calor emergiendo fuerte en mi cuerpo, como si estuviera quemándome a fuego vivo. Lo peor de todo es que era incapaz de irme fuera de allí, me gustaba esa sensación de estar quemándome con su piel.
Su lengua comenzó a vagar sobre mi cuello poco a poco, trazando línea rectas hasta acabar sobre el escote de mi camiseta. Me miró con una gran pregunta en silencio, y asentí con la cabeza violentamente. Él me dedicó una de sus irresistibles sonrisas antes de apoderarse de mi cuerpo, y tirar la camiseta al suelo. Volvió a lanzarme besos demasiados tiernos por todo mi cuerpo, desde la curva de mis pechos hasta el ombligo. Con cierta delicadeza desabrochó mis vaqueros, para más tarde quitármelos con rapidez y experiencia. Pero no era hora de pensar en eso.
No era hora de pensar en eso porque ahora tenía sus manos sobre mis muslos mientras volvía a lanzarse sobre mis labios, pero poco a poco alejándose mientras daba pequeñas sacudidas intentando volver a sus labios. Y en el momento en que estaba lo bastante inclinada él se deshizo de mi sujetador, y sin necesitar más tiempo comenzó a morder mis pezones, lentamente. Y lejos de saber la realidad, comencé a gemir de placer. Intentaba morderme por dentro los cachetes, pero parecía que eso no era lo que él quería, puestos que tomó mi cara entre sus manos y me besó los labios de nuevo.
Esta era la hora de que él se quitara toda la ropa. Llevé mis manos a la costura de su camiseta y se la quité pasándosela por la cabeza. Él estaba sonriendo con picardía, mientras nos dábamos la vuelta cayendo yo encima suya. Y como tantas veces había hecho, mordí su mandíbula porque sabía que eso le encantaba. Fui rozando mis dientes contra el duro vientre de Will, a la misma vez que me agarraba a su cintura. No necesité más de ocho segundos para deshacerme de sus pantalones, y acabar en boxer. Me sorprendí con lo poco vergonzosa que había resultado ser en este preciso momento.
Él, sin más vacilación, volvió a agarrarme para ponerse sobre mí, y quitarme las bragas. Mientras él, rápidamente echaba sus boxer fuera de la cama. La mirada de Will era puro deseo y lujuria. Lujuria que no tardó en aparecer justo cuando comenzó a besarme salvajemente. Usó sus manos para separarme las piernas lentamente, para meterse entre ellas. Notaba su dura erección contra mi sexo, como si fuera eso lo que siempre había buscado... Y lo tuviera ahí, justo ahí mismo. Sus manos se posaron justo sobre mi vagina y sentí su mirada en mí. Asentí una vez más y lancé un pequeño gemido a sentir sus dedos sobre mi sexo, duros y fuertes. Rápidos y dulces.
Cerré los ojos con fuerza para no ponerme a gemir de placer, pero fue inevitable. Aunque no tardó mucho, porque cuando menos me lo esperaba, sentí su miembro atravesando a través. Lancé un grito de dolor para luego girar la cabeza hacia la derecha. Agarré las sábanas mientras él apoyaba cada mano a cada lado de mi cabeza, y sentí sus mordiscos en mi lóbulo, para luego besarme con intensidad. Me agarré a su espalda notando aún el dolor, e intensificándose. Sus besos me calmaron de una manera explosiva, como si él fuera mi cura para todo.
Una ráfaga de lívido amenazaba con expandirse por todo mi cuerpo, y sentí esa sensación placentera total de la que todo el mundo hablaba.
Mi Dios, esto era lo que yo quisiera tener siempre.
Comencé a gemir mientras Will subía la velocidad de sus embestidas. Y antes de que me diera cuenta había llegado al éxtasis al mismo tiempo que él lo hacía.

La cocina estaba hecha una pocilga. No volvería a cocinar nunca más con Will desde luego que no. Él había esparcido casi todo el azúcar y la harina por todas las encimeras de la cocina. Me reí cuando me di cuenta de lo cuán manchado que estaba.
-¿De qué te ríes tú, ratita? -Preguntó, alzando una ceja desafiante.
Levanté las manos en señal de rendición y me encogí de hombros.
-De que eres un desastre -le respondí mientras usaba una servilleta para limpiarle la mejilla. Él sonrió entrecerrando los ojos y alzando las cejas una y otra vez. -¿Eso que significa? ¿Qué tengo que correr?
Él miró arriba como si no me hubiese oído y vi la oportunidad perfecta para correr hacia el salón. Notaba como sus manos me atrapaban, cogiéndome al aire y dándonos una vuelta sobre sí mismos.
Levanté mi mano derecha para dejarle harina por toda la cara. Él abrió la boca mientras volvía a correr, pero esta vez al baño, pero parece ser que aquí no existían los cerrojos.
-¡No puedo creer que hayas hecho eso! -Exclamó riéndose, mientras me perseguía de nuevo.
Eso sí, no se esperaba que estuviera preparada con la regadera de la ducha, apunto de darle al agua para empaparlo. Él abrió los ojos con suma sorpresa y levantó las manos en señal de paz.
-No te atreve... -y antes de acabara la frase ya lo había mojado por completo. Me reí de su expresión, pero se acercó a mí para empaparme con el frío agua de su cuerpo. Me reí intentando separarme de él, pero al final acabando sobre la ducha empapándome a mí también con el dichoso grifo.
-¡Gwillym! -Grité mientras reía junto a sus labios.
Él me acarició con su nariz mi cuello antes de decirme:
-Te quiero -susurró.

-Te quiero -contesté contra su hombro. 

Frena - 6

Me encantaban las motos, personalmente, pero eso de montarme y que me llevaran a toda hostia por toda la autopista, no. Will había estado entusiasmado bastante así que decidí aceptar. ¿Por qué no? Después de toda la adrenalina que tuve durante las carreras, me daba ya igual estar en una moto con él.
Paró justo enfrente de mi casa e intenté bajar, pero él bajó primero que yo. Me cogió por la cintura y me dejó en el suelo. Luego me echó el pelo hacia atrás y esbozó una hermosa sonrisa.
-Me costaba ver tu precioso rostro -dijo con picardía, que solo funcionaba para ponerme roja como un tomate. -Me encanta cuando te sonrojas, ratita.
-Hoy has obtenido todo lo que querías -le dije mientras miraba hacia mi casa. Al parecer no habían llegado, puestos que se fueron con Ashley, el marido de ésta y todos los demás bártulos. -Ahora yo también quiero algo. Normalmente no lo haría, porque soy bastante vergonzosa, ¿pero que más da? Aprovecharé.
Will metió sus manos en los bolsillos delanteros, y esperó con una ceja alzada y divertido.
-Quiero tu número de móvil -dije mientras extendía la mano antes de seguir hablando-: Ya van dos veces las que me traes a mi casa, y te esmeraste en saber donde vivía... Así que tengo derecho a exigirlo.
-¿Y si no quiero dártelo? -Alzó las cejas, más divertido aún.
Bufé mientras me daba la vuelta hacia la puerta de mi casa, y notaba como él venía a mis espaldas.
-¿Qué haces aquí? -Le pregunté mientras me daba la vuelta y cruzaba los brazos. -Si no quieres darme el número entonces te pido que te largues, no tienes derecho a estar aquí.
Él alzó las comisuras de los labios, intentando no reír, y rebuscó en su chaqueta. Cuando encontró lo que buscaba me lo expendió, mientras le miraba con los ojos entrecerrados. Al coger el cacho cartón que me había extendido, miré la tarjeta. Pegué una risotada mientras bufaba.
-¿Cocinero a tiempo parcial y conductor profesional con doce puntos? -Pregunté mientras alzaba una ceja. -Estas son las tarjetas que les das a las tías que conoces, ¿verdad? Claro que sí, si no ¿quién coño tendría tarjetas de éstas?
-Eh -exclamó mientras levantaba las manos. -Has sido tú quien ha querido mi número.
Apreté los labios enfadada y le tiré la tarjeta. Me di media vuelta abriendo la puerta y al momento siguiente veía como él se arqueaba hacia mí, dejando una mano sobre la puerta. No hacía falta mirar hacia atrás para saber que estaba sonriendo.
-Yo también quiero tu número... -susurró en mi oído derecho, y sentí un calor infernal corriendo por todo mi cuerpo. -Pero ya lo tengo.
Logré abrir la puerta y pasar al recibidor para darme cuenta de que Will seguía fuera.
-No quiero saber quien te ha dado mi número -le avisé. -Pero ¿qué? ¿Puedes pasar? ¿O eres un chico vampiro y tengo que decir las palabras exactas?
Él pasó a mi casa y cerró la puerta, para luego mirar todo lo que extendía ante él. Parecía impresionado con la casa, como si no fuera normal en una chica cuyos padres eran ricos. Me fui hacia el salón con él pisándome los talones y tiré los tacones por ahí, golpeándolos con algo y finalmente cayendo al suelo.
-Puedes sentarte, no tendrás interrogatorio, tranquilo -le dije mientras iba hacia la cocina. -Mi padre no está -grité al mismo tiempo que cogía unos vasos y los dejaba en la encimera.
-Prefiero estar aquí -murmuró en mi oído, haciendo que saltara del susto.
Sus manos estaban sobre la encimera, encerrándome en pleno entre ésta misma y su pecho. Will respiraba contra mi nuca, provocándome más que simples suspiros. Todos mis pensamientos se transformaron en agua y se vertieron, porque todo lo que ahora tenía era a William. A él y solo a él. Me dí la vuelta lentamente hasta acabar frente a él. Agarré su chaqueta mientras veía sus claros ojos centelleando por la cálida luz. Fui yo quién buscó sus labios. Y eso era lo extraño, que esto lo había estado deseando desde aquel día en que me había besado. Desde que lo vi por primera vez. Este chico me estaba volviendo loca.
Agarré con fuerza el cabello de él, mientras él enterraba su mano derecha en mi mejilla, y la otra la apoyaba sobre la encimera de mi cocina. El beso se estaba volviendo explosivo por momentos, su lengua vagaba por mi boca en busca de algo más, no podía controlarme. Simplemente esto era lo que quería y deseaba que él también lo quisiera.
Me subió a la encimera y comenzó a bajar la boca sobre mi mentón, y más tarde sobre mi cuello sacándome pequeños gemidos. Juraría que si me hubieran tomado la temperatura subiría de los treinta y ocho grados. Dios mío.
-Mierda -susurró junto a mi clavícula, para más tarde retirarse y darme cuenta de cuán hinchados tenía los labios. Parpadeé sin saber que había pasado y tragué saliva.
-Lo siento -susurré, disculpándome. Joder, era un puto mujeriego de mierda, si le he besado su ego se hubiera ampliado no ensuciado... ¿no?
Él me miró confuso y con la mandíbula señaló la ventana.
-Tus padres acaban de llegar -sonrió incómodo mientras se rascaba la nuca. -Creo que eres la primera persona que al besar pierde el sentido del oído.
Salté de la encimera corriendo, casi cayéndome por el recibidor para mirar a través de la mirilla.
-Vale, vamos a hacer como si nada ocurriese -aconsejé. -Yo le diré que eres un nuevo amigo de Kent, y que bueno... Me traías a casa, porque Kent llevaba a... Tina y ya está.
Will enarcó una ceja.
-¿Acaso has visto tu cara? -Preguntó riéndose. -No hace falta tener más de una neurona para darse cuenta de que nos hemos estado besando, Neus.
-Pero... -comencé a decir cuando la puerta se abrió de golpe, dándome un empujón en el hombro. Miré con alerta a William mientras éste se encogía de hombros, totalmente tranquilo. ¿Es qué acaso era idiota? ¡Dios mío!
Enterré mi lengua entre mis labios y suspiré antes de irme hacia William, y darle la bienvenida a unos padres muy... pero que muy impresionados con la escena. Y eso no era lo único, es que también venía mi hermana y su novio, y los padres de éste. Estaba aquí, esbozando una sonrisa más falsa que el culo de Ashley.
-¡Hola! -Saludé intentando mantener la tranquilidad, pero me salió un chillido horrible. Will me miró con una ceja enarcada mientras intentaba no esbozar una sonrisa. -¡No pensé que ibais a llegar tan temprano! -Ahora fue una exclamación ahogada.
-Vamos a pasar de los saludos -dijo mi padre cruzándose de brazos y lanzándonos una mirada de alerta. -¿Qué pasa aquí? ¿Hay algo de lo que me quieras hablar, Neus?
Abrí la boca para decir algo, pero Will se adelantó.
-Señor, señora Ginaz -comenzó a decir Will acercándose a ellos, y alzando la mano. -Soy William Doyle.
Mi madre le estrechó la mano y totalmente sonriente. Ella estaba jodidamente encantada de que hubiese “encontrado” alguien, y encima era un puto dios. Mi padre, sin embargo, parecía algo cabreado. ¿Y por qué? Porque pensaba que yo iba a estar toda la vida aquí, cuidándolo.
-Encantada -logró decir mi madre mientras iba mirando a todos los presentes como una niña pequeña. Toda ilusionada. -Y dinos... ¿qué hacéis...?
Que bonita iba a ser su expresión cuando supiera la verdad.
-Su hija es mi novia.
Abrí tanto la boca que pensé que se me desencajaría la mandíbula. Le miré con los ojos como platos y esperé a que alguien dijera algo, y me sacara de mi ensueño. ¿Qué se había creído? ¿Por qué había dicho semejante mentira? Esperé a reaccionar pero cuando me di cuenta él me había cogido de la mano.
-¡Felicidades cariño! -Gritó mi madre abrazándome. ¿Por qué me abrazaba? ¿Hola? Tengo novio, no marido... ¡Y que mierda! ¡Tampoco tengo novio! Esto es una mentira de las grandes...
Ashley se nos quedó mirando y desvió la mirada hacia Will, que parecía exhausto por el apretón de mano que mi padre le había dado, más el abrazo sofocante. Ashley se acercó a Will y le plantó dos besos, más una pequeña sonrisa.
-Estoy muy contenta de que hayas encontrado a Neus -comenzó a decir. -Ella es una chica increíble.
¿Estaba intentando venderme como si fuera un coche?
Lo bueno era que nadie se había opuesto a esta “relación”. Pero tarde o temprano la verdad saldría a la verdad, pero antes hablaría con Will de todo esto. Todos estaban acoplados en el salón contando hazañas que hacían cuándo eran jóvenes, y al parecer esto lo hacían a menudo, cuando yo no estaba, seguramente.
-Will -le susurré al oído, dado que estaba sentado en el suelo escuchando. -Ven conmigo a la cocina. Tengo que hablar contigo ahora mismo.
Él giró la cabeza hacia mí, y sonrió.
-¿Ya me vas a dejar? -Susurró en mi oído.
-Podría si fuéramos algo -rodé los ojos.
Él me miró entrecerrando los ojos y volvió a mirar a mi padre, que estaba contando alguna anécdota de cuando era joven. Me acuerdo cuando a Nicole y a mí nos contaba las veces que le había pedido a mi madre salir con él. Hasta ella, de pesado que era, le dio unas buenas bofetadas.
Will se levantó del suelo y agarró mi mano para tirar hacia la cocina.
-¿De qué querías hablar? -Preguntó apoyándose en la encimera donde antes habíamos estado... -¿Por qué me miras así?, parece que quieres arrancarme la ropa, aunque no me importaría, preciosa.
Le empujé y me crucé de brazos.
-¿Cómo le vas a decir a mis padres que entre tú y yo no hay nada? -Pregunté.
-De ninguna manera.
Bufé mientras agarraba mi cabeza entre las manos.
-Dios mío, me tienes harta -le espeté. -¿Y qué hago?
Él se encogió de hombros.
-Dime que sí.
Le miré extrañada mientras ladeaba la cabeza.
-¿Qué sí el que?
-Qué quieres estar conmigo -respondió mientras se acercaba a mí vacilante.
Tragué saliva mientras notaba sus labios en mi frente. Asentí de forma automática.
-Sí -ahogué un pequeño grito de alegría.

Frena - 5

La estrepitosa música no dejaba de bombear contra los enormes altavoces. Me reí por no llorar. Todas las personas presentes en las carreras estaban interesados en meterse manos, y los otros pocos -que claramente eran la minoría-, charlaban entre ellos, sobre quien estaría en primer lugar. Sin meditar las cosas me encaminé hacia la enorme pizarra que contenía todos los nombres de los conductores. Allí estaban las apuestas.
Bianca frunció el ceño.
-¿Se puede saber cómo es que Kent es tan tonto? Está de nuevo persiguiendo a Melania, y la pobre muchacha sufre con él... Está enamorada perdidamente.
-A mi hermana siempre le ha gustado -dijo Tina torciendo la boca. -No sé como demonios está enamorada de él, sabiendo que sólo quiere jugar.
Me di la vuelta, ignorando la pizarra y yendo hacia ellas de nuevo.
-No podéis negar que Kent tiene su encanto -dije encogiéndome de hombros. -Si no fuera porque sé como es y porque le miro de otra manera, podría decir que también estaría como Melania.
-Eso no me lo esperaba -una voz a mis espaldas me sobresaltó. Me di la vuelta rápidamente para empujar a esa persona de mí.
Ni siquiera me había dado cuenta de quien era hasta que vi sus ojos grises. Se estaba burlando de mi acción. Rodé los ojos y volví a darme la vuelta, mientras Tina saludaba a alguien muy lejos de ella y, rápidamente, echó a correr mientras movía la mano.
-¿Se puede saber por qué me ha tocado contigo? -Le pregunté a William mientras me giraba a verlo. -Es cosa tuya, ¿verdad? Como no...
Bianca nos miró para luego resoplar y despedirse de mí con un apretón de mano.
-Creo que no te he felicitado -cambió de tema. Aunque ni siquiera sabía a que se refería. -Pero prefería esos pantalones -señaló hacia una chica, quién tenía unos blancos pantalones cortos, parecidos a un culot dicho en francés.
-Tú eres un pervertido -le clavé mi dedo índice en su pecho y moví mi pelo a un lado mientras miraba el marcador. Faltaba una hora aún... Dios mío, esto se me hacía eterno.
Él me rodeó el cuello con su brazo izquierdo y comenzó a andar tirándome hacia él. Mientras andábamos por todo aquel caos de personas bebidas, y haciendo como que estaban en un prostíbulo, me di cuenta de lo imperfecto que era aquel sitio. No creáis que estar en un sitio desconocido, del que te hablan muy bien, sea perfecto. Es más, prefería estar viendo ahora mismo una película a estar aquí pelándome de frío.
-¡William! -Gritó un chico rubio de ojos oscuros, yendo hacia él. En realidad venía hacia nosotros, porque estaba justo al lado de él, arropada por su brazo. -Las apuestas han subido.
-No es nuevo -Will sonrió arrogante antes de dirigir su mirada hacia mí, y luego hacia su amigo. Alzó un brazo y señaló hacia el chico. -Él es Brad. Brad ella es Neus.
Brad abrió la boca y sonrió ampliamente, asintiendo poco a poco. Aquel chico me miraba como si hubiera descubierto un mundo nuevo y tendió su mano hacia mí.
-Así que tú eres la famosa Neus -sonrió mientras le daba la mano.
-¿Famosa? -Le pregunté mientras William tiraba de mí y fulminaba a Brad. -Aún así encantada de conocerte. No suelo conocer a más chicos que mi mejor amigo, pero siempre puedo cambiar -sonreí.
Brad agradeció mi intervención.
-Yo siempre podré ser un mejor amigo -terció Brad haciendo una mueca graciosa. -Espero que esta segunda vez te sea un poco más leve. Nos asustaste.
Ladeé la cabeza y me deshice del hombro de William porque no dejaba de ponerme nerviosa. Su presencia no le hacía ningún bien a mis sentimientos, así que prefería dejarlo pasar.
-Tranquilo -dije. -Sobreviviré.

Si alguien me dijera hace un mes que iba a estar aquí en unas carreras de coches, haciendo de acompañante, le hubiera dicho que era un jodido mentiroso de mierda. Estaba apoyada sobre el maletero a la misma vez que todas las chicas, a mi lado, lo hacían. Tan solo faltaban diez minutos para poder meternos en el coche, y otros diez minutos para que la chica que daba la salida se pusiera a dar el pregón. Suspiré mirando a ambos lados. La única chica conocida que estaba a mi lado era Melania, que estaba, claramente, nerviosa apoyada en el coche de Kent.
-¡Chicas! -Gritó la voz del presentador. Voz que conocía ya perfectamente bien, dado que se dedicaba a decir bienvenido cada dos por tres. -¡Hoy es el mejor aniversario de todos! ¡Hoy hay más conductores como nunca antes! ¡Hoy vamos a poder disfrutar de unas carreras jodidamente mortales! -Y eso era lo que me daba realmente miedo.
Mordí mi labio inferior mientras oía la voz del presentador de fondo. Miré directamente a Melania, para que esta se percatase de mi presencia. Y lo conseguí.
-Tranquila -le susurré lo bastante alto como para que ella lo escuchase. -Relájate y confía en Kent. Si él ve el peligro se percatará. Puedes respirar, Mel.
Ella asintió de manera violenta.
-Gracias -logró responder con una pequeña sonrisa.
Me metí en el coche a la misma vez que todas las chicas. Dios mío, estas chicas y yo hacíamos todo al mismo tiempo, y eso me inquietaba bastante. ¿Si empezábamos todas juntas significaba que podíamos acabar todas muertas? Me reí ante mi pensamiento y logré sentarme como una persona normal antes de que Will se pusiera a gritarme; aunque este estaba demasiado ocupado con los mecanismos de su coche.
-¿Qué estás haciendo? -Le pregunté cuando él levantó la cabeza de golpe, dirigiendo su mirada hacia mí. En ese preciso instante di por sentado que no se había dado cuenta de mi presencia.
-Poniendo todo en marcha -respondió sin más, volviendo la mirada hacia abajo mientras tocaba mil cosas. -Ponte recta. Relaja la espalda y agárrate al respaldo.
-¿Y de qué sirve si no tengo cinturón? -Pregunté haciendo caso a sus palabras.
-Si tensas la espalda, en una sacudida puede resultar bastante perjudicada. Si te agarras puedes librarte de los golpes más dolorosos. Ah, y ten los pies hacia atrás. Si chocamos contra algo podrías acabar sin piernas. Tú decides, ratita.
Con cabreo atendí a sus explicaciones e hice lo que él me pidió. Solo rezaba de que los acompañantes de mis amigas le hubieran estado diciendo lo mismo, o mejor. Solo esperaba salir viva de aquí, junto a ellas. Kent debería de estar acostumbrado pero tampoco me hacía a la idea de que resultase herido.
-Ten cuidado, ¿vale? -Mi voz tembló de manera inconsciente.
Will me miró enarcando las cejas y esbozó una sonrisa.
-No dejaré que te pase nada, Neus -respondió. -No soy tan idiota. Nadie ha salido herido de mi coche, así que no serás la primera, ratita.
-No... No lo digo por mí. Simplemente ten cuidado -dije apretando los ojos, sabiendo que la chica ya estaba poniéndose en posición. Esta era una enorme putada. Ni siquiera hacía un día que me había quitado la venda, y ya estaba metiéndome en otro lío. Y encima era tan tonta como para preocuparme por Will.
-Escúchame -susurró a mi lado. -No nos va a pasar nada, Neus.
Ni siquiera había pasado un minuto cuando el coche salió disparado por la carretera. Los músculos de William se tensaban bajo su camiseta negra de manga corta. Este tan solo tenía una mano en el volante, pues la otra estaba moviéndose de un lado a otro, dándole a todo tipo de mecanismos que contenía el coche. Ni siquiera grité cuando noté un coche intentando desviarnos del camino. Rechiné los dientes sabiendo que ese era Patrick. Podría distinguir su coche y su manera de conducir desde cualquier ángulo.
-Ese cabrón intenta echarnos -Will arqueó la espalda y señaló hacia atrás. -Dime si hay alguien detrás nuestra.
No dude ni un segundo en darme la vuelta y saber que no había nadie. Que estaban todos al otro lado del camino, y le negué con la cabeza, intentando no gritar o echarme a llorar por la presión del momento.
El coche frenó en seco.
Ni siquiera duró dos segundos cuando volvió a ponerlo en marcha, dejando a Patrick detrás nuestra, impresionado. Me reí en voz alta mientras intentaba entender la situación... Él había frenado en seco para que Patrick no pudiera seguir metiéndose en nuestro camino, y éste al vez que había parado en seco, pensó que nos había ocurrido algo; por lo que paró también. Siendo sincera esto era la hostia, aunque realmente no sé si podría acostumbrarme a esto.
-Will, ¡¿adónde hay que llegar?! -Tragué saliva sintiendo el aire en mi rostro.
-Ratita, respira, que vamos bien -respondió él mientras tensaba la mandíbula al percatase que otro coche estaba de nuevo sobre nosotros. Dios mío, esto era lo peor del mundo.
Will comenzó a adelantar a los pocos coches que se hallaban delante de nosotros y sentí la fatiga que la otra vez sentí. El puto impacto de saber que estaba básicamente volando sobre mi asiento, o sencillamente, estaba mareada. Cerré los ojos, apretándolos contra sí mismos, sabiendo que tarde o temprano esto terminaría.
¿Bien o mal?
No lo sabía.
Will cogió mi mano y la puso sobre el control de mandos. Abrí los ojos de golpe y su sonrisa se ensanchó de manera casi automática, mientras el coche daba una sacudida hasta acabar parados. No sabía que había ocurrido y miré por mi ventanilla dándome cuenta de la bandera blanca y negra que ondeaba por el viento...
¿Habíamos ganado?
William salió rápidamente del coche para luego abrir mi puerta y cogerme en brazos. Él, sin apenas esfuerzo, agarró mis piernas de forma casi instantánea, pasó cada una de éstas por su hombro hasta quedarme sentada sobre sus hombros. Miles de gritos se oían por todas partes, vitoreando. Sonreí de forma inmediata al saber que en efecto habíamos ganado, bueno, Will lo había hecho. Y puse mis manos sobre el pelo de éste, contenta.
Y cuando miré a los lejos, vi paradas a Tina, Bianca y a Melania junto a Kent.
Y mi mirada fue a parar lejos de aquí... A una ambulancia, donde tres chicas comenzaron a ser atendidas.
¿De verdad esto merecía aquél sacrificio?